Ir al contenido principal

Una ficción real, casi palpable.

Me situé al otro lado, en un rincón oculto por las sombras de las nubes que acompañaron el día. Vi tu mirada perdida, algo inquieta. Estabas rodeado de gente que iba y venía hacía ti con palabras bonitas, deseos de un futuro prometedor, a lo que tú respondías con un humilde "gracias". Estabas muy guapo con ese traje negro. Permanecí callada, ausente en la distancia, arropada por las ramas de un viejo olivo que hacía algunas semanas le habían arrebatado su vestimenta. En esos momentos, se arremolinaban a tu alrededor como un último intento de sacarte de aquella locura. Llevaba puesto el vestido negro ajustado, el que me marca todas las curvas, que sólo con verlo siempre acababa tirado en el suelo, sin importar dónde estuviéramos. Sé que el protocolo no recomienda el negro para estas ocasiones, pero mi corazón está de luto. La hora estaba próxima. Las lágrimas se derramaban por mis mejillas, aunque mis ojos se ocultaban detrás de unas grandes gafas de sol, aunque tanto éste como yo, estábamos ocultos, buscando un resquicio de oportunidad para brillar. Mis tacones rechinaban contra la arena, mientras a mis espaldas sonaban los frenos de un recién estrenado Mercedes para el momento. La puerta se cerró entre aplausos de asistentes. 

             Una desconocida camina por un camino de tierra con tacones de aguja y vestido de fiesta. La celebración de un duelo por amor. 

-------------------------
He recordado esta entrada y me apetecía volver a compartirla. Ya fue publicada bajo el título "No estoy para la ocasión" el pasado 25 de octubre de 2011.

Comentarios

  1. Muy triste... ese dolor por el amor perdido, que nunca sale a la luz y que es ignorado por la cobardía de no animarse al cambio...
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es el dolor que muchos viven porque no todo el mundo tiene la valentía de arriesgarse sin saber que habrá al otro lado. Beijinhos.

      Eliminar
  2. Un dolor palpable y desolador, que rompe corazones y parte huesos. Tu texto transmite un montón.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Zoe Row. Tus palabras me dicen mucho. ;)

      Eliminar
  3. Buen día para republicar este texto... 19 marzo 2012 iba a hacer una década con él... yo también estaba de luto.

    ResponderEliminar
  4. Esta entrada salió muy de dentro. Nos unimos hasta en la distancia. ;)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Observación

Había llegado a la ciudad por un asunto laboral y mi estancia allí se me estaba haciendo tediosa. El camarero del bar del hotel me habló entre confesiones y vinos sobre un local fuera de los registros comunes donde la imaginación no daba cabida ya que todo, absolutamente todo, estaba a la vista.  Esperaba el taxi que me llevaría a mi destino entre nerviosa y emocionada por adentrarme en un nuevo mundo y por desconocer qué aventuras me depararía la noche. Pagué una considerable entrada ante un portero igual de robusto como discreta era la puerta. Cuando se cerró detrás de mí, respiré hondo y avancé por el pasillo. La siguiente puerta me dio paso a una imagen esperpéntica por la mezcla que allí se encontraba. Una barra sencilla repleta de los mejores y más caros jugos del mercado, custodiada por dos señoritas que parecían sacadas del último desfile de Victoria Secret más que dos simples camareras que cubrían sus ocho horas de trabajo. En el centro, repleto de mesas donde degustar los l…

Pensar menos, actuar más

Y si dejas de esconderte entre palabras y empiezas a descubrir tus bazas. Y si nuestras conversaciones intermitentes pasan a convertirse en suspiros profundos. Y si yo dejo de buscarte en otoño, tú dejas de hacerlo en verano y empezamos un vendaval de estaciones entre las sábanas. Y si dejamos de sentir el frío y prendo fuego a tu entrepierna. Y si nos dejamos de suposiciones y desnudamos nuestros cuerpos. Y si yo como tu boca y tú pierdes tu lengua entre mis labios. Y si mi clítoris late por ti exigiendo una invasión en toda regla. Y si mi boca cubre tu glande y se humedecen mutuamente. Y si dejamos de jugar a esta lotería de seducción sin preámbulos y nos adentramos en los preliminares. Y si tú atrapas mis gritos con tu lengua y yo me convierto en tu madrugada. Y si tú pides y yo te digo cómo me gusta. Y si yo desempolvo mis muslos al embiste de tus caderas. Y si no dejamos para mañana el placer que podemos sentir hoy. Y si esto fuera una realidad en vez de palabrería.

Recuerdos

Cuando despierto tengo su boca entre mis piernas y me debato entre el enfado por tener tal descaro o emitir un ligero gruñido mientras entrelazo mis manos con su pelo. Y, sin darme cuenta, mi cuerpo ha elegido la segunda opción cuando mi mente ni siquiera había empezado a esgrimir los argumentos. Pequeños besos en los muslos, ligeramente húmedos para dejar marcado el camino de vuelta a la cordura, pero se tornan calientes cuando sus labios se posan con suavidad sobre mi clítoris. Despliega su lengua entre mis labios. Recibe mi humedad con una ligera sonrisa y la mueve arriba y abajo. Introduce la punta dentro de mí tomando la temperatura de mi anatomía. A continuación, con mi cuerpo a toda marcha, da pequeñas sacudidas en mi clítoris. Alterna los círculos con rayas en diferentes sentidos. Según aumenta su ritmo mi espalda se despega del colchón. Mis gemidos se tornan tan sonoros que opto por tapar mi boca, pero en un movimiento rápido siento mis muñecas atrapadas entre sus dedos al la…