lunes, 18 de mayo de 2009

Necesidad

Según la RAE, la palabra necesidad tiene los siguientes significados:

1.
f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.

2. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.

3. f. Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.


Pero, el más interesante es: 2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.
El ser humano es y será un ser social. No puedes esconderte, necesitarás expresarte, comunicarte. Necesidad de ser un ser social.
Necesito expresar mis inquietudes.
Necesito vencer mi silencio.
Necesito romper mis barreras.
Necesito más.
Necesito contar.
Necesito reír.
Necesito seducir.
Una necesidad tiende a ser algo básico para sobrevivir. Sin embargo, en la sociedad de hoy el término NECESIDAD está oculto bajo el CAPRICHO.
Necesitamos cosas por puro placer y para la integración en un grupo social. Todos pertenecemos a un grupo, aunque éste sea el ANTIGRUPO, al antisocial.
Es así como últimamente me defino. Aunque realmente, es un uso erróneo de la palabra. El antisocial es aquél que va o lucha contra la sociedad. Pero, no soy así. Más bien, parece que la sociedad huye de mí.
Iniciar la búsqueda de ese grupo social, a menudo es fácil. Todo depende de la facilidad de interrelación de cada ser humano.
Al carecer de esa facilidad de comunicación, empiezan los problemas de búsqueda del grupo.
El camino de la vida hace que vayas cambiando de grupo o, en algunos casos, que tu grupo se disuelva, quedando el vacío del grupo. No por decisión, sino, por necesidad.
Necesitamos respirar, corres, beber, vestir, pero inevitablemente, necesito de la sociedad para avanzar, para crecer personalmente.
Ahora, yo busco mi grupo. ¿Dónde está?

domingo, 17 de mayo de 2009

Pereza

Mi necesidad de expresarme, es mi pereza de leer. Leer esos apuntes que cada día me miran con necesidad de sacudirles el polvo. Pero, mi vista es más rápida que ellos, y casi ni nota su presencia. El problema de esto, no es el tema de estudio. Puede ser interesante, incluso divertido o apasionante. Pero ESTUDIAR, verbo preconcebido como acto tedioso, aburrido, sin interés.
Echo la vista atrás para recordar mi relación con la lectura y con los libros. Se remonta años atrás (ya estoy en los veinte y muchos). Recuerdo mis clases de Lengua en el colegio. Todas las semanas, recuerdo que era viernes, íbamos a pasear a la parte trasera del patio de recreo. El profesor, vagamente recuerdo su nombre, y también director, en aquellos momentos, elegía al azar a uno de nosotros y tenías que hacer frente a los nervios, hablar de aquellas aventuras que habías descubierto a lo largo de la semana en unos pequeños libros, formato bolsillo. Eran libros peculiares, que cogías en la pequeña biblioteca de 2 x 2 metros (disculpen, pero soy de letras). Siempre estaba cerrada. Un pequeño tesoro, sólo disponible para unos pocos osados. Tenías que pedir que te abrieran la puerta. Una llave hacía la fantasía y la evasión; la evasión de la propia vida.
La curiosidad de esos libros residía en la diversidad de historias, dentro de aquellas cincuenta hojas. Al final de cada capítulo, tenías tres o cuatro opciones a elegir. Cada una marcaba una historia diferente. Siempre podías cambiar de opinión si el final no te gustaba. Letras + letras hacían una historia. Experiencias + experiencias hacen una vida.

Cuatro letras de pensamiento

Cuando empiezo a vaguear por la casa sin saber a qué aferrarme o cuando soy capaz de pasar media hora frente a la lavadora sin tener conciencia de mis pensamientos, es momento de meditar. Reflexionar. Una llamada dentro de mí clama salir al exterior.
Todos queremos tener cinco minutos de gloria o que nuestra historia llegue al mundo. Por eso, hoy, 17 de mayo, estoy frente a ti. Intentaré que mis palabras suenen a gloria, aunque sólo sean entre tú y yo. Es mi historia. No es importante. Ni diferente. Ni más triste que cualquier otra. Pero sigue siendo mía.
Hace algunos meses que mi pensamiento se ve invadido por pequeña nubes de ideas, que se agitan de un lado a otro, pero sin tener el valor de salir.
Si en una entrevista de trabajo, me pidieran para describirme y tuviera la osadía de ser yo, de contar lo extraño y atípico que alberga en mi, diría: veinteañera, mileurista, solitaria (si no fuera por mi chico y por mi perrita), insegura, tal vez con ideas, pero sin atrevimiento a sacarlas, o, simplemente, sin nadie que sepa valorarlas. Soy yo. No siempre estoy conforme conmigo, pero, SOY YO.
A veces, deseo ser diseñadora pero sólo tardo unos segundos en recordar mis garabatos de la escuela y despierto a la realidad. Otras veces, desearía tener el "don" de la escritura, pero mí "sin estilo" y mi escaso glamour, me dan bofetadas de realidad. Tal vez, debería conformarme con ser una chica normal, que pasaría la vida del punto A al punto B y los fines de semanas al punto C. (cómo le decían al Director Skinner, de los Simpsons).
Últimamente, no encuentro fuerzas para abrir las tapas de ese libro que se ha cubierto de polvo sobre la mesilla, mesa o cajón. (Es ultramoderna y minimalista, por lo que ya ni sé cómo llamarla). Segundo motivo para no ser escritora (lo siento, no he avisado que esto sería una enumeración): la inspiración dura unos segundos y no soy tan ágil como para poder aprovecharlos. Tal vez, debería ser una escritora que no escribe. Sólo piensa. De una página excepcional mental, sólo quedan cuatro letras buenas. ¿Podría ser escritora de cuatro letras?