Ir al contenido principal

No me robes

No me robes el rayo de sol sostribado sobre tu mejilla.
No me robes tu mirada.
No me robes las caricias de media mañana.
No me robes las palabras calladas.
No me robes las fantasías pendientes.
No me robes los silencios hablados.
No me robes las fotos en blanco y negro.
No me robes tus momentos compartidos conmigo.

Shhhh no te atrevas a robarme mis recuerdos.

Comentarios

  1. Esas cosas no se van.. ni aunque nos las roben ;)

    ResponderEliminar
  2. Esto suena a "déjame con lo mío y quédate con lo tuyo". Kisses!

    ResponderEliminar
  3. Desesperado y real. Que penosa sensacion.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. uFFF!!! Solo sé que suspiraba después de cada frase...

    ResponderEliminar
  5. Gracias por vuestros comentarios. Alexander, no iba con la intención de la distancia, sino de la emotividad.

    ResponderEliminar
  6. Los recuerdos son el más precioso de los regalos de la memoria, aunque se conviertan tan bien en el peor de los males...

    ResponderEliminar
  7. Es lo malo de los demás, siempre se llevan algo de ti. Besos.

    F&F en tu reproductor (y)

    ResponderEliminar
  8. Mucho mejor así, denota una personalidad propia. Algo que sinceramente me parece díficil de encontrar.

    ResponderEliminar
  9. Ya sé sobre que actualizar este finde si saco tiempo entre estudio y estudio :)

    ResponderEliminar
  10. Hasta que no he leído tu comentario no me he dado cuenta de que lo había escrito mal.Quería poner "abocetando",de hacer bocetos.

    ResponderEliminar
  11. Error tuyo no,mujer,que a mí se me había colado una letra al escribir :P

    ResponderEliminar
  12. Nunca por favor, los recuerdos nos hacen sentirnos vivos de todo :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

Quiero que tus manos dibujen mis curvas, cuenten mis lunares, obvien mi celulitis, mis cicatrices. Quiero que lamas cada rincón para que después tus labios sepan a nosotros. Quiero que me erices la piel sin necesidad de hielo ni desnudar mi alma. Quiero que tu voz sobre mi oído sea solo mía. Que tu lengua sobre mi clavícula provoque mi primer orgasmo. Quiero que diluvie ahí fuera para templar los calores que evocamos el uno frente al otro. Quiero que me recorras con mimo y salvajismo. Quiero que remuevas mi cuerpo. Prometo sacudirte el tuyo hasta agotarte de ti mismo. Quiero que tu boca sepa a mis labios, que mi lengua absorba tus sudores. Quiero que nos deseemos. Dentro. Fuera. En nuestros cuerpos. Quiero que folles mi mente para desear que nos lo hagamos mutuamente. Quiero calmar mis ansias, mis calores, mi pasión desmedida. No valores esta primera vez. Las mejores veces vendrán después. Quiero que despiertes mi cuerpo de este letargo, que recuerdes a cada una de mis células que su …

¿Droga o pasión?

Te deseo. Aquí. Ahora. Tus falanges erizando mi piel. Mi largo cuello convertido en un mapa de tesoros orgásmicos para tus labios carnosos. Tú pisas el acelerador mientras yo me apodero del freno. Tus movimientos circulares bajan directos hacia mi clítoris, ansiando aquello que tanto deseaba, pero que nunca poseyó. Mis yemas prefieren memorizar cada recoveco, cada músculo, cada cicatriz de tu cuerpo. Solo hay una oportunidad para poseerte, para poseernos. Una opción para recordarte en la oscuridad de mis sábanas. Tu lengua ha subido mis revoluciones. Mi mente marca tu espalda, tus brazos, ligeramente tatuados. Desearía ser una parte más de ellos y acariciarte cada noche, perdurando a la mañana siguiente. Has cambiado tu embrague de manual a automático, pero, a veces, resulta más interesante ser de la vieja escuela. Las marchas de cambio agradecen los movimientos de mi mano, adelante y atrás. Las caricias en cada semáforo para absorber tu calor. Las revoluciones en cada salida. Las pa…

No pacto

Alicia reservaba cada viernes para sí misma. Tras una larga semana de trabajo intenso, se sumergía en su bañera de patas doradas e iba sintiendo como los músculos de su cuerpo se descontraían lentamente. Un recorrido que comenzaba por los dedos de sus pies y desembocaba en los cabellos de su cráneo. El olor a rosas de las sales se fundía con los toques ligeramente amaderados de la botella de vino que descansaba en el bidé. Temperaturas contradictorias dentro de aquel particular espacio. La música entraba suavemente por sus oídos sin hacerle perder la concentración de las hojas que yacían entre sus manos. Cuarenta minutos después, su cuerpo descansaba en un mullido sofá y sus pupilas se perdían frente a la pantalla buscando una conversación nocturna de su interés. Conscientemente, le buscaba a él. Aquel que calentaba sus sueños desde hacía casi dos meses. Sin identidades. Una descripción ligera para que ambos no pudieran reconocerse en su pequeña ciudad. Unos ojos verdes allí. Una mele…