Ir al contenido principal

Juego de seducción


       Estaba al otro lado de la pista. Su gesto era relajado. Sonrisa amplia, incluso de vez en cuando soltaba una carcajada. Una copa en la mano. Si cerraba los ojos podía vislumbrar como el agua condesada resbalaba por el vidrio, acariciaba sus dedos para acabar golpeando el oscuro y pisado suelo. Tenía unos labios carnosos, de esos que nada más ver deseas perderte en ellos durante toda la noche. Llevaba una camiseta azul oscura con una vieja imagen ochentera en la parte delantera, que no consigo recordar. Sin embargo, palpita como mi corazón la imagen de sus bipces con cada movimiento de sus brazos. La tensión de sus venas. La relajación de sus músculos. Entre el movimiento de caderas del gentío de alrededor pude intuir que su vestimenta la cerraban unos vaqueros y unas Converse negras serigrafiadas con algo que no conseguí ver. 
       Desde que entré no pude ni quise apartar mi mirada de él. Opté por ir al baño para así poder mirar sus ojos de cerca y hacerme visible a su mirada. Suavemente, deposité mi mano en su espalda para pedir permiso de paso. Clavé mi mirada en sus ojos, deseando perderme entre ellos. Me dedicó una dulce sonrisa y quiso dejarme constancia de como admiró mis sinuosas curvas. Continué mi camino tímidamente, tomando nota de cómo actuar en mi camino de regreso para poder abordarle. Sin embargo, al salir del baño, algo distraída, tropecé con un chico moreno que andaba a la espera de algo. Un torpe intento de pedir disculpas y continuar mi camino. No obstante, una mano fuerte y segura agarró mi pequeña mano entorpeciendo mi huída del desconocido. Al elevar la vista, mis ojos se encuentran con los suyos, con los de él, con los de aquel que llevaba toda la noche deseando. Mirada intensa. Silencio. Medias sonrisas. Acerca mi cuerpo al suyo. Siento los latidos rítmicos de su corazón. Mi mente sólo desea perderse en sus labios. Me mira. Le miro. La mano en mi barbilla alza y sus labios comienzan lentamente a saborear los míos; primero como si de una caricia se tratase, después van ganando intensidad..... ojos cerrados, labios abiertos...... la suavidad de sus labios..... su mano acariciando mi mejilla...........mi cuerpo pegado al suyo sintiendo el crecimiento de su excitación......las yemas de mis dedos dibujando tu torso por encima de la camiseta. Dar la vuelta a la puerta sin despegarnos y perdernos en la oscuridad del cuarto de luces. Decir a trompicones nuestros nombres más por una formalidad que por una necesidad. Las camisetas en el picaporte de la puerta. Sus labios recorriendo mi cuerpo con suavidad, sin prisa, oreja derecha, cuello, pezón izquierdo, ombligo hasta perderse entre mi ángel caído, que me tatué hace ya algunos años solo para la vista de algunos privilegiados. Morderme los labios de placer, del placer por él provocado.

Comentarios

  1. Mmmmmm... Me encanta!
    Muy bien creada la atmósfera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son esos detalles que cuando los vives parecen insignificantes pero al plasmarlos ganan intensidad y valor. Gracias. ;)

      Eliminar
  2. yeah!
    muy real estoy con Eva María...oye! sigue pasándolo tan bien por los bares...!:)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uff, cuánto tiempo!! Si lo pongo en práctica, ya te informo. ;) Beijinhos.

      Eliminar
  3. Bellísimo Ardid!!!! Excelentemente lograda la atmósfera y la correlación del relato, logra la sensualidad pretendida.
    Me encantó...

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Conseguir todo lo que indicas ya es un reto para mí, pero si he conseguido transmitirlo es una gran satisfacción. Gracias por pasarte. Besos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Ictus

Ya está aquí otra vez esta puta. Podría dejar de darme el coñazo de una jodida vez. Ahora me obligará a levantarme, a beberme esa mierda de café que hace y comerme unas galletas porque nunca tiene tiempo para hacerme un desayuno en condiciones. Menuda suerte tiene de que no pueda enseñarle cómo cojones tratar a un hombre. ¡Maldita la hora que me dio este puto ictus! La muy zorra que pretendía abandonarme, ¿quién coño se había creído que era ella? Que le pego, dice. Mas tenía que haberle pegado para que aprendiera a respetarme. Ella es la que me debe respeto a mí que para eso soy su marido. Seguro que ahora aprovecha para tirarse a cualquiera, la muy puta. ¡Qué suerte tiene que no me pueda mover de esta jodida silla! Pero soy yo quién ríe el último. Ahora no podrá dejarme nunca, sonrío mientras la miro, y me mira con extrañeza.
–Déjame, coño, ya. ¡No necesito tu ayuda, joder!
–Como quieras, pero o empiezas a tratarme con respeto o tendrás que apañártelas tú solito.
–¿Dónde crees que…

Querido diario

Querido diario,
Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía.  Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi ira no ex…

Desconexión

Las oposiciones estaban pasando factura al matrimonio. Luis estaba cada vez más cansado. A veces se dejaba llevar por el estrés y Marcela debía respirar hondo para no coger las maletas y marcharse hasta que finalizaran. No había tregua entre ellos. Trabajar. Estudiar. El calendario parecía haberse parado y el once de abril marcado en rojo se alejaba en vez de estar cada vez más próximo. Marcela empezó a utilizar ropa sexi mientras paseaba desnuda por casa; incluso tuvo el intento, fallido hemos de decir, de cocinar ligera de ropa, pero Luis parecía tener un antifaz que le impedía ver todo aquello que no estuviera ligado con la Física. Hasta que ella se cansó. Ya habían pasado dos meses sin un beso, ni una caricia y ya ni hablamos de puro sexo. Él estaba inmerso en el tema siete mientras Marcela, ataviada con una braguita en forma de falda y un sujetador que le daba un toque de dominatriz, se metió por debajo de la mesa. Empezó a desabrocharle el pantalón hasta quedar a la luz un pene…