jueves, 27 de septiembre de 2012

Juego de seducción


       Estaba al otro lado de la pista. Su gesto era relajado. Sonrisa amplia, incluso de vez en cuando soltaba una carcajada. Una copa en la mano. Si cerraba los ojos podía vislumbrar como el agua condesada resbalaba por el vidrio, acariciaba sus dedos para acabar golpeando el oscuro y pisado suelo. Tenía unos labios carnosos, de esos que nada más ver deseas perderte en ellos durante toda la noche. Llevaba una camiseta azul oscura con una vieja imagen ochentera en la parte delantera, que no consigo recordar. Sin embargo, palpita como mi corazón la imagen de sus bipces con cada movimiento de sus brazos. La tensión de sus venas. La relajación de sus músculos. Entre el movimiento de caderas del gentío de alrededor pude intuir que su vestimenta la cerraban unos vaqueros y unas Converse negras serigrafiadas con algo que no conseguí ver. 
       Desde que entré no pude ni quise apartar mi mirada de él. Opté por ir al baño para así poder mirar sus ojos de cerca y hacerme visible a su mirada. Suavemente, deposité mi mano en su espalda para pedir permiso de paso. Clavé mi mirada en sus ojos, deseando perderme entre ellos. Me dedicó una dulce sonrisa y quiso dejarme constancia de como admiró mis sinuosas curvas. Continué mi camino tímidamente, tomando nota de cómo actuar en mi camino de regreso para poder abordarle. Sin embargo, al salir del baño, algo distraída, tropecé con un chico moreno que andaba a la espera de algo. Un torpe intento de pedir disculpas y continuar mi camino. No obstante, una mano fuerte y segura agarró mi pequeña mano entorpeciendo mi huída del desconocido. Al elevar la vista, mis ojos se encuentran con los suyos, con los de él, con los de aquel que llevaba toda la noche deseando. Mirada intensa. Silencio. Medias sonrisas. Acerca mi cuerpo al suyo. Siento los latidos rítmicos de su corazón. Mi mente sólo desea perderse en sus labios. Me mira. Le miro. La mano en mi barbilla alza y sus labios comienzan lentamente a saborear los míos; primero como si de una caricia se tratase, después van ganando intensidad..... ojos cerrados, labios abiertos...... la suavidad de sus labios..... su mano acariciando mi mejilla...........mi cuerpo pegado al suyo sintiendo el crecimiento de su excitación......las yemas de mis dedos dibujando tu torso por encima de la camiseta. Dar la vuelta a la puerta sin despegarnos y perdernos en la oscuridad del cuarto de luces. Decir a trompicones nuestros nombres más por una formalidad que por una necesidad. Las camisetas en el picaporte de la puerta. Sus labios recorriendo mi cuerpo con suavidad, sin prisa, oreja derecha, cuello, pezón izquierdo, ombligo hasta perderse entre mi ángel caído, que me tatué hace ya algunos años solo para la vista de algunos privilegiados. Morderme los labios de placer, del placer por él provocado.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Muestras tus cartas?




El local estaba abarrotado. Cosa normal a esas horas nocturnas y puesto que no hay mucho más donde escoger. Al principio, entras con cierta confusión. Tus ojos tienen que irse adaptando de las luces amarillentas de las farolas que alumbran la noche a las lámparas multicolores y siempre en movimiento que se distribuyen por toda la sala. Intentas vislumbrar caras conocidas o, en el mejor de los casos, un hueco donde aposentar los cansados zapatos de tacón, que ya andan deseosos de echarte de su camino. Sin embargo, toca mantener la compostura y mantienes tu postura erguida, con tu mirada perdida e intentado escuchar el comentario de turno de alguna de tus amigas sobre que tal o cual es adecuado para una o varias noches. Aunque tú sigas pensando, como buena señorita, en cruzar el umbral de tu residencial y retirar deseosamente los tacones de tus pies y caminar por el suelo desnudo, a la par que vas pidiendo no encontrarte con ningún vecino, el cual llegara a pensar, ¡esta loca descalza a las cinco de la mañana.....! No sé si son normas o costumbres no escritas, pero una vez que hemos decidido nuestra ubicación o más finamente, nuestras coordenadas, toca examinar nuestro alrededor, con vuelta de niña del exorcista incluida, no fuéramos a perdernos lo más recomendable. Pero, como me decía mi tía Enriqueta, ¡hija, lo tuyo no ha sido elegir hombres, ¿no serás de esas raritas que tienen "amigas"?! Pero era mejor asentir a tenerle que explicar que las relaciones ya no son como antes y a veces preferimos seguir el riachuelo a preguntarnos porqué y hacia dónde... 
He de reconocer que me pasó completamente desapercibido, más por la multitud de gente allí conglomerada que porque él no fuera a surtir ningún efecto en mí. Fue Luisa la que me dio el aviso. Si no fuera por las amigas las probabilidades de ligar serían infinitamente inferiores a las que realmente son. Yo miré desinteresadamente no fuera a darse cuenta que pudiera estar interesada, y es que las cartas solo se pueden mostrar en el momento justo. Primero una mirada aspersor con unos segundos de detenimiento en el interesado. El siguiente paso es comprobar que la mirada no es una casualidad y realmente te está mirando a ti y no a la rubia tetuda que baila exageradamente detrás de ti, que es más que probable. Después de tres o cuatro coincidencias de miradas de confirmación, éstas pasan a ganar profundidad e intensidad, incluso si hay atrevimiento, puedes lanzar alguna media sonrisa. Llegados a este punto, surge la duda, tus amigas te dicen de cambiar de sitio o incluso de finalizar allí la noche, o dar un paso de aproximación física dotando de voz a la conversación. Tú o él. Él o tú. Tú esperas que sea él porque la independencia femenina es inferior a la timidez del primer momento de intercambio de saliva, que no me refiero a intercambio bucal, no señor. Frente a frente. El tema de conversación. La mirada. Los gestos. Según juegue cada uno sus cartas, optarás por acompañar a tus amigas o intercambiar............ y tú, ¿juegas tus cartas?

