Ir al contenido principal

La dama de gris.

Cada primer y último miércoles de mes, se la podía divisar entre las calles cargadas de historia. Como una dulce damisela, con su vestido gris de época, paralizada, a veces por la emoción de momentos felices, otras por la intensa pena de amores nunca recuperados o, simplemente, mirando épocas pasadas.
Su pasión no entendía de fieras lluvias, de frío pasmoso o de calores eternos. Ella, siempre estaba allí. Sentada en su silla, cubierta por un manto, también de color gris. Cada primer y último miércoles de cada mes. 

Sus movimientos sólo se veían alterados por la acción de un paseante deseoso de ver sus dulces maneras de señorita de otras épocas. Un pequeño cesto, teñido de ese gris etéreo, seguramente por las mismas manos, ahora cubiertas por guantes sedosos hasta más allá de donde se pierde la mano, permanecía a los pies de la deseada amada.

¿Quién se esconde debajo de esa máscara?, se pregunta una viandante mientrás recorre su visión. Tal vez, el resto de los días del mes, sólo sea una mujer más. Una mujer dedicada a su trabajo o a su familia. Una mujer detrás de una mesa, escribiendo en una pizarra o usando el bisturí como ampliación de su propia mano.

Por eso, cada vez que veas a una paseante o a una trabajadora, deberías pensar que tal vez sea la dama de color gris, que acampa cada primer y último miércoles en las calles pérdidas de culturas antaña.

Comentarios

  1. ¿Quién será esa misteriosa dama de color gris? >.< Tendré que estar atenta
    Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Calles cargadas de historias... callesdelrecuerdo... Kisses!

    ResponderEliminar
  3. Una de las cosas que hago siempre es observar a la gente y la verdad encuentras muchas cosas si puede ser que haya muchas damas caminando y con los rasgos que describes.

    Saludin tienes un interesante blog.

    ResponderEliminar
  4. mucho misterio, yo tiendo a observar mucho a la gente, no se hago una conexion extraña.

    besos lunaticos

    ResponderEliminar
  5. Qué hermoso ! Me gusta tu blog, te sigo ♥

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. Todas hemos sido alguna vez una dama de gris, ocultandonos tras el manto del atardecer. Con abrigo largo, para guardar bien escondiditos los fracasos. Abrazos ;)

    ResponderEliminar
  8. ... la dama de gris.. buen nombre,. y muy misterioso la entrada.. quién será esa dama!.. !!

    Saludos de Perú!.

    ResponderEliminar
  9. ¡Cuántas y cuántas historias esconden nuestras calles y cuántas mujeres tan parecidas y tan diferentes a la vez habrá por ahí perdidas!

    ResponderEliminar
  10. cualquiera que camine por tus calles podría serlo

    (yo también me vestiría de gris,
    es el color más bonito) huhu

    ResponderEliminar
  11. Saludos cordiales.

    La mujer y sus misterios de ser mujer
    Al inicio o al final de mes...
    Es su madurez

    Atentamente
    Erick Bojorque

    ResponderEliminar
  12. Me encanto tu blog, te sigo ♥ Ls mujeres tenemos secretos & ocultamos algunas cosas .

    ResponderEliminar
  13. si? tienes las fotos colgadas en algún sitio?
    :)

    ResponderEliminar
  14. qué va qué va!
    profesionalmente para nada, muy difícil eso

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Observación

Había llegado a la ciudad por un asunto laboral y mi estancia allí se me estaba haciendo tediosa. El camarero del bar del hotel me habló entre confesiones y vinos sobre un local fuera de los registros comunes donde la imaginación no daba cabida ya que todo, absolutamente todo, estaba a la vista.  Esperaba el taxi que me llevaría a mi destino entre nerviosa y emocionada por adentrarme en un nuevo mundo y por desconocer qué aventuras me depararía la noche. Pagué una considerable entrada ante un portero igual de robusto como discreta era la puerta. Cuando se cerró detrás de mí, respiré hondo y avancé por el pasillo. La siguiente puerta me dio paso a una imagen esperpéntica por la mezcla que allí se encontraba. Una barra sencilla repleta de los mejores y más caros jugos del mercado, custodiada por dos señoritas que parecían sacadas del último desfile de Victoria Secret más que dos simples camareras que cubrían sus ocho horas de trabajo. En el centro, repleto de mesas donde degustar los l…

Pensar menos, actuar más

Y si dejas de esconderte entre palabras y empiezas a descubrir tus bazas. Y si nuestras conversaciones intermitentes pasan a convertirse en suspiros profundos. Y si yo dejo de buscarte en otoño, tú dejas de hacerlo en verano y empezamos un vendaval de estaciones entre las sábanas. Y si dejamos de sentir el frío y prendo fuego a tu entrepierna. Y si nos dejamos de suposiciones y desnudamos nuestros cuerpos. Y si yo como tu boca y tú pierdes tu lengua entre mis labios. Y si mi clítoris late por ti exigiendo una invasión en toda regla. Y si mi boca cubre tu glande y se humedecen mutuamente. Y si dejamos de jugar a esta lotería de seducción sin preámbulos y nos adentramos en los preliminares. Y si tú atrapas mis gritos con tu lengua y yo me convierto en tu madrugada. Y si tú pides y yo te digo cómo me gusta. Y si yo desempolvo mis muslos al embiste de tus caderas. Y si no dejamos para mañana el placer que podemos sentir hoy. Y si esto fuera una realidad en vez de palabrería.

Recuerdos

Cuando despierto tengo su boca entre mis piernas y me debato entre el enfado por tener tal descaro o emitir un ligero gruñido mientras entrelazo mis manos con su pelo. Y, sin darme cuenta, mi cuerpo ha elegido la segunda opción cuando mi mente ni siquiera había empezado a esgrimir los argumentos. Pequeños besos en los muslos, ligeramente húmedos para dejar marcado el camino de vuelta a la cordura, pero se tornan calientes cuando sus labios se posan con suavidad sobre mi clítoris. Despliega su lengua entre mis labios. Recibe mi humedad con una ligera sonrisa y la mueve arriba y abajo. Introduce la punta dentro de mí tomando la temperatura de mi anatomía. A continuación, con mi cuerpo a toda marcha, da pequeñas sacudidas en mi clítoris. Alterna los círculos con rayas en diferentes sentidos. Según aumenta su ritmo mi espalda se despega del colchón. Mis gemidos se tornan tan sonoros que opto por tapar mi boca, pero en un movimiento rápido siento mis muñecas atrapadas entre sus dedos al la…