martes, 14 de enero de 2014

Siempre nos quedará...soñar



         Su mejilla estaba posada tranquilamente sobre la almohada,  mientras un rebelde mechón le cruzaba el rostro dejando oculta su mirada. Su figura se perfilaba bajo unas sábanas de color púrpura intenso. Sólo un osado pulgar se atrevía a asomar ante la soledad de la oscuridad. Un leve soplo de aire inexistente remueve su melena y, de repente, una mano acaricia delicadamente su frágil cuello, provocando un sutil escalofrío a lo largo de su mapa dérmico. Él deposita sus carnosos labios sobre la descubierta mejilla convirtiéndolo en un sabroso beso.            
         Desliza su mano por debajo de la camiseta, que apenas cubre sus nalgas, dibujando cada línea, cada montículo de ese terreno aún por descubrir. Siente la suavidad en las yemas de sus dedos. Su mano absorbe el calor que guarda su cuerpo. Ella se mueve inquieta al sentir como esos cinceles van perfilando las curvas de su anatomía. Cual esponja de mar rodea su pecho y lo oculta tras su mano, acariciándolo, sintiendo los granos de arena que forman su pezón debajo de sus dedos; pellizcándolo para provocar en ella un leve suspiro que huye de su garganta. Levanta con ternura la camiseta, tantas veces usada como camisón, y la punta de su lengua saborea, delicadamente, el pezón y va aumentando la velocidad cual corredor de carreras próximo a su meta. Un pezón provocador, osado, con la mirada hacia adelante. Ella se debate entre el deseo y el autocontrol. Sin embargo, la mano de él continúa en su búsqueda de terrenos calientes. El respirar agitado de él tropieza contra la nuca esbelta y nacarada de ella. Su pene erguido, preparado para la batalla nocturna, protege el reverso, mientras espera pacientemente su turno en la lucha. Él inicia de nuevo el trayecto en los suaves labios de ella, humedeciendo ligeramente al responsable que delimitará el camino. Los labios de ella. Su cuello. El escote entre sus pechos. El piercing que esconde su ombligo. Las braguitas que él comienza a retirar. Las ingles. La humedad que cubre sus labios. Él entrelaza una de sus piernas con las de ella impidiendo la oscilación de ambos cuerpos. La mano de él acariciando el clítoris. Una vez. Dos. Tres. La humedad trasladada a sus dedos. Movimientos rápidos y lentos alternados inesperadamente...Y, de repente, su pene invadiendo el cuerpo de ella. Embistiéndola sin parar. Ella jadeando ruidosamente. Él suavizando el ritmo. Ella suplicando más. Él acariciándola mientras admira su cuerpo. Él penetrándola hasta el fondo. Él comiéndole la boca en la desesperación. Ella buscándole en la necesidad de fundirse en un solo elemento. Ella agitada. Sudada. Caliente. Excitada. Él. Él ya no está. Él nunca estuvo. Esta vez el sueño fue pura realidad. Fue realidad follada.

8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Eso ha llegado hondo. ;) Siempre es un placer tenerte por aquí, Nelly.

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  2. Para ser un sueño la descripción es vívida, abundante de detalles que invitan a soñar y al mismo tiempo se siente real como la vida misma.
    Me ha encantado sobre todo por ese final tan heavy, simple y claro.
    Esperando nuevas entradas ;)

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    1. Muchas gracias, niña, por el análisis. Siempre es bienvenido. Si la inspiración lo permite, las letras seguirán saliendo. ;)

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  3. Creas con el texto un clima de excitación y credibilidad sin perder la elegancia. En cuanto a la historia que se cuenta: ¿Realidad Follada?¿Él nunca estuvo? Pues no sabe lo que se ha perdido de, además, "haber estado".
    Besos.

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    1. Gracias por tus palabras. ¿Cuántos "estarán" sin saberlo? Es lo bueno de los sueños. ;) Un placer tenerte aquí. xoxo

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  4. La vida es sueño (dicen). Ojalá algún día esas ganas se materialicen.

    Te mando un fuerte abrazo desde mi Siberia :)

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  5. Dicen que la realidad supera la ficción ;) Muchas gracias por pasarte.

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Confesó