Tal vez el primer síntoma fue no desear estar juntos a cada instante. O cuando no estaba, no añorar su presencia. Comenzaron las excusas, los pretextos para evitar los momentos de intimidad. Mi corazón no palpitaba al ver su número en la pantalla. Nuestros recuerdos eran simpáticos. Una decisión complicada de tomar. Fuerzas difíciles de encontrar. Ahora no siento su cuerpo rozando el mío.Su lado de la cama aún guarda su perfume. Su presencia se diluye ante mí como una nuve de polvo. ¿Otra oportunidad? Sus ojos tal vez lo suplicaban, pero sus labios aceptaban y comprendían mi decisión. Permaneció fuerte, impasible ante nuestro futuro roto, separado en dos caminos que sólo el destino sabe si se volverán a juntar. Años de complicidad, de besos robados, de palabras susurradas. Fue un placer amarte, acariciarte. Ahora sólo nos quedan nuestros recuerdos.
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
Comentarios
Publicar un comentario
Confesó