Cuando nos adentramos en nuestro primer mundo social, donde somos completos desconocidos, donde no sabemos si alguien se dignará o no a mirarnos, tenemos pies de cristal, no es necesario llamar demasiado la atención. Sin embargo, por dentro pedimos, NO, suplicamos que algunos de los allí presentes nos mire y nos sonría; parece que cuando hay una sonrisa de por medio todo desaparece, todo es más simple. La verdad es que no recuerdo cuando fue el día que conocí a mis viejas amigas, (después de haber sobrevivido a un colegio, a un instituto y a la universidad, tengo derecho a considerarlas "viejas amigas") aunque sí recuerdo el momento en que los lazos de unión comenzaron a desaparecer. Lo que antes era nuestro punto de unión, ya desapareció. Diferentes mundos, diferentes ciudades, en definitiva sentimientos diferentes. Echando la vista hacia atrás, me replanteo algunas amistades, porque cuando miro, veo que somos totalmente diferentes; letras contra ciencias, nunca nada fue más contrario. Tal vez por eso la distancia sea más llevadera, si nunca hubo punto de unión porque nos íbamos a mantener pegadas. Ahora toca adentrarse en otro mundo social, pero nunca fui partidaria de las grandes aglomeraciones. Era más fácil crear lazos cuando se tenían ocho o diez años, ahora con veinte y muchos, todo es más complicado. Yo sigo siendo igual de extraña, complicada en algunos casos, pero sobre todo difícil de conocer. La cáscara de timidez nunca se rompe desde dentro, es necesario tener la clave desde fuera. ¿Te atreves a descubrirla?
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
A mi me cuesta tener vida social porque soy muy rara, tal vez muy exigente, no sé. El caso es que intentes conservar a esas viejas amigas, aunque cada una esteis en ciudades distintas estudiando cosas diferentes mantened vivo ese lazo que os une aún, que el mundo no es tan inmenso, ni hay realmente tantos como creemos que hay. Basta con saber que estarán cuando las necesites, no? un beso
ResponderEliminarNo hay nada como los amigos de toda la vida. Quizás porque son "culpables" en parte de haber conformado tu personalidad. Comprenden tus rarezas y no hace falta ocultarlas.
ResponderEliminarUn besote
Carmen
está bien eso! jaja :)
ResponderEliminary me gustaría descrubrirla!
un besito :)