Ir al contenido principal

¿Cuándo me dejarás ganar?

Tres gotitas blancas en los surcos de su boca, pero su mano sigue acompañando a los movimientos de su boca, hasta que él lanza el último suspiro al aire......... Dirige su brazo derecho por detrás de su espalda y la deposita sobre el colchón. Sus pechos yacen tapados sutilmente por los mechones de pelo que se han escapado de su trenza. Su tersa piel de porcelana sólo está cubierta por una minifalda negra que él pidió expresamente no fuese aún retirada. Alzó los brazos de ella por encima de su cabeza, suavemente, con caricias, sin miradas. Una muñeca sobre la otra depositada. Fueron atadas con la corbata negra que él le retiró a ella hace aproximadamente una hora. Un nudo firme pero delicado. Las yemas de sus dedos bajan recorriendo sus brazos hasta sus axilas, para acabar en sus pechos. Pezones erectos por el frescor que entra por la ventana. Un casto beso en los labios le dedica él, pero ella le sigue buscando con su lengua. Sólo sus propios labios la reciben. Él está recorriendo su cuello con su lengua, con sus labios, con pequeños mordiscos hasta llegar a su clavícula.........ahí se para con un dulce beso......alza su mirada hacia ella.......y vuelve a besar esa porción de su cuerpo con intensidad, como si estuviera besando sus labios. Ella encoge su cuerpo, se estremece desde los tobillos hasta las orejas. Y de ojos cerrados, siente que los labios de él la están besando muy lentamente, por fuera. Ella pacientemente espera que su espacio sea invadido por unos labios carnosos, por una lengua traviesa.......Un beso ansiado, provocado, único y final. Y sus manos tratan de zafarse de la corbata que antes sujetaba su camisa blanca, deseosa de acariciar su piel, recorrer su mandíbula, marcar su columna vertebral, pellizcar su trasero, pero sólo puede arrimar su cuerpo a su piel caliente y morena. Respirar su olor. Oír sus susurros. Él tira de la trenza obligándola a levantar la cabeza, así puede continuar marcando el recorrido; su lengua húmeda por entre sus pechos, besos intensos en las caderas. Sus manos se deslizan por la cremallera de la falda y empieza a retirar ésta con lentitud, dejando a la vista la desnudez absoluta de la jugadora. Tres castos besos en el pirineo. Ella deseosa de él. La punta de su lengua recorre todo su territorio, absorbe su humedad. Clava sus ojos en los de ella cuando se para en el punto concreto, donde ella le suplica en silencio. Primero lame el clítoris con sutileza, de arriba a abajo; poco a poco va incrementando su intensidad, a la par que suben los decibelios de sus gemidos. Las manos de él firmes sobre las caderas. Succiona el clítoris durante breves segundos y continúa con sus movimientos claros y concisos hasta provocar que ella deshaga el nudo de sus muñecas y sus manos se entremezclen con los mechones de él. Iris disperso. Extremidades extendidas. Garganta ahogada por los gritos y.......placer, placer, placer provocado por él. 

Comentarios

  1. Este texto le hace subir a uno el tono vital. ¡Vaya ardor de Ardid!
    Va a resultar que hay algo nuevo bajo el sol: tú.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con estas bajas temperaturas que por lo menos la imaginación sea ardiente.... Yo prefiero esconderme bajo la luna ;)

      Eliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

Escape

Trato de buscar la inspiración a golpe de cama. Devoro unos labios como si nunca me hubieran alimentado antes. Siento su humedad transferida a mi oxidada boca. Recorro su bíceps solo para recordarlo entre las sábanas. Acaricio sus cicatrices sin saber quiénes se las hicieron. Este trato no conlleva preguntas indiscretas. Todo se vuelve rápido, ansioso, pasional, el deseo de sabernos poseídos y de marcarnos mutuamente. Evitamos miradas ocultas tras el velo de la sexualidad. Mi lengua lame su cuello, absorbe su olor. Mis dientes dejan huella en el centro de su aureola. Su espalda es testigo del paso de mis uñas en cada embestida, recuerdos perecederos que emanan de su sonrisa. Su pene siente mi calor interno, lo acoge con desesperación. Una única vez. Dos cuerpos depositados en un viejo colchón. Un pensamiento, el del sexo. Otro pensamiento, el de no volverse a ver.

Ictus

Ya está aquí otra vez esta puta. Podría dejar de darme el coñazo de una jodida vez. Ahora me obligará a levantarme, a beberme esa mierda de café que hace y comerme unas galletas porque nunca tiene tiempo para hacerme un desayuno en condiciones. Menuda suerte tiene de que no pueda enseñarle cómo cojones tratar a un hombre. ¡Maldita la hora que me dio este puto ictus! La muy zorra que pretendía abandonarme, ¿quién coño se había creído que era ella? Que le pego, dice. Mas tenía que haberle pegado para que aprendiera a respetarme. Ella es la que me debe respeto a mí que para eso soy su marido. Seguro que ahora aprovecha para tirarse a cualquiera, la muy puta. ¡Qué suerte tiene que no me pueda mover de esta jodida silla! Pero soy yo quién ríe el último. Ahora no podrá dejarme nunca, sonrío mientras la miro, y me mira con extrañeza.
–Déjame, coño, ya. ¡No necesito tu ayuda, joder!
–Como quieras, pero o empiezas a tratarme con respeto o tendrás que apañártelas tú solito.
–¿Dónde crees que…

Querido diario

Querido diario,
Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía.  Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi ira no ex…