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Carta de palabras


Estimado Alex:

     Siempre dijiste que las palabras son elementos vacios que solos unos pocos somos capaces de dotar de verdadero valor. Nunca entendí la poca importancia que tú les dabas, yo que he volcado mi existencia en darles vida, llevándolas más allá de la simple faceta que pueden llegar a representar. Tal vez sólo por eso ya estábamos predestinados al desastre. Sin embargo, siempre me han gustado los riesgos y para mí fuiste alguien a quien descubrir, mi pequeño tesoro. Me insistías en que me olvidara de cavar sobre ti, pues lo único que podría encontrar era una inexactitud de sentimientos, a los que nunca quisiste poner etiquetas. Pero, más bien, era un baúl de dolorosos recuerdos que preferiste enterrar sin darles una buena sepultura. Te lanzaba mis preguntas de análisis, para sólo llegar a conocer la punta de tu iceberg, sin embargo, tú las apartabas como un espléndido jugador.  

     Hubiera conquistado el cielo, sólo por conocer un pedazo de lo que se esconde en ti. No fue posible. Ello me hace pensar que no era yo la persona elegida para descubrirte, para curarte las heridas. Y ahora eres un pequeño animal herido que se esconde en la oscuridad, buscando refugio en brazos efímeros y caricias con fecha de caducidad.

     Sólo hubiera pedido, que alguna vez, te hubieras refugiado en mí.


Hasta siempre.
 

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