martes, 30 de noviembre de 2010

Del odio y otros asuntos

        Todos hablan de amor, pero yo quiero hablar de odio. El odio inunda mis ojos, haciéndolos hervir como una cacerola de agua preparada para ser cocinada. Odio conducir en días de lluvia, porque parece que el fin de mundo va a llegar. Calles saturadas de paraguas. Gente oculta tras la máscara de invierno. Coches rebosantes de nervios y velocidad. Odio parar en el semáforo, porque mi vida no puede avanzar. Odio no descubrir cada amanecer y llorar bajo cada anochecer. Odio las amapolas por su simplicidad. Odio el color rojo porque sale a borbotones de mis venas. Odio mi invisibilidad al verme pasar. Odio que mi sombra no me acompañe en días grises. Odio actualizar cada segundo sin saber qué esperar. Odio mi cotidianidad. Odio que el sol enrojezca mi piel. Odio mirar la lluvia caer, golpeando cada cristal. En fin, odio TODO cuando no estás TÚ.



NOTA: La mayor parte de mis entradas son creacciones creadas por mi imaginación, en un afán de evolucionar en mi escritura. No sé si lo consigo, pero agradezco vuestras opiniones.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La fuerza de la palabra

      He llegado a la conclusión que cada persona representa tres caracteres diferentes: primero, cómo somos realmente; segundo, cómo creemos que nos ven los demás; y, por último, cómo las personas nos ven según su criterio. Nosotros tenemos nuestra propia percepción de lo que creemos proyectar en aquellos que nos rodean, pero es probable que difiera bastante de lo que ellos puedan llegar a pensar. Sin quererlo, desvelamos nuestra personalidad, nuestro carácter, a través de las palabras que utilizamos, de los silencios que creamos, de nuestros gestos. Deberíamos realizar este pequeño ejercicio para que quien esté próximo a nuestro mundo nos revele su propia percepción sobre nosotros. Seguramente, nos sorprenderíamos bastante. 

      Aunque es difícil hilar este tema con el que viene a continuación, no deja de ser una temática común: las palabras y el inmenso poder que esconden. Ésta es, probablemente, la temática más realzable del libro Ne Obliviscaris de Fernando Alcalá. Sin querer desvelar demasiado porque creo que cada uno debe hacer sus propios descubrimientos mientras tiene un libro en la mano, os adelanto que nos presenta a los personajes en un ambiente oscuro, pero donde cada uno de ellos emite una luz muy personal y concreta, que irá evolucionando según avanzamos las páginas. Siguiendo la temática de las palabras, el libro nos hace recapacitar sobre la fuerza de los rumores en nuestras vidas y sobre el propio olvido que estos arrastran. Por ello, os animo a leer este nuevo descubrimiento literario, porque si intentáis leer el trasfondo que esconde, no os dejará indiferente. 

      Para celebrar su publicación, en la web del libro, se ha abierto el concurso
¿Cómo es el sonido de un rumor?, donde los participantes deberán crear un rumor original. Podéis participar de dos maneras, con un texto, o con una imagen. Os dejo las bases del concurso aquí. Tenéis de plazo hasta el próximo 30 de noviembre. 

Pd: La presentación del libro el pasado jueves fue divertida y amena. Mi personaje favorito es Maya ;)

jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Dulce pesadilla?

       Esa noche estaba cansada, por lo que decidí reposar mi cuerpo sobre el colchón, cubierta por un suave y ligero edredón. Aún conservaba las sábanas de seda, recuerdo de las noches de pasión del pasado fin de semana. Acostumbro a cambiar las sábanas todos los viernes. Es más divertido jugar a encontrarnos entre frías sábanas de seda, donde nuestros cuerpos resbalan continuamente, jugando a un pilla-pilla de minúsculas dimensiones.
Esa noche me encontraba perezosa, por tanto, no mostré interés en buscar el pijama rojo de manga larga; opté por el camisón transparente de color negro, regalo de un viejo amigo del viejo continente. Creo que primero cerré mis ojos para luego cerrar mi mente, abriéndola así a nuevas experiencias e ilusiones que cada noche el subconsciente osaba regalarme. Mi cuerpo libre de presiones, mi mente libre de ataduras sociales. Así fue como entre medio sueños, medio fantasías, sentí mi boca humedecer mis labios. Intuía cada movimiento de mi cuerpo al rozar la seda, como éste se estremecía al sentir su frescor. Tal vez eras tú quien ocupaba mi mente, mis deseos de aquel momento. Mis movimientos se llenaron de sensualidad, como una vedette subida al escenario del Moulin Rouge. Sentía tu mirada sobre cada uno de mis gestos. Mi delicada mano te regaló una suave caricia de mis muslos, pequeños reflejos del sol de verano, ahora ya olvidado. Rocé mis prominentes pechos entre sí, provocando la envidia de mis manos, abandonas a su suerte bajo la almohada blanca de plumas. La mano izquierda, osadamente, penetro entre mis muslos, calientes de pasión, para regalarme un momento de excitación. Tú en mi mente, yo sobre mi propio cuerpo. Mis facciones se relajaron, brillaron como la solitaria estrella en una noche triste, ansiosa por atraer hacía sí a sus amantes. Mi mente se abandonó, sólo que esta vez, sólo necesitaba descansar. Hasta mañana, te susurraron mis labios.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Me das calorcito?


