martes, 26 de febrero de 2013

Erase una vez (versión príncipes).....



Porque no creo que los buenos sean tan buenos ni los malos sean tan malos y aunque algunas hayamos dejado de ser princesas y que ellos nunca fueron príncipes, era merecida esta versión:

            El sol caía para perderse tras la montaña, dando paso a una luna plena y a un cielo estrellado. Ideal para echarse en la hierba, en los pocos sitios de esta ciudad que aún se conserva, y encontrar a Andrómeda y a Sagitario. Pero, el frío se adentraba entre las costuras.
            En el parking de un hipermercado cualquiera, no demasiado saturado, por tratarse de mediados de mes, esperaban apoyados sobre un Seat León,  rojo metalizado, dos chicos. El primero, rondaba los veinte y cinco. Pelo rapado al dos. Vaqueros con zapatillas informales y una camiseta blanca con el diseño de una pin-up muy sugerente. El otro lo llamó Encantador. Su compañero, conocido entre el grupo como Pri (debe avergonzarse de su verdadero nombre; seguro que le pusieron el del santo del día en cuestión) tenía el cabello un poco largo y el flequillo le descansaba sobre la frente. Entre sus labios apuraba un pitillo rubio con la tranquilidad que le caracterizaba. Si tienes la suerte de observarlo desde atrás podrás averiguar la marca de bóxers que usaba ese día. Sobre ellos, una sudadera, rojo sangre, que combinaba a la perfección con los bóxers negros que sobresalían por encima de sus vaqueros o, dicho de otra forma, sus vaqueros estaban más bajo de lo normal. Era algo más joven que el primero.
            Quince minutos después, apareció Felipe, en una vieja chatarra, heredada de su madre. Vestía vaqueros con botas militares en color marrón oscuro y una camisa en gris oscuro, que marcaba los pectorales, cincelados a golpe de pesas y ejercicios varios. Por vuelta de los veinte y algo se podría decir.
-¿Quién es la culpable esta vez?, le pregunta Pri a Felipe mientras se va acercando hacia ellos.
-La vecina del quinto, comenta él sin importancia.
-¿Yyyyyy?, insiste nuevamente Pri con ojos de curiosidad.
-Me mandó un whatsapp ayer a las doce de la noche para que me pasara esta tarde por su casa que quería pedirme algo. ¡Joder, que hasta me he afeitado y todo! Y resulta que quería preguntarme si le podía colgar la cortina, porque sino los vecinos la veían desnuda. ¡Benditos vecinos!, porque lo que es yo ni en la puta vida.
-Jajaja, empiezan a reírse sus dos amigos al compás.
-Ya te hemos avisado, pero tú no quieres oírnos, le avisó Encantador. Esta tía busca un novio y te está poniendo a prueba para ver cuánto aguantas.
-Bueno, peor fue la mía, comentó Pri.
-¿Cuál?, preguntó Felipe.
-Miss Perfecta, ¿no os acordáis? Llevábamos un mes liados y de repente me mete en un evento familiar y media hora después sólo escucho a mi alrededor cuándo va a ser la fecha de la boda y cuántos hijos queremos tener.
-Hostia, es verdad, rememoró Encantador. Aún recuerdo cuando te recogí mientras te escapabas de aquella casa. Las carcajadas recorren las calles de coches. Y ella detrás de ti diciendo que eráis dos almas gemelas.
-Claro, como tú encuentras lo que buscas, expresó Felipe. Ya quisiera yo una tía para follar sin compromiso y que no pidiera cenas a la luz de las velas, regalos por aniversarios ni charlas después de acabar. Y, por cierto, algún día nos dirás quien es ella.
-No sé si ella quisiera o no todo eso; simplemente, no lo manifiesta. Hacemos lo que nos apetece cuando nos apetece. Tenemos unas normas mínimas y el deseo mutuo. En el momento que se pida más, ya lo pensaré.
-¿Y tú, Pri?, le inquirió Encantador. Últimamente nos tienes desinformados, manifestó a la par que le guiñaba un ojo.
-Penoso. Consigo reunir las fuerzas, el alcohol es factor fundamental, ya sabéis, para acercarme a una tía, que se ha pasado una hora mirándome, o eso me ha parecido a mí porque la pared no ofrecía nada interesante, y lo único que me ofrece es una sonrisa de cría de colegio y monosílabos. ¡Coño, pon un poquito de tu parte! ¡No lo voy a hacer yo todo!
-¡Tú no te aclaras, eh!, exclamó Felipe. Unas veces te quejas de que las mujeres se lanzan y te entran de forma que te intimidan y si lo haces tú, resulta que ellas no hacen nada.
-Es que o se pasan de princesitas que parecen que se van a romper o le han quitado el vestido a la madrastra y te dan un muerdo en cuanto te descuidas. Si es que parece no existir el término medio, se lamentó Pri.
-Si te escucha una tía no se lo cree, comentó Encantador. No quieres una tía que te deja las cosas claras desde el primer momento. ¿Por qué?
-Porque……, movió el iris de sus ojos mientras meditaba su respuesta, probablemente habrá hecho lo mismo en repetidas ocasiones.
-Que quede claro que estas palabras no son mías, avisa Encantador: ¿Y no te has preguntado que tal vez sea la primera vez que lo hace y simplemente se ha dejado llevar porque tú provocas esa reacción en ella?
-Tienes razón, dijo Felipe. Se nota un huevo que esas palabras no son tuyas. Y recibió un ligero puñetazo en el estómago por parte de Encantador.
-¡Anda ya!, lanzó las palabras con desgana Pri. Si tengo que ponerme a pensar todo eso un sábado por la noche, se me han quitado las ganas de ligar o, peor aún, se la ha ligado otro antes.
-Tíos, me estoy quedando el culo helado. ¿Vamos a comprar de una puta vez las bebidas para la cena o llegaremos tarde como siempre?
            Suena el tic de un móvil y Felipe confirma que su whatsapp está activo. La vecina del quinto le da las gracias por ejercer de manitas y espera verle en la fiesta de esta noche.
-Vamos para dentro, chicos. Si quiere algo que lo pida con claridad porque yo las indirectas parece que las capto un poco mal, dijo Felipe con cierta resignación.
            Y ellos tres desaparecieron entre los focos del parking sin querer ni comprender a las mujeres porque ni ellas mismas lo hacían.
-


