Ir al contenido principal

Ella es MIKA

Mika no era como las demás. Sus pequeños ojos oscurecidos, su pálida piel y su larga melena negra provocaban que todos se fijaran en ella. Sin embargo, ella se sentía como una pequeña pompa de jabón, tan frágil, tan fina, que hasta la mínima astilla podía romper. Le gustaba mirar sin ser vista, observar los gestos de la gente de su alrededor, sus emociones representadas por movimientos, por palabras no pronunciadas, pensamientos ocultos tras ojos grandes, pequeños, claros, oscuros. Ella sabía que todos escondían secretos; algunos pequeños pero otros, otros eran grandes secretos enterrados en la memoria por miedo a ser desvelados a la persona equivocada. Mika cogía su vieja cámara de fotos e intentaba atrapar los secretos, los miedos, las ilusiones de todos aquellos desconocidos. Ella pensaba que cada vez que inmortalizaba una cara, esa persona se desprendía de su secreto, pudiendo viajar más ligero por la vida, buscando nuevos secretos, buenos secretos, de esos que uno esconde pero en momentos de risas acaba revelando. Mika no se escondía, no guardaba secretos. No le gusta hablar de sí misma, de sus sentimientos, nunca llevó bien materializar con palabras lo que deambulaba por su cabecita. Siempre prefirió escribirlo, confesarse con aquel viejo cuaderno, así sus sentimientos parecían más reales. Aún hoy se esconde detrás de sus ojos castaños guardando verdades.

Comentarios

  1. oh! me encanta :)
    Que chica tan increible esa tal Mika :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

Quiero que tus manos dibujen mis curvas, cuenten mis lunares, obvien mi celulitis, mis cicatrices. Quiero que lamas cada rincón para que después tus labios sepan a nosotros. Quiero que me erices la piel sin necesidad de hielo ni desnudar mi alma. Quiero que tu voz sobre mi oído sea solo mía. Que tu lengua sobre mi clavícula provoque mi primer orgasmo. Quiero que diluvie ahí fuera para templar los calores que evocamos el uno frente al otro. Quiero que me recorras con mimo y salvajismo. Quiero que remuevas mi cuerpo. Prometo sacudirte el tuyo hasta agotarte de ti mismo. Quiero que tu boca sepa a mis labios, que mi lengua absorba tus sudores. Quiero que nos deseemos. Dentro. Fuera. En nuestros cuerpos. Quiero que folles mi mente para desear que nos lo hagamos mutuamente. Quiero calmar mis ansias, mis calores, mi pasión desmedida. No valores esta primera vez. Las mejores veces vendrán después. Quiero que despiertes mi cuerpo de este letargo, que recuerdes a cada una de mis células que su …

¿Droga o pasión?

Te deseo. Aquí. Ahora. Tus falanges erizando mi piel. Mi largo cuello convertido en un mapa de tesoros orgásmicos para tus labios carnosos. Tú pisas el acelerador mientras yo me apodero del freno. Tus movimientos circulares bajan directos hacia mi clítoris, ansiando aquello que tanto deseaba, pero que nunca poseyó. Mis yemas prefieren memorizar cada recoveco, cada músculo, cada cicatriz de tu cuerpo. Solo hay una oportunidad para poseerte, para poseernos. Una opción para recordarte en la oscuridad de mis sábanas. Tu lengua ha subido mis revoluciones. Mi mente marca tu espalda, tus brazos, ligeramente tatuados. Desearía ser una parte más de ellos y acariciarte cada noche, perdurando a la mañana siguiente. Has cambiado tu embrague de manual a automático, pero, a veces, resulta más interesante ser de la vieja escuela. Las marchas de cambio agradecen los movimientos de mi mano, adelante y atrás. Las caricias en cada semáforo para absorber tu calor. Las revoluciones en cada salida. Las pa…

No pacto

Alicia reservaba cada viernes para sí misma. Tras una larga semana de trabajo intenso, se sumergía en su bañera de patas doradas e iba sintiendo como los músculos de su cuerpo se descontraían lentamente. Un recorrido que comenzaba por los dedos de sus pies y desembocaba en los cabellos de su cráneo. El olor a rosas de las sales se fundía con los toques ligeramente amaderados de la botella de vino que descansaba en el bidé. Temperaturas contradictorias dentro de aquel particular espacio. La música entraba suavemente por sus oídos sin hacerle perder la concentración de las hojas que yacían entre sus manos. Cuarenta minutos después, su cuerpo descansaba en un mullido sofá y sus pupilas se perdían frente a la pantalla buscando una conversación nocturna de su interés. Conscientemente, le buscaba a él. Aquel que calentaba sus sueños desde hacía casi dos meses. Sin identidades. Una descripción ligera para que ambos no pudieran reconocerse en su pequeña ciudad. Unos ojos verdes allí. Una mele…