martes, 20 de julio de 2010

Nacimiento

La tristeza se apoderó de mí. Me encontré sola en el interior de aquel tumulto, propio del primer día de rebajas en Bershka. Observaba cada paso que él daba, cada paso para alejarse de mí, de nosotros. Las gotas de lluvia caían levemente sobre su rojizo pelo, más largo de lo habitual. Sentí el sabor salado de mis lágrimas en mis labios. Tal vez no supe ver las señales o simplemente preferí obviarlas porque mi mundo sin él, no tenía motivo para existir. Sentí cada gota clavada en mi cuerpo semidesnudo, agradecí el frescor de aquella noche. Mis recuerdos quedaron congelados dentro mi nevera, tus recuerdos fueron depositados en la basura del olvido. Siempre me obligabas a reciclar; reciclé mi pasado en viejas cajas de zapatos; mis amistades fueron directamente a la basura porque creías que ya había pasado el momento de locas amistades, improvisadas noches en el parque relatando nuestras vidas, debatiendo las de otros. ¿Y el futuro? Me asegurabas que el futuro era nuestro, tuyo y mío. Que mi futuro anterior ya no tenía sentido, que a ti no te contemplaba. Tal vez debería haberlo guardado en la caja de los temas pendientes o simplemente de los olvidados, porque ahora podría levantar la tapa y elegir cuál era el que me apetecía.
Sólo me quedaste mis recuerdos, todo lo demás se fue contigo. Ahora, bajo la lluvia, te pregunto en mi pensamiento cual es mi siguiente paso, porque me olvidé de ser yo misma, me olvidé de mis propios recuerdos, de mis propias alegrías.
Nazco para convertirme en otra, en aquella que te olvidó, que superó tu corriente por mi vida.

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