miércoles, 17 de febrero de 2010

Gracias

Empecé a escribir en mi blog hace algunos meses, no sé si por escapar de los apuntes de mi oposición o por la necesidad que me golpeaba para expresarme. Siempre me ha atraído escribir, tal vez, porque he tenido gente a mi alrededor que buscaba su lugar a través de la escritura. No he difundido en mi círculo que en mi tiempo libre me dedico a escribir aquí, lo que surja. Por eso, quiero daros las gracias por mostrar interés por lo que estoy haciendo. Sé que me queda mucho por aprender, pero lo seguiré haciendo. Besos.

lunes, 8 de febrero de 2010

El café de los lunes

Cada lunes, después del trabajo, se dirigian a una pequeña cafetería afrancesada, conocida en el lugar por su grato trato y sus artesanales productos. No lo pensaban, solamente se dejaban llevar. Tal vez, ambas ansiaban ese instante de tranquilidad, de confidencialidad; ese pequeño espacio alejado de las preocupaciones mundanas, del trabajo, de las preocupaciones caseras. O, simplemente, pasó a ser una costumbre que ninguna de las dos era capaz de abandonar, como cuando abres una bolsa de gusanitos y no puedes parar hasta que el fondo asoma y sólo queda para saborear la sal caída. Pero cada tarde de cada lunes, pedían su café con un pequeño trocito de tarta de chocolate; demasiado pequeño para sentirse culpable, demasiado pequeño para quedar satisfecha. Como siempre las conversaciones versaban sobre temas indiferentes, con poca trascendencia personal, pero ambas sabían que en el segundo sorbo de aquel espumoso café, una de las dos rompería a soltar frases inconexas, cargadas de emoción, pero sobre todo, expulsadas del corazón con la misma rapidez que los críos soltaban el tirachinas para acabar cayendo una pelotita de papel en la nuca de algún compañero. Era una explosión de preocupación interior, sólo comprendida por aquella compañera, que se encontraba a su margen izquierdo. Allí estaban arropadas por el calor, por el cariño, por la amistad que habían labrado, casi sin percatarse.
Y cada lunes, al calor de una taza de café, con semblante de tranquilidad, se sientan alrededor de una pequeña mesa aguardando los secretos de otro corazón.