domingo, 29 de enero de 2012

Juego de niños

Aparecimos de la nada, cada uno con su papel cuidadosamente seleccionado, el de ser nosotros mismos. El escenario, este humilde tablón infinito que por desgracia no conoce de barreras ni de horarios. Buscando huecos a deshoras. Palabras robadas entre susurros por miedo a ser escuchados por el viento. Vivir entre falsas sonrisas, despertares equivocados, más palabras, cuan falsas pueden llegar a ser. ¿Dónde está el límite de lo deseado y de la realidad? ¿Acaso, creemos que esta vez estas dos piezas del juego van a ser empujadas hacia el mismo lado o simplemente es una pantalla que nos hemos encargado de empañar para distorsionar nuestra propia realidad? ¿Dónde está el juego? En aquel que no es capaz de reconocer y afrontar lo que ven sus ojos o diferenciar su propia visión de la historia o en este otro que a pesar de todo hace caso omiso a reglas, dictaduras, razonamientos, lógicas, realidades y sigue esperando un futuro que nunca acontecerá, mientras aguarda escondido al ver un presente que trascurre bajo su ventana, un presente racional, evidente y previsible.
El fin de la partida no se demorará demasiado, pues los acontecimientos se apresuran. Uno llegará a la meta de la vida. Otro quedará rezagado dando por perdida la partida porque a veces la evidencia es reconocer que sólo hay un trayecto y éste es el de vuelta.

sábado, 21 de enero de 2012

Cita a ciegas

Él llegó con antelación para comprar su entrada para la sesión nocturna del único cine de la ciudad. La película seleccionada no la recordaba, me comentó. Una de éstas que lleva varias semanas en cartel y quedan relegadas a una pequeña sala, donde asisten dos o tres espectadores por sesión. Optó por la última fila, en el rincón, justo debajo del proyector, quedando resguardado del foco de luz que proyectaba las imágenes. Los próximos estrenos empezaron a aparecer en la pantalla. El crujir de la puerta sonó. Unos finos tacones de salón resonaron en las escaleras. Piernas desnudas hasta mitad del muslo. Una minifalda gris escondía su desnudo. Un fino jersey de cuello alto blanco. Sus miradas se entrecruzan. Ambos sonríen.
Lentamente, mostrando cada roce de sus muslos a su compañero se dirige hasta su asiento. Él se incorpora para cederle el paso hasta el asiento de dentro, más resguardado de miradas indebidas. Intencionadamente, ella roza el exterior de su pene con su trasero que ya se encuentra un poco motivado.
Intercambian primeras impresiones al oído. Un beso lento y apasionado para subir la temperatura. Él coloca su mano izquierda en el muslo derecho de su compañera de cita. Ella le confiesa al oído la falta de ropa interior bajo su falda. La excitación de él va en aumento. Cinco filas más adelante se escuchan las risas de una pareja. Su mano asciende con las yemas de sus dedos desde la rodilla hasta su clítoris, que lo recibe gustosamente, excitado por la situación. Ella cierra sus ojos mientras se abandona al placer de disfrutar, responsabilidad de su compañero de fantasías. Muerde sus labios guardando sus gemidos, controlando para que no sean públicos.
Su mirada se relaja. Su sonrisa se plasma. Cuidadosamente usa sus dos manos para bajar la cremallera de su compañero, el cual también ha facilitado su labor al dejar al descubierto su pene. Algunas miradas se dirigen hacia ellos y discretamente observan la evolución de una película que no recuerdan. Ella utiliza su mano para excitarle y ve como ésta va en aumento. Ella más osada se agacha para coger algo de su bolso y aprovechar para saborear el pene de su compañero durante varios segundos haciendo que su placer alcance cotas extremas, ante el morbo, la gente, el momento, la fantasía. Una cita a ciegas de fantasía.