Echaba la vista atrás y recordaba aquellas tardes de batidos y compenetración. Ya sólo quedaba el humo de aquellos recuerdos. Habían desaparecido las confidencias, las miradas cómplices. Ahora sólo tenía las viejas experiencias de juventud vividas. Le dolía aquella pérdida, aquella complicidad de amistad entre adolescentes. Ahora se han convertido en dos conocidas donde prima la educación y lo correcto, pero ya no existe la amistad. Los años taparon de polvo los lazos entre las dos. Ya no hay tardes de compras ni de risas. Sólo queda el vacio. Ahora, busca tapar esa falta con una nueva amistad, díficil de crear sin aventuras de juventud vividas. Esperar que la vida le devuelva aquella vieja sensación escondida en el margen del recuerdo.
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
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Confesó