Os dejo estas palabras que escribí el mes pasado y que había olvidado publicar: "Después de una semana de limpieza, más interna que espiritual. Es difícil hacer una autoevaluación con el ir y venir de gente, carritos y voces al otro lado de la puerta. Ahora, sólo espera levantar cada mañana y comprobar que ha llegado el momento de relajación, de tranquilidad. Huir del pasado y afrontar una nueva etapa llena de calma. Cada día será un punto más a superar hasta conseguir la meta. Ésta está lejana, pero posible de acceder a ella. El nuevo comienzo ha llegado".
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
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Confesó