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Propósito de pasatiempo

Hacía tiempo que la lectura no estaba dentro de mis hábitos, más por el acumulo de cosas, que por desinterés. Sin embargo, este año me he propuesto convertirme en una lectora empedernida y chupar todo lo que la literatura pueda darme. No tengo un género concreto porque el que tenga predilección, por ello, me he propuesto leer todo aquello que llame mi atención: una sinopsis atractiva, una carátula llamativa, todo lo que me guste, trataré de caiga en mis manos. Hasta el momento, he disfrutado de "Si supieras que nunca he estado en Londres, te volverías de Tokio", el cual seleccioné gracias a la opinión de la bloguera Gacela (aquí os dejo su blog para que le echéis un vistazo, si aún no lo habéis hecho http://gritandoensilencio.blogspot.com/ ) Es un libro que muestra la inquietud de una relación frustrada, con todo lo que ello conlleva. También acabo de terminar "Perdona que te llame amor", que te anima a vivir la vida intensamente y a la manera que te dé la felicidad. Ya tengo apuntado en mi lista algún otro del mismo autor.
El primero del año fue "O Vencedor está só" de Paulo Coelho. Se trata de una novela negra, donde se ve hasta donde somos capaces de llegar por no aceptar la realidad. Si nunca habéis adentrado en este autor, sólo deciros que es bastante ameno, literatura de piscina, que ahora que llega el tiempo, vendrá bien.
Ya iré hablando un poquito sobre lo que vaya adquiriendo.

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LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

Carta de despedida a un desconocido

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Recuérdalo siempre: "soy lo que quieres que sea al igual que tú eres lo que yo imaginaré que eres".
Lo que dueles, joder.
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