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Despedida

Tal vez el primer síntoma fue no desear estar juntos a cada instante. O cuando no estaba, no añorar su presencia. Comenzaron las excusas, los pretextos para evitar los momentos de intimidad. Mi corazón no palpitaba al ver su número en la pantalla. Nuestros recuerdos eran simpáticos. Una decisión complicada de tomar. Fuerzas difíciles de encontrar. Ahora no siento su cuerpo rozando el mío.Su lado de la cama aún guarda su perfume. Su presencia se diluye ante mí como una nuve de polvo. ¿Otra oportunidad? Sus ojos tal vez lo suplicaban, pero sus labios aceptaban y comprendían mi decisión. Permaneció fuerte, impasible ante nuestro futuro roto, separado en dos caminos que sólo el destino sabe si se volverán a juntar. Años de complicidad, de besos robados, de palabras susurradas. Fue un placer amarte, acariciarte. Ahora sólo nos quedan nuestros recuerdos.

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Ictus

Ya está aquí otra vez esta puta. Podría dejar de darme el coñazo de una jodida vez. Ahora me obligará a levantarme, a beberme esa mierda de café que hace y comerme unas galletas porque nunca tiene tiempo para hacerme un desayuno en condiciones. Menuda suerte tiene de que no pueda enseñarle cómo cojones tratar a un hombre. ¡Maldita la hora que me dio este puto ictus! La muy zorra que pretendía abandonarme, ¿quién coño se había creído que era ella? Que le pego, dice. Mas tenía que haberle pegado para que aprendiera a respetarme. Ella es la que me debe respeto a mí que para eso soy su marido. Seguro que ahora aprovecha para tirarse a cualquiera, la muy puta. ¡Qué suerte tiene que no me pueda mover de esta jodida silla! Pero soy yo quién ríe el último. Ahora no podrá dejarme nunca, sonrío mientras la miro, y me mira con extrañeza.
–Déjame, coño, ya. ¡No necesito tu ayuda, joder!
–Como quieras, pero o empiezas a tratarme con respeto o tendrás que apañártelas tú solito.
–¿Dónde crees que…

Querido diario

Querido diario,
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