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No pacto

Alicia reservaba cada viernes para sí misma. Tras una larga semana de trabajo intenso, se sumergía en su bañera de patas doradas e iba sintiendo como los músculos de su cuerpo se descontraían lentamente. Un recorrido que comenzaba por los dedos de sus pies y desembocaba en los cabellos de su cráneo. El olor a rosas de las sales se fundía con los toques ligeramente amaderados de la botella de vino que descansaba en el bidé. Temperaturas contradictorias dentro de aquel particular espacio. La música entraba suavemente por sus oídos sin hacerle perder la concentración de las hojas que yacían entre sus manos. Cuarenta minutos después, su cuerpo descansaba en un mullido sofá y sus pupilas se perdían frente a la pantalla buscando una conversación nocturna de su interés. Conscientemente, le buscaba a él. Aquel que calentaba sus sueños desde hacía casi dos meses. Sin identidades. Una descripción ligera para que ambos no pudieran reconocerse en su pequeña ciudad. Unos ojos verdes allí. Una mele…
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LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

Soy quien aún te ansía

Lo recordaba con el pelo muy corto, algo más formado, pero su mirada seguía estando ahí, como la primera vez en aquella orilla. Sus manos fuertes, agrietadas por el trabajo de sol a sol, sus hombros anchos, que aquella tarde fueron su almohada, y sus labios carnosos, rosados, hacían contraste con el tono canela de su piel. Ahora, guardaba una barba de días, y se escondía detrás de una sonrisa que regalaba a cualquiera. Iba y venía, pero con ella, siempre estuvo ahí. Sin falsas sonrisas, sin promesas, sin adornos, sólo ellos dos. Sus manos memorizando su cuerpo, recorriendo cada surco, cada curva. Su boca hablando salvajemente frente a la de ella. Los labios mordisqueados por ella. Intención de volverle un poco más loco. Su chaqueta de cuero marrón, el suelo para dos cuerpos que se desnudaban entre la necesidad, el miedo al desvanecimiento y la adicción el uno del otro. El reloj paralizado a cada caricia de los dedos de ella sobre la piel desnuda de él. El poco vello que aún conserva …

Cuando fuimos y nos acabamos perdiendo

Cuando pierdes la perspectiva
Cuando deja de tener sentido
Cuando no te reconoces
Cuando la soledad es tu única respuesta
Cuando te has perdido y no hay camino al que volver
Cuando sólo vives en caída
Cuando alrededor sólo hay vacío
Cuando todo está perdido porque nunca se encontró
Cuando sólo eres tú y a veces ni a ti te gusta
Cuando...todo se apagó
Dejarte

Voy a dejar de creer que uno se enamora sin sufrir por ello
Voy a dejar de crearte a mi antojo
Voy a dejar de esculpirte como si un artista me creyese
Dejar de imaginarte en cada sueño
Dejar de suspirarte porque nunca llegaste
Te desvaneciste al primer ring de mi reloj
Te deseé tantas noches, que confundo mi realidad con la nuestra, como si me hubieses susurrado un futuro de a dos
Voy a dejarte ir porque nunca llegaste del todo
Porque tus suspiros no eran más que los míos pidiendo salir de tu boca
Porque tus caricias siempre simularon un amor que no llega
Un amor que son habladurías de las hadas
Un amor que se asoma pero nunca cruza el umbral de "túyyo" contra el mundo
Un mundo que cada despertar me recuerda que yo dibujaba para mí a la espera de que hicieras tu entrada
Esperando un "cuandomenosloesperes" de película porque el mundo real ya está ahí fuera
Ya no busco amores a la vuelta de la esquina ni esperanza en cada sonrisa, esperando que sólo yo sea la…

Kamikaze a la deriva

Echó las cartas sobre la mesa aún a pesar de intuir que en aquella jugada podía perder algo más que unos corazones. Desde el otro lado, una mirada desafiante le retaba entre medias sonrisas y el uso de palabras que provocaban en ella la estimulación de algo más que el intelecto.    No esperaron para comprobar quien ganaba aquella partida; ella ya imaginaba que aquello estaba perdido incluso antes de haber comenzado. Las cartas desparramadas por el suelo. Los cuerpos apoyados sobre una vieja mesa camilla cuyos chirridos se entremezclaban con los gemidos de satisfacción de ella. Allí no hubo palabras dulces ni promesas incumplidas, sólo realidad absoluta que provocaba en la joven mayor enganche al chico al cual lleva ansiando hacía ya algún que otro sueño, aunque no por ello inocente.   Sus cuerpos desnudos descansaban sólo lo necesario para que sus pieles no se cogieran apego y nuevamente la mano del otro se perdía entre las piernas correspondientes. Tal vez fueron una, dos, tres...es …

Retazos de mí

Una pequeña caja de cartón, con troncos dibujados, en un tono avainillado, permanecía impasible en el escritorio de madera que había en la habitación del fondo del pasillo. Marieta tiene alrededor de sesenta años aunque si te detienes en las arrugas de su cara, es probable que le echaras alguno más sin mala intención. La vida nunca ha sido fácil para ella. Su primer trabajo con once años cuidando niños cuando ni ella misma había dejado de serlo. Pero eso es otra época, otros tiempos. Cuando yo pasaba hambre, escuchas decir a sus nietos. Sin embargo, Marieta sigue acumulando arrugas. Esta última más profunda y triste que cualquier otra. Dos segundos de llamada y su vida terminó, la suya y la de su hija. Dos segundos deseando que aquel nombre fuera otro, una equivocación. Ahora, dos semanas más tarde, se encuentra entre sus manos una pequeña caja de cartón con retazos de una vida que nunca le perteneció, la de su niña, con historias que no son de ella. Una bandera de un restaurante de c…