Reposan en algún rincón que ya tengo olvidado, pero cada noche cuando
deposito mi cuerpo sobre el colchón, instintivamente se retozan junto a mis
lágrimas, vertidas sobre mis mejillas. Líquido transparente salado que mis ojos
emiten a escondidas de mi razón, mientras mi mente duerme. Y en la madrugada me
baño en lágrimas y me seco con vosotras hasta que os vuelvo a esconder, bien al
fondo de mi misma. El sueño tarda en volver a aparecer; la luna me acompaña
entonces en la soledad de este silencio que sólo mi débil respiración se atreve
a romper. Y, otra noche más, yo he ganado este juego y vosotras seguís a
escondidas.
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
Suena a una batalla complicada con frecuencia diaria....
ResponderEliminar...gánela siempre señorita Ardid! :)
Todos tenemos batallas internas contra las que luchar, sólo que unas son más complicadas que otras.
EliminarUn placer contar contigo, Poeta de Botella. ;)
Mientras haya un siguiente amanecer, porque podría ser peor, mucho peor.
ResponderEliminarmuá.
En cambio las lágrimas nunca se esconden.
ResponderEliminarUn abrazo.
Volver a levantarnos salga o no el sol a la manyana siguiente es un poco ganar la partida... no tanto ocultar nuestro dolor, que siempre es menos cuando lo compartimos en vez de llevarlo a escondidas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Como yo me suelo decir: "No hay nada bajo el sol que no tenga solución, nunca una noche venció a un amanecer"
EliminarBeijinhos ;)
Preciso y precioso!!
ResponderEliminarMuchas gracias, Moira.
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