Mika no era como las demás. Sus pequeños ojos oscurecidos, su pálida piel y su larga melena negra provocaban que todos se fijaran en ella. Sin embargo, ella se sentía como una pequeña pompa de jabón, tan frágil, tan fina, que hasta la mínima astilla podía romper. Le gustaba mirar sin ser vista, observar los gestos de la gente de su alrededor, sus emociones representadas por movimientos, por palabras no pronunciadas, pensamientos ocultos tras ojos grandes, pequeños, claros, oscuros. Ella sabía que todos escondían secretos; algunos pequeños pero otros, otros eran grandes secretos enterrados en la memoria por miedo a ser desvelados a la persona equivocada. Mika cogía su vieja cámara de fotos e intentaba atrapar los secretos, los miedos, las ilusiones de todos aquellos desconocidos. Ella pensaba que cada vez que inmortalizaba una cara, esa persona se desprendía de su secreto, pudiendo viajar más ligero por la vida, buscando nuevos secretos, buenos secretos, de esos que uno esconde pero en momentos de risas acaba revelando. Mika no se escondía, no guardaba secretos. No le gusta hablar de sí misma, de sus sentimientos, nunca llevó bien materializar con palabras lo que deambulaba por su cabecita. Siempre prefirió escribirlo, confesarse con aquel viejo cuaderno, así sus sentimientos parecían más reales. Aún hoy se esconde detrás de sus ojos castaños guardando verdades.
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
oh! me encanta :)
ResponderEliminarQue chica tan increible esa tal Mika :)