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Pensar menos, actuar más

Y si dejas de esconderte entre palabras y empiezas a descubrir tus bazas. Y si nuestras conversaciones intermitentes pasan a convertirse en suspiros profundos. Y si yo dejo de buscarte en otoño, tú dejas de hacerlo en verano y empezamos un vendaval de estaciones entre las sábanas. Y si dejamos de sentir el frío y prendo fuego a tu entrepierna. Y si nos dejamos de suposiciones y desnudamos nuestros cuerpos. Y si yo como tu boca y tú pierdes tu lengua entre mis labios. Y si mi clítoris late por ti exigiendo una invasión en toda regla. Y si mi boca cubre tu glande y se humedecen mutuamente. Y si dejamos de jugar a esta lotería de seducción sin preámbulos y nos adentramos en los preliminares. Y si tú atrapas mis gritos con tu lengua y yo me convierto en tu madrugada. Y si tú pides y yo te digo cómo me gusta. Y si yo desempolvo mis muslos al embiste de tus caderas. Y si no dejamos para mañana el placer que podemos sentir hoy. Y si esto fuera una realidad en vez de palabrería.  

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–Déjame, coño, ya. ¡No necesito tu ayuda, joder!
–Como quieras, pero o empiezas a tratarme con respeto o tendrás que apañártelas tú solito.
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Querido diario,
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