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Anónimo

-¿Por qué desapareciste?, le preguntaba ella con curiosidad al desconocido que tenía frente a sí, mientras le miraba por encima de sus gafas negras, porque ella se había olvidado de volver a subírselas, demasiado inmersa en los dos ojos negros que se habían depositado justo en frente de ella.  -Te volviste demasiado curiosa, respondió él con total tranquilidad, mientras le daba una calada a un cigarrillo. Unas facciones duras, marcadas. Una mirada agresiva, pero unos ojos enigmáticos, cautivadores. Una tez dorada por los rayos de un sol que se debió mostrar sólo para él.  -¿Y por qué has aparecido?, le interrogó ella, con esa sonrisa tímida, que le aparecía cuando los nervios le traicionaban.  -Ahora el curioso soy yo, contestó con una sonrisa pícara y una sonrisa provocativa, a la par que apagaba el cigarrillo contra la acera.  Fue entonces, cuando ella empezó a controlar la situación. Los nervios fueron desapareciendo. La provocación se adueñó de su ...

de nuevo en mí...de nuevo sin ti...

¿Quién ha trastocado mis noches en atormentados sueños? ¿Por qué te amo sin amarte? ¿Por qué te quiero sin rozarte? Intento odiarte para olvidarte y, sin embargo, tus sonrisas provocadas vuelven a mí como el boomerang lanzado en una playa olvidada, por nadie transitada. Y, otra vez, parece que me he inyectado en vena litros de melancolía o será la lluvia que golpea contra mi ventana pidiendo paso para borrar tus huellas de este colchón en otrora transitado por tu olor a madera de cedro y canela. La esperanza es una mala consejera y yo una estupenda sufridora que rebusca excusas donde encontrarte, donde desearte. Ni te odio ni te olvido ni intención tengo porque prefiero esta careta a vivir en el sinsentido de no haberte tenido. Palpitaciones provocas en mí, alguna otra visión también pero qué es el amor sino la sinrazón del corazón. O llámalo locura, qué más da. Tal vez soy demasiado loca para este mundo tan cuerdo…

Cama a dos

-¿Puedo dormir contigo?, preguntó él desde el quicio de la puerta con el pelo ligeramente alborotado y unas calzonas que parecían no pertenecerle.              El cuerpo de ella se sostribaba sobre la parte derecha de éste. Le miró durante unos segundos sin decir nada. Hizo retroceder a sus caderas hasta dejarlas casi rozando la pared, dejándole un hueco entre sus sábanas. Él se introdujo entre el calor del cuerpo de Ana y el tacto frío de su propia piel. Permanecía inmóvil, tumbado bocarriba, presa del silencio de la tensión corporal.  -¿Los chicos no querían dormir?, preguntó ella con curiosidad, mientras humedecía los labios con la punta de su lengua. -Santos se ha pasado de copas y ya sabes cómo es cuando está al límite, respondió él mientras giraba ligeramente su cara para mirarla directamente a los ojos.  -¿Y desde cuándo tú renuncias a seguir la fiesta?, le inquirió ella pícaramente a la par que ap...

Erase una vez (versión príncipes).....

Porque no creo que los buenos sean tan buenos ni los malos sean tan malos y aunque algunas hayamos dejado de ser princesas y que ellos nunca fueron príncipes, era merecida esta versión:             El sol caía para perderse tras la montaña, dando paso a una luna plena y a un cielo estrellado. Ideal para echarse en la hierba, en los pocos sitios de esta ciudad que aún se conserva, y encontrar a Andrómeda y a Sagitario. Pero, el frío se adentraba entre las costuras.             En el parking de un hipermercado cualquiera, no demasiado saturado, por tratarse de mediados de mes, esperaban apoyados sobre un Seat León,   rojo metalizado, dos chicos. El primero, rondaba los veinte y cinco. Pelo rapado al dos. Vaqueros con zapatillas informales y una camiseta blanca con el diseño de una pin-up muy sugerente. El otro lo llamó Encantador. Su compañero, conocido entre el g...