Cada noche las voces vuelven a mí. Los recuerdos de aquellos que se quedaron en el camino, que no siguieron mis pasos, ahora se vuelven lejanos, aquellos que ya quedaban guardados en la parcela de olvido. Ahora vuelven a mí. Azotan sus nudillos contra mis recuerdos. Ahora deciden seguir mis pasos, pero, ahora, soy yo quien cambió el camino. Quien prefirió dejarlos en el olvido. ¿Por qué osáis a trastornar mi calma? Pero cada noche, vuelven a mí. Los recuerdos se transforman en ansiosos deseos del presente. Lucharé. Cogeré mi espada y os batiré en duro duelo. Lucharé hasta que os apartéis de mi camino. Hasta que volváis a mi cajón de los desastres, donde guardo todo lo inservible, como sois vosotros para mí.
Querido diario, Hoy venía desarreglado, como si no hubiera tenido tiempo a arreglarse. Tal vez, se haya desnudado para otra. Aunque eso ya no me importa. Hace tiempo que sus aventuras dejaron de importarme, y sin embargo, no consigo escapar de aquí. Parece que este maldito anillo bloquea mis fuerzas, mi voluntad. Hace tiempo que dejé de existir. Ya no existe la Aurora de antes o, por lo menos, hace tiempo que dejé de reconocerme frente al espejo. También dejé de buscar mi reflejo porque odiaba lo que en él veía. Al principio, te culpabilizas por la situación. Te convences a ti misma que aquello es pasajero, que ha sido un hecho aislado, producto del stress, de la tensión o de cualquier otra cosa nimia que en aquel momento te parece lo más grande del mundo. Pero se repite una y otra vez. En cualquier momento. En cualquier situación. Cualquier día. Intentas prepararte, como si fuera necesario un ejercicio de meditación para calmar su ira, aunque el ejercicio lo hacía yo. Mi i...
Comentarios
Publicar un comentario
Confesó