Tras 10 años casados la rutina estaba más que instalada en nuestras vidas. El trabajo, las extraescolares, los compromisos, la familia... todo parecía estar por delante de nuestra relación. La cama pasó de ser un campo de batalla a un yermo terreno veraniego. A veces me quedaba observándole desde la distancia mientras jugaba con los niños o se perdía en las hojas de un libro y mi entrepierna reaccionaba. El deseo estaba latente, pero parece que nunca sintonizábamos el mismo canal a la vez. Una noche me acosté pronto con un fuerte dolor de cabeza, dejándole a él a cargo de las tareas domésticas y nuestros hijos. Somos más de dividir, pero esta vez el dolor me superaba. Pasadas unas tres horas, aproximadamente, me desperté, pero el frío invadía el otro lado del colchón. Una luz tenue procedente del salón se colaba por debajo de la puerta. Con tranquilidad me incorporé, bebí un poco de agua y descalza me dirigí hacia la claridad. La imagen desde la puerta me pareció hermosa y muy, muy su...
Palabras que forman frases. Párrafos que expresan sentimientos.