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A sus órdenes I (reeditada)

Cuando ella llega a casa, recoge una nota escueta del buzón que dice así:  A las 20.00 horas en mi casa. Ponte el conjunto negro y rosa con liguero, únicamente, y tacones. P.          Ya maquillada y peinada, se apresura en buscar un abrigo que tape hasta la altura del liguero sin dejar intuir que debajo solamente se esconde un minúsculo tanga negro, sujetado a las medias por el liguero y un bonito sujetador que le realza el pecho. Para no sentirse completamente desnuda decora su escote con un corazón rosa. Los zapatos de aguja le dan otra perspectiva, la de la osadía, el atrevimiento, la excitación de saberse desnuda paseando por la calle. Cuando se introduce en el coche, el abrigo se le entreabre dejando visible el muslo derecho cubierto por una media negra que hace esbozar una sonrisa en un transeúnte, excitándola sin conocerlo.  Llamó a la puerta y ésta se entreabrió. Tímidamente se adentró en la claridad que la lu...

La recepción

“Sé buena, por favor. No, mejor, sé mala”, le dice él tímidamente cuando ella le abre la puerta. Mientras ella no deja de mirar sus ojos negros, un poco ojerosos; resultado de quien no está acostumbrado a ver la luz del día, porque se la pasa durmiendo. Ella no sonríe. No deja de pensar en sus manos recorriendo su cuerpo. Abre un poco más la puerta, invitándole a entrar. Ambos esperan el sonido de ésta al cerrar. Ella le empuja contra la pared y le come la boca salvajemente, como si necesitara su oxígeno para sobrevivir. Él ya ha desabrochado su camisa y masajea sus pechos por encima del sujetador. Su pene se clava directamente en el muslo izquierdo de ella.  Sus miradas desvelan el deseo de ver los cuerpos desnudos y así se confiesan mutuamente en el silencio. Él tira su camiseta al suelo al tiempo que se va quitando las converse y bajando los vaqueros. Sin embargo, ella lo hace en movimientos lentos, esperando que él se dé cuenta de cada gesto. Primero, retira su cam...

Mi protagonista

Hay despedidas que no lo parecen ni que lo pretenden. Hay palabras que perforan más hondo que un simple "adiós". Ponerse la realidad delante de los ojos, para después pisarla y mezclarse con ella y con aquellos que forman parte de la misma: gente real que tardan quince minutos en mirarte a los ojos por timidez, o aquellos que recorren kilómetros por un simple café y una conversación, gente que se podría tocar, acariciar..... Al fin y al cabo, gente real. Pero yo no soy más que la mera protagonista de un mal dibujante venido a menos con ansias de conquistar un mundo inexistente. El diseño de una treintañera pálida de ojos tristes en busca de una felicidad que huye con el viento, que se empeña en decir una cosa cuando está sintiendo otra y que se ha dado cuenta, aunque sea un poco tarde, que los sueños son para otros.

Otra noche más..................

Se revuelve inquieta de un lado a otro. Sus ojos cada vez más apretados, se reducen a dos minúsculos bolindres negros que se han dejado caer ahí, en ese punto de su rostro. Las piernas, anteriormente recogidas hacia su pecho, ahora se mueven con agitación, intentando buscar un soporte que noche tras noche nunca encuentran. Y justo cuando caen, los ojos vuelven a la realidad de la oscura habitación, sólo imperturbable por unas pequeñas ráfagas de luz que se escapan a través de las últimas rendijas de una persiana mal cerrada. Entre la oscuridad, busca un sorbo de agua fresca para recuperarse de la angustia de los sueños que la perturban cada noche. Otra noche más con esta agonía, sumergida en esta puta soledad. Otra noche más sin noticias de él, mirando al horizonte pensando que es allí donde está él. Otra noche más viviendo la distancia, sin caricias, ni miradas, sin nuestra forma de hacer el amor. Otra noche más de triste melancolía........

¿dónde se esconde?

Tal vez se trata de una búsqueda desesperada por encontrar ese algo que un día recorrió cada poro de su piel. O aquellas palabras que martirizan su mente, ¿y si esto es el amor? ¿si lo que buscas no existe? palabras que duramente perforan como un taladro eléctrico, que nunca encuentra un tope donde parar. Cada rasguño de esta sábana que es la vida que van provocando las heridas, las decepciones, las caídas, las noches de miradas perdidas en la oscuridad de una habitación que sólo suena a soledad. Sonidos vacios. Buscar lo que no quiere ser encontrado o probablemente lo que no existió. Y esa mirada triste, volvió.

Provocación

Desde su balcón empieza a ver como el sol busca tímidamente la protección de la montaña para acabar realizando una desaparición sensual y provocadora. Ella se encuentra acompañada de una ligera música chill out y un libro de tapas duras entre sus piernas desnudas, aún blanquecinas. Mueve nerviosamente los dedos de sus pies, decorados en un tono malva oscuro. Con su mano derecha, hace tirabuzones en su larga melena ondulada. El calor sofoca su cuerpo que ella cada vez va aligerando más de ropa. Se adentra en la lectura sólo con un culote interior y un sujetador negro. Mientras sus ojos recorren las líneas, su mano derecha acaricia lentamente su muslo con la yema de sus dedos. Ésta sube discretamente hasta su tripa e interfiere entre sus pechos. Su mano abierta acoge su pecho y lo aprieta con suavidad. Esta vez su mano recorre el camino a la inversa: baja por su escote, tropieza con su piercing y se introduce sutilmente por debajo de su culote. El libro golpea contra el suelo, mientr...

Demasiadas camas y un solo pensamiento

Cinco pares de ojos, tres camas distintas. Me escondo bajo brazos ansiando encontrar algo que hace tiempo ya se perdió entre las olas de este inmenso océano que te esconde. Te busco en otros labios, en otras caricias, en otras miradas, pero reconozcámoslo ninguno es comparable a ti. Te llevaste contigo esta puta inspiración que se arranca a jirones de las yemas de mis dedos, la emoción de tus palabras retumbando en mi cabeza, el palpitar de mi corazón al verte llegar. Aquí quedaste la indiferencia, la brújula que ya no apunta al norte, el dolor de la pérdida lenta y las palabras vacías. Tú continúas con esa vida de sonrisas eternas, de palabras llenas de proyectos. Ahora sigues el camino de la realidad. ¿Qué palabras fueron las reales, las que dedicaste a mis oídos o las que endulzan otros corazones? Dichoso el destino que te trae y te lleva de mi camino.