jueves, 17 de octubre de 2013

Insomnio



               Tal vez me equivoque y las palabras aquí transcritas sean tan erróneas como la raíz cuadrada de quinientos veinte y tres entre siete. Los ojos que tú ves cada mañana pues no son los mismos que te miran cada tarde, justo a las cinco y veinte, siempre con prisas para llegar al último toque del timbre. Tal vez si supieras que esa joven pálida apoyada contra la pared descascarillada de la cafetería es la misma que acompaña tus noches de soledad, frente a una pantalla a veces demasiado silenciosa. Tantas vocales, hiatos, diptongos intercambiados y aún tratas de convencerme que no conozco a ese solitario tímido cabezón que disfraza sus paranoias mentales de sonrisas eternas. Ése que es incapaz de retroceder ante una decisión tomada porque primero está la madurez acompañada de la lógica y, si se diera la ocasión, blandiría un poco de impulsividad. Pero he llegado a pensar que solicitaste goma de borrar para quitar de tu pensamiento tan tamaño sacrilegio del comportamiento humano. Si los médicos no sólo recetaran medicación, yo les pediría grandes dosis de locura para ti y un poco de razonamiento para mí, tal vez así intercambiemos los papeles que este loco destino nos ha adjudicado el uno contra el otro, destino que nunca nos perteneció. Tal vez ése sea el motivo que me atrapa hacia a ti y la consideración el que te mantiene a ti.