lunes, 24 de septiembre de 2012

Encadenamiento



Te equivocas hoy. Te equivocaste el domingo. Te equivocaste la semana pasada. Una equivocación tras otra. Palabras y palabras que se van encadenando una tras otra. Distinto aunque siempre igual. Y lo único que se antoja es acurrucarse mientras el frío helador penetra por la ventana, dejando que profundice hasta los pulmones y helando cualquier pensamiento que cruce por dentro porque hay veces que las palabras se atascan en la garganta y los dedos se bloquean. Por mucho que nos empeñemos en conocer la respuesta, a veces nunca llegará.......

domingo, 23 de septiembre de 2012

Buenas noches (reeditado)



          Recorro con las yemas de mis dedos desde el nacimiento de su pelo, el surco de su nariz, la suavidad de sus labios, en cuya boca mis dedos se introducen dulcemente, la geografía de su nuez; quiero que mis dos manos acaricien suavemente la forma de sus músculos como si de calcar un mapa se tratase. Mis nalgas encima de sus caderas. Mi cuerpo se yergue en su totalidad, mostrando una camiseta de algodón negra, que apenas deja intuir unos pezones punzantes y un minúsculo tanga gris ceniza. Mis ojos siempre expectantes en los suyos. Los labios buscándose ávidamente los unos a los otros. Sus manos recogiendo salvajemente mi trasero. Su pene clavándose entre mis piernas. Mi excitación bajando por mi piel. Su cuello siendo comido por mi boca, por mis labios, dejando la huella de mi presencia. Manos introducidas por debajo de mi camiseta, buscando el calor de unos pechos tersos. Tanga encima de la mesilla. Mi cuerpo a cuatro patas, mirando las estrellas que iluminan la madrugada, mientras en cada embestida me hace subir del mundo. Sus manos en mis caderas. Empujones. Gritos. Excitación. Sudor. Necesidad. No parar. Más. Y más. Media vuelta sobre la cama. Yo le saboreo. Él me saborea. Lengua, manos, labios. Todos son herramientas del placer que nos hacen explotar. Y mientras miro su cuerpo desnudo, lamo su pene hasta parar lentamente y sentirlo dentro de mí. Embestida tras embestida. Su cuerpo cubriéndome de placer, mientras al oído me susurra, buenas noches.

martes, 18 de septiembre de 2012

A sus órdenes II (la continuación)



……….. Ella introduce su dedo entre sus labios para darle el toque exacto de humedad. Lentamente, con la yema, y sin dejar de mirarle a los ojos, va descendiendo mientras recorre su cuerpo. Sus labios, su barbilla, su cuello, la zona entre sus pechos, su ombligo. Él se va excitando gradualmente a la par que ella se va a aproximando a sus ingles. Queda parado su dedo justo en el Monte de Venus, perfilando una sonrisa perversa, deseando que él le reclame continuar.
-No pares ahora.
Y ella, obedientemente, dirige su dedo hacia su clítoris. Primero, recorre la zona haciendo una comprobación del grado de excitación de su cuerpo. Él automáticamente sujeta con firmeza su pene y empieza a moverlo a arriba y abajo sin dejar de captar cada movimiento del cuerpo de su compañera de juegos. Comienza a acariciar su clítoris muy suavemente haciendo que su cuerpo se estremezca, emitiendo delicados gemidos que provocan que el pene sea cada vez movido con mayor urgencia.
- Ven conmigo.
Antes de abandonar la tarea, ella recorre su dedo impregnado de su esencia por entre sus labios inferiores y su clítoris, provocando que él la desee aún más, sin llegar a controlarse. Levantando su cuerpo del sofá, dirigiéndola contra la pared del fondo y allí mismo clavándole su pene donde hace unos segundos había estado jugando su dedito. Se comen la boca salvajemente, al tiempo que él le da embestidas en su cuerpo, dando lugar a gritos silenciados por entre sus labios. Ahora es ella quien le pide que no pare, sin embargo, esta noche son sus normas y él decide abandonar su cuerpo.
- Ahora, haz que alcance el éxtasis.
Ella, tímidamente, con sus pestañas medio cerradas, se acomoda en la alfombra. Primero, con su lengua recorre toda la base del pene en dosis de pequeños lengüetazos. Hacia arriba. Hacia abajo. Lentamente, saborea el glande con sus labios. Lo invade con su lengua. Lo arrastra hacía el fondo de si misma, dándole el calor de su boca, el roce suave de sus labios. Perfecto manejo bucal y manual para hacerle llegar al esplendor del placer. Su cuerpo se tensiona cuando vislumbra que el fin de la jugada está cerca. Depositada sobre la alfombra, en cada embiste la hace suya; ambos alcanzan el placer. Sus uñas clavadas en su espalda. Gritos que atraviesan la pared. Placer, saliva, juegos, sudor, locura, desinhibición, humedad, sacudidas, puro sexo.
Dos cuerpos tendidos sobre la alfombra, bañados por el reflejo de la luna que asoma por el balcón.
¿Te gusta seguir mis órdenes?