Ir al contenido principal

Pereza

Mi necesidad de expresarme, es mi pereza de leer. Leer esos apuntes que cada día me miran con necesidad de sacudirles el polvo. Pero, mi vista es más rápida que ellos, y casi ni nota su presencia. El problema de esto, no es el tema de estudio. Puede ser interesante, incluso divertido o apasionante. Pero ESTUDIAR, verbo preconcebido como acto tedioso, aburrido, sin interés.
Echo la vista atrás para recordar mi relación con la lectura y con los libros. Se remonta años atrás (ya estoy en los veinte y muchos). Recuerdo mis clases de Lengua en el colegio. Todas las semanas, recuerdo que era viernes, íbamos a pasear a la parte trasera del patio de recreo. El profesor, vagamente recuerdo su nombre, y también director, en aquellos momentos, elegía al azar a uno de nosotros y tenías que hacer frente a los nervios, hablar de aquellas aventuras que habías descubierto a lo largo de la semana en unos pequeños libros, formato bolsillo. Eran libros peculiares, que cogías en la pequeña biblioteca de 2 x 2 metros (disculpen, pero soy de letras). Siempre estaba cerrada. Un pequeño tesoro, sólo disponible para unos pocos osados. Tenías que pedir que te abrieran la puerta. Una llave hacía la fantasía y la evasión; la evasión de la propia vida.
La curiosidad de esos libros residía en la diversidad de historias, dentro de aquellas cincuenta hojas. Al final de cada capítulo, tenías tres o cuatro opciones a elegir. Cada una marcaba una historia diferente. Siempre podías cambiar de opinión si el final no te gustaba. Letras + letras hacían una historia. Experiencias + experiencias hacen una vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

Quiero que tus manos dibujen mis curvas, cuenten mis lunares, obvien mi celulitis, mis cicatrices. Quiero que lamas cada rincón para que después tus labios sepan a nosotros. Quiero que me erices la piel sin necesidad de hielo ni desnudar mi alma. Quiero que tu voz sobre mi oído sea solo mía. Que tu lengua sobre mi clavícula provoque mi primer orgasmo. Quiero que diluvie ahí fuera para templar los calores que evocamos el uno frente al otro. Quiero que me recorras con mimo y salvajismo. Quiero que remuevas mi cuerpo. Prometo sacudirte el tuyo hasta agotarte de ti mismo. Quiero que tu boca sepa a mis labios, que mi lengua absorba tus sudores. Quiero que nos deseemos. Dentro. Fuera. En nuestros cuerpos. Quiero que folles mi mente para desear que nos lo hagamos mutuamente. Quiero calmar mis ansias, mis calores, mi pasión desmedida. No valores esta primera vez. Las mejores veces vendrán después. Quiero que despiertes mi cuerpo de este letargo, que recuerdes a cada una de mis células que su …

LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

¿Droga o pasión?

Te deseo. Aquí. Ahora. Tus falanges erizando mi piel. Mi largo cuello convertido en un mapa de tesoros orgásmicos para tus labios carnosos. Tú pisas el acelerador mientras yo me apodero del freno. Tus movimientos circulares bajan directos hacia mi clítoris, ansiando aquello que tanto deseaba, pero que nunca poseyó. Mis yemas prefieren memorizar cada recoveco, cada músculo, cada cicatriz de tu cuerpo. Solo hay una oportunidad para poseerte, para poseernos. Una opción para recordarte en la oscuridad de mis sábanas. Tu lengua ha subido mis revoluciones. Mi mente marca tu espalda, tus brazos, ligeramente tatuados. Desearía ser una parte más de ellos y acariciarte cada noche, perdurando a la mañana siguiente. Has cambiado tu embrague de manual a automático, pero, a veces, resulta más interesante ser de la vieja escuela. Las marchas de cambio agradecen los movimientos de mi mano, adelante y atrás. Las caricias en cada semáforo para absorber tu calor. Las revoluciones en cada salida. Las pa…