Ir al contenido principal

Inexistencia...

No escuchéis cuentos de finales felices
ni príncipes de armadura en plata.
No imaginéis rosas cada mañana
ni bailes en la madrugada.
No pidáis la cara bonita de la luna.
No os hipnoticéis con amplias sonrisas.
Sólo son historias de hombres para endulzar oídos inocentes,
mentiras escondidas entre ilusiones dibujadas al antojo de deseos mundanos y primarios.
Sólo existen historias con principios y finales.
Sólo bostezos y mal aliento matutino.
Miradas pérdidas en pensamientos de huída.
Únicamente quedan pedazos de corazones recosidos.
Ropa interior abandonada por viejos dueños de deseos.
Ahora, sólo tenemos la Antártida entre nuestros dedos
y la espada en nuestro corazón.

Comentarios

  1. Eso digo yo, basta ya de tanta cosa bonita.
    Me alegra tu regreso.

    ResponderEliminar
  2. Que bonito post, me he paseado por tu bloc y me ha encantado, te invito a ver el mío, esta semana seguro que muchos de vosotros no resistiríamos la tentación de comerse un buen puñado de castañas calentitas. Pero sabeu cuál es el origen de esta fiesta? ¿Por qué, año tras año, cuando llega el otoño, nos gusta reunirnos con la familia o con los amigos para tostar las castañas y comérnoslas juntos y por eso adornamos la casa. Os explicare algunas razones y cómo decorar el hogar para esta ocasion, Deseo que te guste y si es así y no eres seguidora espero que te hagas, gracias por visitarme.
    Elracodeldetall.blogspot.com

    ResponderEliminar
  3. Para lo bonito ya están otros. Gracias a ti por leerme, Nelly. ☺️

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Julia. Bienvenida a mi rincón.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

Quiero que tus manos dibujen mis curvas, cuenten mis lunares, obvien mi celulitis, mis cicatrices. Quiero que lamas cada rincón para que después tus labios sepan a nosotros. Quiero que me erices la piel sin necesidad de hielo ni desnudar mi alma. Quiero que tu voz sobre mi oído sea solo mía. Que tu lengua sobre mi clavícula provoque mi primer orgasmo. Quiero que diluvie ahí fuera para templar los calores que evocamos el uno frente al otro. Quiero que me recorras con mimo y salvajismo. Quiero que remuevas mi cuerpo. Prometo sacudirte el tuyo hasta agotarte de ti mismo. Quiero que tu boca sepa a mis labios, que mi lengua absorba tus sudores. Quiero que nos deseemos. Dentro. Fuera. En nuestros cuerpos. Quiero que folles mi mente para desear que nos lo hagamos mutuamente. Quiero calmar mis ansias, mis calores, mi pasión desmedida. No valores esta primera vez. Las mejores veces vendrán después. Quiero que despiertes mi cuerpo de este letargo, que recuerdes a cada una de mis células que su …

¿Droga o pasión?

Te deseo. Aquí. Ahora. Tus falanges erizando mi piel. Mi largo cuello convertido en un mapa de tesoros orgásmicos para tus labios carnosos. Tú pisas el acelerador mientras yo me apodero del freno. Tus movimientos circulares bajan directos hacia mi clítoris, ansiando aquello que tanto deseaba, pero que nunca poseyó. Mis yemas prefieren memorizar cada recoveco, cada músculo, cada cicatriz de tu cuerpo. Solo hay una oportunidad para poseerte, para poseernos. Una opción para recordarte en la oscuridad de mis sábanas. Tu lengua ha subido mis revoluciones. Mi mente marca tu espalda, tus brazos, ligeramente tatuados. Desearía ser una parte más de ellos y acariciarte cada noche, perdurando a la mañana siguiente. Has cambiado tu embrague de manual a automático, pero, a veces, resulta más interesante ser de la vieja escuela. Las marchas de cambio agradecen los movimientos de mi mano, adelante y atrás. Las caricias en cada semáforo para absorber tu calor. Las revoluciones en cada salida. Las pa…

No pacto

Alicia reservaba cada viernes para sí misma. Tras una larga semana de trabajo intenso, se sumergía en su bañera de patas doradas e iba sintiendo como los músculos de su cuerpo se descontraían lentamente. Un recorrido que comenzaba por los dedos de sus pies y desembocaba en los cabellos de su cráneo. El olor a rosas de las sales se fundía con los toques ligeramente amaderados de la botella de vino que descansaba en el bidé. Temperaturas contradictorias dentro de aquel particular espacio. La música entraba suavemente por sus oídos sin hacerle perder la concentración de las hojas que yacían entre sus manos. Cuarenta minutos después, su cuerpo descansaba en un mullido sofá y sus pupilas se perdían frente a la pantalla buscando una conversación nocturna de su interés. Conscientemente, le buscaba a él. Aquel que calentaba sus sueños desde hacía casi dos meses. Sin identidades. Una descripción ligera para que ambos no pudieran reconocerse en su pequeña ciudad. Unos ojos verdes allí. Una mele…