jueves, 29 de noviembre de 2012

Éste es mi lado



Parte extraída del diario privado de la víctima suicida del Mirador de la ciudad. 

Ahora, ya no estás y nada importa. Intento reprimir estas palabras, guardarlas en lo más profundo de mi corazón, pero gritan por una salida. Mis dedos comienzan a teclear tu nombre sin ni quisiera darme cuenta. Escribo esto cuando ya te has ido, quien sabe hacia qué lugar del olvido. Conmigo creabas un mundo donde sólo existía el ahora, sin un pasado y sin preguntar un porqué. Tú no dabas explicaciones. Yo tampoco las busqué. La corriente iba a favor de los dos y sólo nos dejamos llevar.

En la soledad de mi habitación, cuando la noche se confunde con mis pensamientos, pienso que sólo fui un juguete efímero porque como él, he quedado olvidada en un rincón, esa muñeca rota, sin explicación. Ni siquiera me has expuesto en la cama, como a los peluches, que guardas con cariño, o sobre la estantería porque aún era doloroso deshacerte de mí.

Si me hubieras preguntado, o simplemente si hubieras intentado escuchar más allá de mis palabras, te hubieras dado cuenta que mis cartas estaban en blanco, dispuesta a dibujar en ellas lo que tú hubieses indicado. Pero, fue más fácil abrir la puerta y no echar la vista atrás. Buscar el pretexto en palabras que no escondían nada, tú que jugabas con ellas a la huída y las mezclabas tan sutilmente que podía pasarme horas escuchando las palabras que elegías. Pero a veces es más fácil no querer ser consciente de las cosas.

Puede que yo esté perdiendo la perspectiva, que el deseo por tu cuerpo me nuble la vista mientras mi dedo recorre las palabras de tu espalda. Tal vez sólo fue una buena fantasía, que acabó en unos cuantos buenos orgasmos, aunque sabes, yo, yo llegué a vislumbrar algo un poquito más allá. Pero habrá sido sólo cosa mía.

     Recupera tu mundo, porque yo ya no estaré en él hasta que tú me busques.

martes, 27 de noviembre de 2012

Email devuelto (reeditada)



No sé si estas palabras cumplirán su fin, el de llegar a ti. Acabo pidiendo disculpas tantas veces sin ni quisiera llegar a saber en qué me he equivocado; por tu parte, tú siempre estás aclarando demasiadas cosas. No es que yo quisiera acusarte de nada, pero las inseguridades se apoderan de mí y es más fácil estar en la parte negativa del asunto, aunque el fondo se esconda en mí un pequeño resquicio de positivismo.
Siempre te he dicho que para que la comunicación sea efectiva es necesario que seamos dos; por ello, ése es nuestro problema, no habernos sentados y haber mostrados nuestras cartas, sin reproches ni acusaciones. Ambos somos demasiado adultos para escondernos como chiquillos. Diferenciar el sexo del amor no sólo es cosa de la edad. Pero nunca supe en cuál de los dos lados estabas o si realmente querías los dos.
Tantas idas y venidas; verdades a medio confesar, jugueteos mostrados en todo su esplendor. Todo aquello fue verdad. Me hiciste sentir que lo fue. No me digas que estoy equivocada. Entonces, por qué ahora ya no estás. Abandonas mi mundo sin ni quisiera una nota de despedida en mi puerta, a la que tantas veces llamaste para entrar. Ni una dirección. Ni un teléfono. Sólo un cuerpo que se adentraba en mi cama cada noche buscando el calor de mi cuerpo desnudo. Un nombre sin identificar que se adueña de mi mente.
¿Qué hice mal?
¿Por qué ya no estás?
¿Dónde has ido?
Las lágrimas ruedan por sus mejillas mientras introduce cada una de estas palabras, tal vez porque sabe que esta vez ella no esperará una respuesta que nunca va a llegar.
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Este email se visualizó en la pantalla del ordenador portátil de la víctima, que se arrojó del Mirador de la ciudad, a la misma hora que el sol comenzaba a despertar. Sin embargo, se pudo comprobar que nunca llegó a su destinatario, tal vez porque éste prefirió desconocer el triste final de esta historia.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Tensión por whatsapp

Marta se encontraba dormitando en el sofá cuando un pequeño pitido seguido de una intensa vibración le hizo regresar a la realidad. Extendió el brazo derecho para coger su Smartphone y pudo comprobar que había un whatsapp que decía:

-Hola, ¿cómo estás?

