Ir al contenido principal

De compras y otros placeres

Sentía cómo los nervios recorrían su estómago, de abajo a arriba, de arriba a abajo. Era una emoción sin igual. Ya se había comido las uñas de ochos dedos. Pronto, les tocaría a las de los pies. El corazón le palpitaba a cada paso. Sus piernas ya le empezaban a temblar. Parecía una Barbie a dieta (recuerdo las huesudas rodillas de mi barbie de la juventud). Frente a la puerta comenzó a gritar. El resto de chicas giraba a la cabeza, como un alien en busca de su presa. ¿Quien, quien? Ella, sin dudar, comentó: ¡ropa, ropa! ¡zapatos, accesorios! ohhhhhh, ¡bolsos: marrones, negros, de colores, de estampados! Entonces, la Amanda persona desapareció y se convirtió en la compradora: cara boba, ojos haciendo chiribitas y la eterna duda: ¿por dónde empezar? ¿Cómo combinar? Tres horas después, dos bolsas en cada mano, un par de pitillos, unas botas militares y todo lo que se le pudiera antojar, salió por la puerta. Desde fuera, veía como los eternos novios acumulaban entre sus brazos todo tipo de prendas, sólo deseando que esa fuera la última. Otro día más de la nueva temporada.  Éste es su placer.

PD: Lo siento, la clave de humor no es lo mío. Hoy, han inaugurado nueva tienda de ropa en la ciudad y la emoción me inunda. Para mi gusto, hay poquísimas. Ahora me voy a conocerla. Buen fin de semana.

Comentarios

  1. Amo las compras bueno creo que a todas la chicas nos encanta. Pero me frusta ir a tiendas y no encontrar nada que llame mi atención...

    Ya estoy de vueltas, gracias por siempre, sempre, estar allí.

    ResponderEliminar
  2. Ojalá que tú texto se haya hecho realidad(:

    ResponderEliminar
  3. Nun-ca hay suficientes! ^_^ Espero que hayas arrasado con media tienda por lo menos! jijiji

    Un Besin!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

Carta de despedida a un desconocido

Buscando palabras que no consigo encontrar para ti, cuando tantas veces te he inundado con ellas. Pensamientos caóticos, sentimientos incoherentes, deseos irrefrenables. Y ahora lo único que consigo encontrar son lágrimas derramadas borrando estas letras. Un adiós de almohada es lo que hemos tenido, cuando ni siquiera llegamos a tener un hola de mirada traviesa. Un adiós de las siete de la mañana silencioso, oculto, misterioso, como fue y será siempre tu presencia, como te gustó que fuera. Hubo tantas despedidas, pero duele saber que ésta es la definitiva, que ya no habrá miradas atrás, ni conversaciones nocturnas.
Dos vidas tan opuestas que el capricho de la vida quiso unir para volver a desunir sin oportunidad ni opción. Un esperar nada y la nada es lo que hemos obtenido.
Recuérdalo siempre: "soy lo que quieres que sea al igual que tú eres lo que yo imaginaré que eres".
Lo que dueles, joder.
-----------------
El ladrón de sueños

No pacto

Alicia reservaba cada viernes para sí misma. Tras una larga semana de trabajo intenso, se sumergía en su bañera de patas doradas e iba sintiendo como los músculos de su cuerpo se descontraían lentamente. Un recorrido que comenzaba por los dedos de sus pies y desembocaba en los cabellos de su cráneo. El olor a rosas de las sales se fundía con los toques ligeramente amaderados de la botella de vino que descansaba en el bidé. Temperaturas contradictorias dentro de aquel particular espacio. La música entraba suavemente por sus oídos sin hacerle perder la concentración de las hojas que yacían entre sus manos. Cuarenta minutos después, su cuerpo descansaba en un mullido sofá y sus pupilas se perdían frente a la pantalla buscando una conversación nocturna de su interés. Conscientemente, le buscaba a él. Aquel que calentaba sus sueños desde hacía casi dos meses. Sin identidades. Una descripción ligera para que ambos no pudieran reconocerse en su pequeña ciudad. Unos ojos verdes allí. Una mele…