      Ven aquí y acurrúcate a mi lado. No te pongas tan lejos que no siento el calor que emite tu piel. Me gusta cómo la suavidad de tu pecho contrasta con la aspereza de tus manos. No pongas tus pies sobre los míos, porque me arrebatan el calor que ya he conseguido, acurrucada debajo del nórdico durante algo más de cinco minutos. Tú me miras con ojos traviesos, reflejo del niño que un día fuiste y ,que me atrevería a decir, aún vive en ti. Eres puro contrate. Manos ardientes de pasión, pies que me azotan en la pura realidad. Ahora, no me atrevo a estirar mis infinitas piernas por miedo a perder esta calorcito tan apetitoso. Quiero sentir tu calor. Nos imagino como las dos únicas piezas de un puzle sin medidas ni imagen definidas. A veces somos dos adolescentes disfrutando de su primer amanecer juntos. Otras, una pareja reposada en el tiempo y lo compartido. La mayor parte, un paisaje sencillo, sin ostentación, salvaje, virgen del ser humano. Y, así, dulcemente, mi cuello reposa sobre tus fornidos brazos, cual pieza de cristal que debes mantener en equilibro para no fracturar en mil pedazos. Una noche más compartida. Una vida más con alma, la tuya y la mía.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Inspiración

        Siento cómo tu primera señal de vida invade mi memoria, mis recuerdos, mi futuro. Rebusco en este viejo baúl deseando encontrarte para iniciar el camino. Sólo soy una ignorante esperando a ser moldeada en tus manos. Al principio, sólo me demuestras débiles rayos de luz, pequeños aperitivos de frágiles ideas sin determinar, sin expresar.
En determinados momentos, invades cada poro de mi piel, cada resquicio de mi mente, manejas mis dedos como hilos conductores de tu expresión y yo mera actriz de tus pensamientos. 
Y, aquí, espero a ser encontrada en cada momento por ti, por mi necesidad de tenerte cada vez más presente en mis pensamientos, en cada esquina, en cada gesto.
Tal vez llegue el momento en que seas innata en mí, como dos hermanas siameses, compartiendo el mismo aura de inspiración. Yo seguiré esperando pacientemente a que me descubras como tu musa de expresión.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La dama de gris.

Cada primer y último miércoles de mes, se la podía divisar entre las calles cargadas de historia. Como una dulce damisela, con su vestido gris de época, paralizada, a veces por la emoción de momentos felices, otras por la intensa pena de amores nunca recuperados o, simplemente, mirando épocas pasadas.
Su pasión no entendía de fieras lluvias, de frío pasmoso o de calores eternos. Ella, siempre estaba allí. Sentada en su silla, cubierta por un manto, también de color gris. Cada primer y último miércoles de cada mes. 

Sus movimientos sólo se veían alterados por la acción de un paseante deseoso de ver sus dulces maneras de señorita de otras épocas. Un pequeño cesto, teñido de ese gris etéreo, seguramente por las mismas manos, ahora cubiertas por guantes sedosos hasta más allá de donde se pierde la mano, permanecía a los pies de la deseada amada.

¿Quién se esconde debajo de esa máscara?, se pregunta una viandante mientrás recorre su visión. Tal vez, el resto de los días del mes, sólo sea una mujer más. Una mujer dedicada a su trabajo o a su familia. Una mujer detrás de una mesa, escribiendo en una pizarra o usando el bisturí como ampliación de su propia mano.

Por eso, cada vez que veas a una paseante o a una trabajadora, deberías pensar que tal vez sea la dama de color gris, que acampa cada primer y último miércoles en las calles pérdidas de culturas antaña.