jueves, 13 de noviembre de 2014

Tu ignorancia no es mi felicidad

Desgarramé en dos pero no olvides dejarme mis cicatrices, ésas que demuestran que una vez te amé, que palpité por ti, que no fuiste una mera ilusión.


Rómpeme si quieres, pero te aviso de que ya hace tanto que estoy resquebrajada que ni un trocito conseguirás arrancarme.

Golpéame con tus palabras pues este corazón está antártico de deseos incumplidos. 

Olvídame si se te antoja pero mis sueños seguirán perteneciéndote..

lunes, 10 de noviembre de 2014

Cartas a la tristeza

Cartas a la tristeza

Que una persona sea objeto de tu inspiración es como un amor en secreto; lo observas en la distancia, te empapas de todo lo que te puede ofrecer pero cada noche tus ojos se inundan de tristeza porque sabes que aquello nunca podrá ser. No hace mucho alguien decía que a veces lo más consecuente es estar triste y es que la tristeza es más fácil de absorber que la felicidad. Una mirada que no es para ti, una caricia que nunca llega, una sonrisa que no puedes ver, unas palabras no pronunciadas, un abrazo que se queda en dos simples besos de mejilla, un te llamaré que es un sin noticias de ti, un hasta luego que se convierte en noventa días. El sentir es tan necesario y a la vez tan absurdo cuando saboreas las lágrimas con la punta de tu lengua. Hay personas que nunca llegan a saber que son objeto de inspiración porque a veces donde unos ven normalidad, otros captan la esencia especial.

Y la tristeza nos recuerda que los lunes no están reservados para llorar

lunes, 8 de septiembre de 2014

Inexistencia...

No escuchéis cuentos de finales felices
ni príncipes de armadura en plata.
No imaginéis rosas cada mañana
ni bailes en la madrugada.
No pidáis la cara bonita de la luna.
No os hipnoticéis con amplias sonrisas.
Sólo son historias de hombres para endulzar oídos inocentes,
mentiras escondidas entre ilusiones dibujadas al antojo de deseos mundanos y primarios.
Sólo existen historias con principios y finales.
Sólo bostezos y mal aliento matutino.
Miradas pérdidas en pensamientos de huída.
Únicamente quedan pedazos de corazones recosidos.
Ropa interior abandonada por viejos dueños de deseos.
Ahora, sólo tenemos la Antártida entre nuestros dedos
y la espada en nuestro corazón.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Encaprichamientos que no convienen



                Nunca le había tocado. No sabía cuáles eran los surcos de su piel. Ni cómo olía la lluvia en su cuerpo cuando penetraba por la ventana de madrugada. Siempre me mantuve en un segundo plano. A veces, se podría decir que hasta en un tercero. Le observaba desde la distancia. Aquella mirada traviesa que jugaba a ser un niño con acciones de adulto. La pizca de impulsividad que en su receta alguien se olvidó de echar. Mi mente lo desnudaba cada día. Mis manos recorrían su cuerpo con la exactitud de un cirujano, por el miedo a pasar por alto el más mínimo detalle que llevara al fracaso. Unos labios finos, los míos, chocaban contra sus labios carnosos con la finalidad de seguir avanzando en un mapa de inexactitudes que yo debía intuir debajo de la ropa que siempre le acompañaba. Su trasero firme, dorado por el sol en una tarde de recogidas frutales. Sus piernas robustas, entrelazadas con las mías. Cerraba los ojos y me perdía en su cuerpo. Lametones que me provocaban más de una mordedura de labios. Pellizcos que desencadenaban ligeros estremecimientos. Y solía perderme cuando imaginaba mi mano invadir por debajo de sus pantalones. Y de nuevo la madrugada llegaba. Encaprichada de aquella mirada juguetona, aunque nunca fuera dirigida a mí. De aquella marcada mandíbula que mis dedos imaginaban recorrer para acabar entre sus labios. Pero era tan fácil encapricharse de él…

PD: “-A veces uno se encapricha de quien no conviene – intenté decirle.
-Pero, a la hora de encapricharse, no se puede decir si alguien te conviene o no, Bill – me aseguró Richard-. No puedes obligarte a encapricharte o no encapricharte de alguien.” (Personas como yo de John Irving)

martes, 6 de mayo de 2014

Atea


Llenaste mis oídos de palabras prometidas.
Cubriste mi mirada de sonidos acaramelados. 
Observaste mi debilidad cual delineante de una arquitectura inventada. 
Buscaste mi cuerpo bajo tu soledad.
Satisficiste tu calor con mis dulces caricias.
Entregaste tu noche como si no existiera otra.

Escuché promesas que yo nunca solicité.
Dibujé mejillas sonrojadas ante letras inesperadas.
Mostré mi sueño desnudo al calor de tu piel.
Cubrí tu soledad creyendo que también era mía.
Unas noches yo fui la protagonista, otras fueron otros.
Ignoré el tiempo entre el vaivén...

Ahora, soy atea de las palabras.
Atea de gestos creados en cada ocasión.
Atea de sonrisas de seducción.
Atea de despertares compartidos.
Atea de la sinceridad sin decorado.
Atea de una realidad inventada entre tú y yo.
Atea de que existas tú...


lunes, 10 de marzo de 2014

Cinco minutos

Huir con fecha de vuelta.
Despertar al sol en aquella playa nunca descubierta.
Ser yo más que nunca, ser tú algunas veces.

Trasnochar como si fuera nuestra última ocasión.
Reír aunque un delfín sea la causa.
Abrazar de palabras, la distancia es la justificación.

Conversar aunque aquí sean las once y allí aún estéis de madrugada.
Llorar en este oscuro corazón, 
sonreír es la máscara de la razón. 

Cinco minutos para cambiar tu vida.
Cinco minutos para ganar o perder.
Cinco minutos que invitan a arriesgar el corazón o la monotonía. 

Cinco minutos de llantos, sonrisas, tristezas, rabia, soledad o compañía...

Tienes cinco minutos, ¿eres capaz de ganar?

PD: Desde que vi el anuncio (no recuerdo ahora qué anunciaba) que habla de cinco minutos y gente tomando nuevas decisiones que cambian su vida, necesitaba crear algo.