domingo, 18 de abril de 2010

Para cuánto da una cola en el KingAuto

Lánguidas miradas a través de motas de lluvia. Corazones inundados de salpicadas. Sonrisas dirigidas al infinito. Bastos gestos de cariño. Melenas tintadas de oscuridad. Pensamientos perdidos entre parques rotos. Luces de neón deslumbrando pasiones. Juego de coqueteos malintencionados. Besos intermitentes tras cristales empañados y miradas furtivas. Desconocidos a mí alrededor. Tiovivo de sentimientos y corazones encontrados.
Todo esto pasó ayer por mi cabezita mientrás hacía cola en el KingAuto (desconozco si éste es su nombre real). Era tarde, llovía y ahí estaba yo, sola en mi coche, encendiendo y apagando los parábrisas (la lluvia era intermitente), preguntándome que pensamientos se estarían cruzando por todas aquellas jóvenes mentes, movidos por el ansia de la comida basura. ¿Qué se os pasa a vosotros por la mente en la cola del KingAuto o cualquier otra?

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Confesó