domingo, 17 de febrero de 2013

Explotemos juntos en alguna ocasión (continuación de "Ni tú pá mi, ni yo pá ti")




Y, de repente, para, se yergue y se distancia de él unos escasos centímetros, que ni el silencio se hubiera atrevido a atravesar. Le mira directamente a los ojos. Ella roza sus propios labios con su lengua para terminar con un pequeño mordisco en el labio inferior, por la parte izquierda de éste. Él se mantiene inalterable en su posición, controlando su deseo por ella, aunque su entrepierna tenga vida propia y roce suavemente el muslo derecho de su enigmática compañera sexual. Ella se inclina sobre él y echa su cálido aliento sobre la fina piel de su cuello provocando que ésta se erice, para terminar con un lametón a la altura de la barbilla. Y sin que ambos se rocen, sus lenguas se acarician atrayéndose entre si para terminar en un apasionado beso, que aunque comienza lento, termina salvaje, ansioso, donde las manos invaden el cuerpo del otro. Él la sube a la altura de su cintura y la penetra fuerte, mientras ella le rodea con sus piernas y su espalda es ahora la que golpea la pared del cuarto, cubierta con viejos posters de grupos que ahora ya no existen, pero que reviven en la melodía que llega desde el portátil, al otro lado de la puerta. Ella agarra fuertemente el cabello de él, a la par que con cada embestida clava las uñas de su mano derecha sobre su brazo. Le resulta seductor dejarle una marca para que no la olvide, para que ansíe volver a poseerla, aunque es difícil distinguir quien posee a quien. Él mantiene su pene erecto mientras la va embistiendo cada vez más rápido hasta conseguir que ella consiga el primer orgasmo de la noche. Su jadeo es señal de la meta conseguida. Se miran a los ojos. Se besan ávidamente.  Aún con el pene dentro de ella, se trasladan a la cama, donde la deposita con delicadeza. La tiene a su disposición. Un cuerpo desnudo que en ese momento parece tan frágil, pero que al mirarla a los ojos choca con una personalidad arrasadora, provocativa, caótica, sensual, irresistible para él. Ella no deja sus manos quietas, pues desea la forma de los bíceps de él hasta tal punto que el sólo roce es capaz de conseguir que el deseo florezca entre sus piernas. Por ello, a él no le queda más remedio que atar sus manos con su propia camiseta, que hasta hace un momento cubría su torso. Ella no se resiste. Sus manos quedan por encima de su cabeza y él acaricia con las yemas de sus dedos la piel de sus brazos que va descendiendo con lentitud hasta llegar a la altura de los pechos que cubre con las palmas de sus manos. Estos quedan ocultos cada vez que las manos se posan sobre ellos y antes de retirarlas, él termina con un pequeño pellizco, que provoca un gritito en la garganta de la joven. Él no la mira. Continua su camino por el costado izquierdo y succiona donde reaparece el hueso de la cadera para volver a subir y hacer lo mismo sobre la clavícula; esto provoca que ella comience a moverse agitadamente, por lo que él continúa su profundo beso de clavícula, hasta conseguir que ella roce el éxtasis sexual de forma inusual. Le desata las manos. Ella se abalanza sobre él y éste deja que su cuerpo sea manejado por el frágil cuerpo que intenta marcar su superioridad física, sin demasiado éxito, sino fuera por la rendición por parte de él. Después ambos se colocan de lado. El torso de él sobre la espalda de ella. La pierna de ella ligeramente adelantada. El pene, ya preparado para penetrar y correr, busca y encuentra a su compañera. Al principio va alternando un ritmo lento con otro más rápido, y poco a poco, al ritmo de los gemidos de ella, va aumentando las embestidas. La respiración se entrecorta. El pene rígido y ansioso por descargar dentro de la calidez que emana el cuerpo de ella. Cuerpos sudorosos. Palabras prohibidas susurradas al oído. La mano de él gira su rostro y sus labios se besan apresuradamente mientras ambos alcanzan el orgasmo. Primero, ella. Unos segundos después, llega él. Y justo cuando él termina de correrse, ella contrae los músculos de su vagina provocando así que la intensidad aumente.
Quedan así durante un breve momento; minutos, tal vez. El tiempo no importa. Ellos quieren el aquí y el ahora, no buscan el mañana. Y, cuando siente que los dedos de él buscan una caricia, sabe que es el momento de adentrarse nuevamente en la oscuridad que reside en ella. 

17 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Espero que su excitación haya sido más extensa que su comentario. :P

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    2. No sabemos si las palabras escritas son pura inspiración o pura fantasía...

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    3. Se supone que la inspiración la pongo yo y la fantasía deberías ponerla tú, pero podemos intercambiar papeles cuando quieras......

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    4. Me refiero a si te basas en tus experiencias o es pura verborrea..

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    5. ¿Cambiaría en algo la lectura?

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    6. Simple curiosidad, perdón si le incomoda..

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    7. Tenemos que decidirnos, o nos tratamos de usted o de tú. No, no me incomoda. Creo que sería imposible inventar absolutamente todo, por lo que es necesario tomar de nuestra propia experiencia o mundo para crear. Ahora, el grado de lo reflejado sólo lo sé yo. De todas formas, no me ha contestado a la pregunta. ;)

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    8. No cambiaría en nada, la lectura..

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    9. Lo importante de la lectura es disfrutar con ella en tantos aspectos como la imaginación del lector esté dispuesta a ello. Si he conseguido eso contigo, para mí ya es satisfactorio.

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    10. Sientase muy satisfecha.

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    11. Me he quedado sin palabras. Gracias.

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  2. Con la primera parte me quedé en vilo...ya completo, genial! ;)

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    1. No se puede dar todo de una sola vez. La insinuación es más provocador que la pura mostración en si.

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  3. Morbo, sensaualidad, atracción... Lo tiene todo.
    Enhorabuena. Saludos.

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    1. Viniendo de alguien que disfruta del sexo en su más amplio sentido, tus palabras son todo un halago. ;)

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Confesó