-¿Por qué desapareciste?, le preguntaba ella con curiosidad al desconocido que tenía frente a sí, mientras le miraba por encima de sus gafas negras, porque ella se había olvidado de volver a subírselas, demasiado inmersa en los dos ojos negros que se habían depositado justo en frente de ella. -Te volviste demasiado curiosa, respondió él con total tranquilidad, mientras le daba una calada a un cigarrillo. Unas facciones duras, marcadas. Una mirada agresiva, pero unos ojos enigmáticos, cautivadores. Una tez dorada por los rayos de un sol que se debió mostrar sólo para él. -¿Y por qué has aparecido?, le interrogó ella, con esa sonrisa tímida, que le aparecía cuando los nervios le traicionaban. -Ahora el curioso soy yo, contestó con una sonrisa pícara y una sonrisa provocativa, a la par que apagaba el cigarrillo contra la acera. Fue entonces, cuando ella empezó a controlar la situación. Los nervios fueron desapareciendo. La provocación se adueñó de su ...
Palabras que forman frases. Párrafos que expresan sentimientos.