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Buenas noches (reeditado)



          Recorro con las yemas de mis dedos desde el nacimiento de su pelo, el surco de su nariz, la suavidad de sus labios, en cuya boca mis dedos se introducen dulcemente, la geografía de su nuez; quiero que mis dos manos acaricien suavemente la forma de sus músculos como si de calcar un mapa se tratase. Mis nalgas encima de sus caderas. Mi cuerpo se yergue en su totalidad, mostrando una camiseta de algodón negra, que apenas deja intuir unos pezones punzantes y un minúsculo tanga gris ceniza. Mis ojos siempre expectantes en los suyos. Los labios buscándose ávidamente los unos a los otros. Sus manos recogiendo salvajemente mi trasero. Su pene clavándose entre mis piernas. Mi excitación bajando por mi piel. Su cuello siendo comido por mi boca, por mis labios, dejando la huella de mi presencia. Manos introducidas por debajo de mi camiseta, buscando el calor de unos pechos tersos. Tanga encima de la mesilla. Mi cuerpo a cuatro patas, mirando las estrellas que iluminan la madrugada, mientras en cada embestida me hace subir del mundo. Sus manos en mis caderas. Empujones. Gritos. Excitación. Sudor. Necesidad. No parar. Más. Y más. Media vuelta sobre la cama. Yo le saboreo. Él me saborea. Lengua, manos, labios. Todos son herramientas del placer que nos hacen explotar. Y mientras miro su cuerpo desnudo, lamo su pene hasta parar lentamente y sentirlo dentro de mí. Embestida tras embestida. Su cuerpo cubriéndome de placer, mientras al oído me susurra, buenas noches.

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Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

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El ladrón de sueños