Ir al contenido principal

La recepción


“Sé buena, por favor. No, mejor, sé mala”, le dice él tímidamente cuando ella le abre la puerta.

Mientras ella no deja de mirar sus ojos negros, un poco ojerosos; resultado de quien no está acostumbrado a ver la luz del día, porque se la pasa durmiendo. Ella no sonríe. No deja de pensar en sus manos recorriendo su cuerpo.
Abre un poco más la puerta, invitándole a entrar. Ambos esperan el sonido de ésta al cerrar. Ella le empuja contra la pared y le come la boca salvajemente, como si necesitara su oxígeno para sobrevivir. Él ya ha desabrochado su camisa y masajea sus pechos por encima del sujetador. Su pene se clava directamente en el muslo izquierdo de ella. 
Sus miradas desvelan el deseo de ver los cuerpos desnudos y así se confiesan mutuamente en el silencio. Él tira su camiseta al suelo al tiempo que se va quitando las converse y bajando los vaqueros. Sin embargo, ella lo hace en movimientos lentos, esperando que él se dé cuenta de cada gesto. Primero, retira su camisa que deja caer sutilmente sobre el paragüero, desvelando unos pequeños pechos. Sin dejar de apartar la mirada de su compañero de juegos, baja lentamente la cremallera y va quitándose los vaqueros a través de sus pies desnudos. Su melena tapa su pecho izquierdo al caer el sujetador al suelo. Ella y unas braguitas. Él y su pene levantado.
Él la lanza contra la pared con sutil violencia, baja sus braguitas y sin preámbulo alguno, se convierten en uno en los jadeos, los embistes. Simplemente un polvo salvaje, erótico, pasional. Solamente ellos mismos.

Comentarios

  1. Vas por buen camino, sigue escribiendo ;)

    ResponderEliminar
  2. Esaaa!!!! Muy bueno!!!!!

    Erótico con todas las letra, me gustó mucho, mucho...

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te gustara. Un placer tener por aquí. Beijinhos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Observación

Había llegado a la ciudad por un asunto laboral y mi estancia allí se me estaba haciendo tediosa. El camarero del bar del hotel me habló entre confesiones y vinos sobre un local fuera de los registros comunes donde la imaginación no daba cabida ya que todo, absolutamente todo, estaba a la vista.  Esperaba el taxi que me llevaría a mi destino entre nerviosa y emocionada por adentrarme en un nuevo mundo y por desconocer qué aventuras me depararía la noche. Pagué una considerable entrada ante un portero igual de robusto como discreta era la puerta. Cuando se cerró detrás de mí, respiré hondo y avancé por el pasillo. La siguiente puerta me dio paso a una imagen esperpéntica por la mezcla que allí se encontraba. Una barra sencilla repleta de los mejores y más caros jugos del mercado, custodiada por dos señoritas que parecían sacadas del último desfile de Victoria Secret más que dos simples camareras que cubrían sus ocho horas de trabajo. En el centro, repleto de mesas donde degustar los l…

Pensar menos, actuar más

Y si dejas de esconderte entre palabras y empiezas a descubrir tus bazas. Y si nuestras conversaciones intermitentes pasan a convertirse en suspiros profundos. Y si yo dejo de buscarte en otoño, tú dejas de hacerlo en verano y empezamos un vendaval de estaciones entre las sábanas. Y si dejamos de sentir el frío y prendo fuego a tu entrepierna. Y si nos dejamos de suposiciones y desnudamos nuestros cuerpos. Y si yo como tu boca y tú pierdes tu lengua entre mis labios. Y si mi clítoris late por ti exigiendo una invasión en toda regla. Y si mi boca cubre tu glande y se humedecen mutuamente. Y si dejamos de jugar a esta lotería de seducción sin preámbulos y nos adentramos en los preliminares. Y si tú atrapas mis gritos con tu lengua y yo me convierto en tu madrugada. Y si tú pides y yo te digo cómo me gusta. Y si yo desempolvo mis muslos al embiste de tus caderas. Y si no dejamos para mañana el placer que podemos sentir hoy. Y si esto fuera una realidad en vez de palabrería.

Recuerdos

Cuando despierto tengo su boca entre mis piernas y me debato entre el enfado por tener tal descaro o emitir un ligero gruñido mientras entrelazo mis manos con su pelo. Y, sin darme cuenta, mi cuerpo ha elegido la segunda opción cuando mi mente ni siquiera había empezado a esgrimir los argumentos. Pequeños besos en los muslos, ligeramente húmedos para dejar marcado el camino de vuelta a la cordura, pero se tornan calientes cuando sus labios se posan con suavidad sobre mi clítoris. Despliega su lengua entre mis labios. Recibe mi humedad con una ligera sonrisa y la mueve arriba y abajo. Introduce la punta dentro de mí tomando la temperatura de mi anatomía. A continuación, con mi cuerpo a toda marcha, da pequeñas sacudidas en mi clítoris. Alterna los círculos con rayas en diferentes sentidos. Según aumenta su ritmo mi espalda se despega del colchón. Mis gemidos se tornan tan sonoros que opto por tapar mi boca, pero en un movimiento rápido siento mis muñecas atrapadas entre sus dedos al la…