Ir al contenido principal

Encuentros de fin de semana


Sintió como rozó su mano tan sutilmente que en cualquier otra situación lo hubiera confundido con una suave pluma dibujando sobre su piel. Sus miradas se habían encontrado los últimos fines de semana. Miradas penetrantes, directas. Ninguno ocultaba su deseo. Cada noche se desnudaban, se perfilaban en la mente del otro como dos viejos amantes encontrados en otra vida, en otro momento. Le había visto marcharse cada noche, dejándola allí, sola, rendida ante él, ante su mirada. Ahora, sus manos agarraban con fuerza su cadera obligándola a moverse al compás de la música, ésa que te invita a balancearte, a fundirte con ella como un único ser. Sus miradas frente a frente se comían mutuamente. Evitaron las palabras, inútiles ante el gentío, y se mecieron dulcemente de un lado a otro. Ella sentía sus pectorales cada vez más cerca de su cuerpo, obligados por el ambiente allí reunido. Sus corazones competían por palpitar más fuerte, más rápido. Ella levantó su mirada para detectar sus carnosos labios, pudiendo así besarlos, como tantas veces había deseado. Un beso largo, apasionado, lento, dirigido por ella como la batuta de una orquesta. A cada beso, él iba lentamente meciendo sus manos por su cintura, su cadera, su trasero. Esculpiéndola en vida, en ese mismo momento. Hacía tiempo que soñaba con esas curvas, que las dibujaba una y otra vez en su viejo cuaderno de dibujo. Ella aparecía en sus sueños, en sus deseos, en sus creaciones. De repente, se descubrió a si mismo sacándola de aquel lugar. Sus manos entrelazadas como una pareja en su primera etapa de amor. Se acabó la música, que ahora ya sólo estaba en la lejanía, la gente que los separaba que permanecían en otro mundo, fuera de ellos dos. 

Allí, en el callejón, se besaron ávidamente como si tuvieran miedo a ser descubiertos, a ser interrumpidos en su momento de amor. Se confesaron sus nombres al oído. Alex y Carla, decían llamarse. Tal vez nombres inventados para la ocasión, tal vez desnudaron su alma. Él fue empujado hacia la pared, quedando así al antojo de ella. Le recorrió su cuello con besos, con su dulce lengua, como quien saborea un helado en pleno agosto con el miedo a que desaparezca entre sus manos. Retiró su camiseta deseando descubrir su cuerpo. Quedó sorprendida al descubrir un pequeño tatuaje en su pectoral derecho. Un recuerdo de otra vida, argumentó él. Carla lo perfiló con sus suaves yemas, sintiendo cada trazo bajo sus manos. Sus pectorales, ampliamente desarrollados a golpe de gimnasio, erguieron al verse intimidados por aquella femenina mirada. Ella continuó su viaje a través del cuerpo de Alex. Descubrió unos bóxer negros que encerraban un bonito trasero. Se deseó encima de él, se imaginó, pero la realidad iba más rápido que su propia mente. Ahora, eran dos cuerpos sudorosos sintiendo cada embestida. Gimiendo en cada suspiro. Los pechos de Carla estaban al descubierto, esperando ser acariciados por las fuertes manos de Alex. Dos desconocidos en un oscuro callejón dejándose llevar por la locura, por la excitación. 

Ella alcanzó a dejarle su e-mail en el bolsillo del pantalón, mientras le atrapaba en un último beso y partió. Dejándole allí, rendido, extasiado, confuso por verla partir sin más. Esta vez era ella quien debía irse.

Alex había disfrutado de su cuerpo, pero no fue suficiente, quería más, la quería a ella. Pero, cuando la desesperación le invadió descubrió su nota en su pantalón. Ella también quería más. Ambos sonrieron en la distancia, cautivados por la certeza de un nuevo encuentro.




















































Comentarios

  1. Sigue pareciendo interesante el giro que sueles darles a tus historias. Me llevaste por un lado para luego dejarme en otro. Me gusto la sensualidad, el deseo, la impotencia por acercarse mas a otro cuerpo.
    Pocas veces se lee un texto erotico tan bien escrito como el tuyo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Después de leer tu entrada sólo puedo decir "Wow". Imaginé cada detalle de la historia con cada palabra. Sencillamente Hermosa entrada. Publicaré el Link de tu blog, como "Blog que recomiendo visitar"...

