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No quería ser ella

Acostumbraba a ocultarse bajo unas grandes gafas, estilo años 70, para evitar que alguien se fijara en ella. No quería ser ella. No quería recordar a ella. Alta, guapa, inteligente, ambiciosa. Todo lo que deseara, ella lo tenía, pero no quería ser ella. Quería pasar desapercibida. Ocultarse bajo la sábana del anonimato. Con catorce años aprendió a ocultar su cuerpo, un cuerpo de mujer, voluptuoso, deseable para cualquiera, perfecto. Luchaba por huir de ella, y, sin embargo, se parecía tanto a ella. Su madre. Ella fue la primera que no pudo ver más allá de aquella belleza perfecta. No importaba la inteligencia, ni la fuerza, ni la lucha, sólo la perfección. No quería ser ella. La belleza desaparece. Se olvida. Ella quería cruzar la meta. Ser recordada por su trabajo, su amor, su ilusión. Cuanto le dolieron aquellas palabras: Era una belleza espectacular, con una gran sonrisa. No había más qué decir. Ésa era su madre. Palabras expresadas por un marido dolorido que pierde el bastón de su ...

Lluvias de verano

Cada día, al caer la tarde, se sentaba en su pequeña terraza. Sobre aquellas viejas sillas heredadas de su abuela, que el pasado verano intentó modernizar con una de esas técnicas de los programas de televisión para torpes. Le gustaba ver a sus vecinos, a los que nunca saludaba. Era como ser el sol viendo seres pequeñitos que mueve con sus hilos. Asomando un rayo, se despojan de su ropa. Una gota aplastada sobre el asfalto era suficiente para tener un mal día. Sin embargo, ella no era marioneta en manos de la naturaleza. Sentada en aquella terraza, vio con la tarde cambiaba su ánimo; de una alegre sonrisa se pasaba a miles de gota golpeando su cuerpo desnudo. Allí, sentada, permaneció, sintiendo el frescor. Ella pensaba que las lluvias veraniegas le daban libertad. Purificar su cuerpo de los excesos veraniegos y las noches sinrazón. El olor penetraba hacia el fondo de sus pulmones, cerrando los ojos se trasladaba a épocas de libertad. Sin dependencias tecnológicas, sólo ella y la hierb...

Necesidad

Según la RAE, la palabra necesidad tiene los siguientes significados: 1. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida. 2. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer. 3. f. Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio. Pero, el más interesante es: 2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir. El ser humano es y será un ser social. No puedes esconderte, necesitarás expresarte, comunicarte. Necesidad de ser un ser social. Necesito expresar mis inquietudes. Necesito vencer mi silencio. Necesito romper mis barreras. Necesito más. Necesito contar. Necesito reír. Necesito seducir. Una necesidad tiende a ser algo básico para sobrevivir. Sin embargo, en la sociedad de hoy el término NECESIDAD está oculto bajo el CAPRICHO. Necesitamos cosas por puro placer y para la integración en un grupo social. Todos pertenecemos a un grupo, aunque éste sea el ANTIGRUPO, al antisoc...

Pereza

Mi necesidad de expresarme, es mi pereza de leer. Leer esos apuntes que cada día me miran con necesidad de sacudirles el polvo. Pero, mi vista es más rápida que ellos, y casi ni nota su presencia. El problema de esto, no es el tema de estudio. Puede ser interesante, incluso divertido o apasionante. Pero ESTUDIAR, verbo preconcebido como acto tedioso, aburrido, sin interés. Echo la vista atrás para recordar mi relación con la lectura y con los libros. Se remonta años atrás (ya estoy en los veinte y muchos). Recuerdo mis clases de Lengua en el colegio. Todas las semanas, recuerdo que era viernes, íbamos a pasear a la parte trasera del patio de recreo. El profesor, vagamente recuerdo su nombre, y también director, en aquellos momentos, elegía al azar a uno de nosotros y tenías que hacer frente a los nervios, hablar de aquellas aventuras que habías descubierto a lo largo de la semana en unos pequeños libros, formato bolsillo. Eran libros peculiares, que cogías en la pequeña biblioteca de ...

Cuatro letras de pensamiento

Cuando empiezo a vaguear por la casa sin saber a qué aferrarme o cuando soy capaz de pasar media hora frente a la lavadora sin tener conciencia de mis pensamientos, es momento de meditar. Reflexionar. Una llamada dentro de mí clama salir al exterior. Todos queremos tener cinco minutos de gloria o que nuestra historia llegue al mundo. Por eso, hoy, 17 de mayo, estoy frente a ti. Intentaré que mis palabras suenen a gloria, aunque sólo sean entre tú y yo. Es mi historia. No es importante. Ni diferente. Ni más triste que cualquier otra. Pero sigue siendo mía. Hace algunos meses que mi pensamiento se ve invadido por pequeña nubes de ideas, que se agitan de un lado a otro, pero sin tener el valor de salir. Si en una entrevista de trabajo, me pidieran para describirme y tuviera la osadía de ser yo, de contar lo extraño y atípico que alberga en mi, diría: veinteañera, mileurista, solitaria (si no fuera por mi chico y por mi perrita), insegura, tal vez con ideas, pero sin atrevimiento a saca...