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Mi protagonista


Hay despedidas que no lo parecen ni que lo pretenden. Hay palabras que perforan más hondo que un simple "adiós". Ponerse la realidad delante de los ojos, para después pisarla y mezclarse con ella y con aquellos que forman parte de la misma: gente real que tardan quince minutos en mirarte a los ojos por timidez, o aquellos que recorren kilómetros por un simple café y una conversación, gente que se podría tocar, acariciar..... Al fin y al cabo, gente real. Pero yo no soy más que la mera protagonista de un mal dibujante venido a menos con ansias de conquistar un mundo inexistente. El diseño de una treintañera pálida de ojos tristes en busca de una felicidad que huye con el viento, que se empeña en decir una cosa cuando está sintiendo otra y que se ha dado cuenta, aunque sea un poco tarde, que los sueños son para otros.

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LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

¿Droga o pasión?

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