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Garabatos en el cielo


A mis treinta años rebusco en mi memoria perdida, sensaciones que una vez experimenté y que la madurez me arrebató.
Cuando aún estaba el rocío acariciando el campo, pisar el césped con los pies desnudos. O tirarme en medio de cualquier rincón, a interpretar las nubes, como garabatos dibujados en el cielo por un artista local. Echábamos a volar la imaginación, deseando cual figura imaginaria. Sólo existía ese momento y el arco iris de sensaciones. Sensaciones que difícilmente ahora se pueden recuperar.
Deberían avisarnos que las sensaciones aquellas que nos invadían al ser un crío, desaparecen con la madurez. No desaparecen pero golpean tan suavemente la pared que es difícil sentir su presencia. Han sido escondidas por otras más fuertes; aquéllas que son intrínsecas a la madurez. La responsabilidad, el trabajo, el estudio, la familia, el compromiso...
Es hora de descalzarse y atrevernos a pisar el césped. Recuperar viejos recuerdos, viejos sentimientos, al fin y al cabo, viejas sensaciones olvidadas en una caja de latón.

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