Ella, un poco extrañada, pues no estaba dentro de sus contactos, le preguntó:

-¿Quién eres?
-¿Tan pronto me has olvidado?, reescribió rápidamente al otro lado de la pantalla.
-Creo que te has confundido de persona, le dijo ella.
-Yo nunca me confundo, Marta, querida.

Entonces sus manos empezaron a temblar.

-¿Cómo has conseguido este número?, le preguntó con temor.
-Ya te dije que te encontraría, todo es cuestión de tiempo.
-Olvídame, por favor. Vive tu vida sin mí.
-Estás equivocada, querida, se trata de NUESTRA vida. ¡¡Recuérdalo!! Juntos hasta que la muerte nos separe.
-¿Y será por eso que ya has estado a punto de matarme dos veces? ¿Es que no es suficiente? ¿A esto lo llamas amor?
-Te quiero tanto, Marta, que soy capaz de matarte para hacer que nuestro amor sea eterno.
-Eso no es amor, ¡JODER!, ¡Yo ya no te quiero! ¡No eres el hombre con el que me casé! ¡No te reconozco!
-Eres tú la que ha cambiado, la que se va fijando en otros hombres como una vulgar zorra pero yo te llevaré por el buen camino, te enseñaré a ser una buena esposa, ¡no te preocupes, cariño!
-Yo nunca volveré contigo. El amor no es marcarme la espalda con tu cinturón ni follarme sólo cuando tú decidas aunque yo diga que no. Me has maltratado y violado y ya he dicho, ¡BASTA! Si alguien tiene que morir, te aseguro que trataré de no ser yo. ¡No te voy a dejar ganar esta lucha!

Marta desconectó su teléfono. Le quitó la tarjeta SIM. Recogió sus cosas en una pequeña maleta; ya estaba acostumbrada, pues llevaba cinco mudanzas en menos de un año, tres ciudades distintas, pero siempre la acababa encontrando. Era hora de tomar las riendas de su vida. Frente al lector de salidas del aeropuerto, eligió uno al azar. Allí estaba su nueva vida.

viernes, 23 de noviembre de 2012

ObsesivaCompulsiva




Se podría decir que su actitud es comparable al chocolate; sabes, que no debes comerlo, pero cuando quieres darte cuenta ha desaparecido media tableta entre tus labios y ya sólo queda una pequeña mota de chocolate en tu rostro. Las marcas del delito que todos tratamos de ocultar. Ella sabe que cuando pierde el control se distancia cada vez más, pero no puede evitarlo, se le escapa de las manos, como cuando tratas de retener el agua y ésta se acaba marchando entre tus dedos. Pone una tirita tras otra y otra más, pero la herida no tiene tiempo de curarse, porque lo que necesita es al aire fresco, no capas de excusas y obviedades. Se siente una pequeña loca en su armario de latón buscándose entre los espejos, pero hace tiempo que dejó de reflejarse en ellos. Ahora, sólo ve un espectro de sí misma; las cuencas vacías penetran hasta el ser que un día fue, que yace escondido en la quinta costilla del ayer. Y se pregunta, ¿dónde está mi realidad? Debilidad, fragilidad, inseguridad, irracionalidad, locura. De esta tarta sólo quedan las migajas y eso que el sabor era rancio y amargo. En estos momentos podemos ver cómo sopla y sopla a velas que nunca existieron. Una loca en su mundo tratando de aprender pero ha provocado que el mar borre las huellas.