    ResponderEliminar
  3. Increíble, coincido con la opinión de Almenara. Muás

    ResponderEliminar
  4. ¡Qué forma más cautivadora de escribir!

    Llegué a tu blog por casualidad, pero está claro que voy a quedarme. :)

    ResponderEliminar
  5. Gracias a tod@s y, en especial, a Almenara por darme la oportunidad de aparecer en su blog como recomendación. Por ello, aprovecharé esta idea, con tu permiso, y cada cierto tiempo haré una recomendación. Besos.

    ResponderEliminar
  6. Fantástica tu forma de escribir.
    Me ha encantado.
    Un Beso :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Confesó

Entradas populares de este blog

LAS CONSECUENCIAS

EL HIJO Desde el quicio de la puerta observaba como yacía en su ancho sofá, ligeramente inclinado hacia atrás, mientras hojeaba el periódico del día. Yo no entendía cómo aún malgastaba esa porción de dinero cuando podías tener acceso a toda esa información a través de una pantalla. Pero allí estaba él, leyendo detenidamente, las particularidades escabrosas del mundo. Desde hacía días me movía entre la desconfianza y la absurdez. Y aunque ganaba siempre esta última, el ronroneo de que algo no marchaba bien iba y venía a mi cabeza. Marchó el viernes pasado con su ligera maleta y el pasaporte en la mano alegando que había surgido un imprevisto, de difícil reparación, recalcó, en una de las fábricas que su compañía tenía repartidas por el mundo, y requerían su presencia. Y allí nos quedamos mi madre y yo, sentados en la mesa de comedor, frente a una cena que siempre era hecha con esmero y cariño. No recuerdo que ella pronunciara palabra. Limpió sus labios con una servilleta de lino y emitió…

Somos efímeros. Haz que seamos eternos.

Quiero que tus manos dibujen mis curvas, cuenten mis lunares, obvien mi celulitis, mis cicatrices. Quiero que lamas cada rincón para que después tus labios sepan a nosotros. Quiero que me erices la piel sin necesidad de hielo ni desnudar mi alma. Quiero que tu voz sobre mi oído sea solo mía. Que tu lengua sobre mi clavícula provoque mi primer orgasmo. Quiero que diluvie ahí fuera para templar los calores que evocamos el uno frente al otro. Quiero que me recorras con mimo y salvajismo. Quiero que remuevas mi cuerpo. Prometo sacudirte el tuyo hasta agotarte de ti mismo. Quiero que tu boca sepa a mis labios, que mi lengua absorba tus sudores. Quiero que nos deseemos. Dentro. Fuera. En nuestros cuerpos. Quiero que folles mi mente para desear que nos lo hagamos mutuamente. Quiero calmar mis ansias, mis calores, mi pasión desmedida. No valores esta primera vez. Las mejores veces vendrán después. Quiero que despiertes mi cuerpo de este letargo, que recuerdes a cada una de mis células que su …

Carta de despedida a un desconocido

Buscando palabras que no consigo encontrar para ti, cuando tantas veces te he inundado con ellas. Pensamientos caóticos, sentimientos incoherentes, deseos irrefrenables. Y ahora lo único que consigo encontrar son lágrimas derramadas borrando estas letras. Un adiós de almohada es lo que hemos tenido, cuando ni siquiera llegamos a tener un hola de mirada traviesa. Un adiós de las siete de la mañana silencioso, oculto, misterioso, como fue y será siempre tu presencia, como te gustó que fuera. Hubo tantas despedidas, pero duele saber que ésta es la definitiva, que ya no habrá miradas atrás, ni conversaciones nocturnas.
Dos vidas tan opuestas que el capricho de la vida quiso unir para volver a desunir sin oportunidad ni opción. Un esperar nada y la nada es lo que hemos obtenido.
Recuérdalo siempre: "soy lo que quieres que sea al igual que tú eres lo que yo imaginaré que eres".

Lo que dueles, joder.

-----------------
El ladrón de sueños