miércoles, 20 de febrero de 2013

Erase una vez............



Erase una vez un cuento de esos que no tienen final feliz. Tres jóvenes sentadas en la mesa de un bar. Madera cuadrada con un par de sillas, cada una de manera y color diferente; al otro lado, un cómodo banco acolchado, de color negro aterciopelado. La primera en llegar fue la que conocemos como Cenicienta. Pidió un cóctel de cava con algo que siempre olvidaba, pero que le daba un color azulado intenso que a ella le encantaba observar. Sin esperar a que le llegara su pedido se dirigió hacia el baño. Al salir, su falda larga, heredada de su madrastra y un viejo jersey de una de sus tan preciadas hermanas, habían desaparecido y ahora sus piernas vestían unas medias negras con tacones de siete centímetros que llegaban por encima de sus rodillas. La minifalda, era de gasa negra, y justo encima le acompañaba una seria camisa blanca, abotonada hasta el último suspiro.
Cuando ella se acercó a la mesa, su copa ya estaba servida, y Blancanieves sonreía a los siete pretendientes que aparecían justo allí donde ella estuviera. Parecían fotocopias de un mal molde que nunca nadie hubiera querido llegar a probar.
Y, por último, siempre tarde, llegó la Bella Durmiente, con cara de recién levantada de la siesta.
-No sé a quién se le ocurriría esto de bendecirme con la narcolepsia, bienaventurado autor, que ayer me quedé dormida en medio de un placentero beso, se quejó la Bella Durmiente.
-¿Todavía en la búsqueda del príncipe?, soltó Cenicienta al aire y las tres comenzaron a reír.
-¿Quiénes son esos?, preguntó retóricamente Blancanieves. Ah, sí, esos que suponen deben salvarnos de este mundo, como somos taaaaaaaaaaan frágiles, expresó ella irónicamente.
-¿No decían que vendrían a salvarnos?, demandó Cenicienta. Rubio, rubio, con ojos azules y un zapatito de cristal.
-Pues, puestos a pedir yo los prefiero morenos de ojos negros, pero ni por esas, oye, así que mientras tanto habrá que seguir buscando. Y, Blancanieves, echó una ojeada al local en busca de alguno interesante.
-¡Despierta, Bella Durmiente!, le sacudió Cenicienta. Ahí viene uno directamente a ti.
-Ése ha estado ya con tantas que ni se acuerda que el mes pasado lo hicimos en el baño de la nueva disco de Siempre Jamás.
-No le dejarías buen recuerdo, le dijo Cenicienta para picarla, a la par que le guiñaba un ojo.
-Buen recuerdo no me dejó él a mí, que ni ganas tengo de repetir y mira que desde entonces no he catado varón, puntualizó Bella Durmiente.
-Bienvenida al club, aunque tal vez sea mejor darte el pésame que tanta ausencia de varón ahoga el corazón, suspiró Blancanieves.
Y entre copas de alcohol, risas nocturnas y anécdotas de sábanas pasaron las horas muertas hasta las tres de la mañana. Y otra noche más el príncipe se perdió entre palabras ideales y sueños imposibles. 
-----------------
Éste ha sido uno de mis ejercicios del taller donde había que alterar un cuento clásico, pero como me dice el profesor, yo no soy de finales felices, ni de seguir lo que me dicen. 

domingo, 17 de febrero de 2013

Explotemos juntos en alguna ocasión (continuación de "Ni tú pá mi, ni yo pá ti")




Y, de repente, para, se yergue y se distancia de él unos escasos centímetros, que ni el silencio se hubiera atrevido a atravesar. Le mira directamente a los ojos. Ella roza sus propios labios con su lengua para terminar con un pequeño mordisco en el labio inferior, por la parte izquierda de éste. Él se mantiene inalterable en su posición, controlando su deseo por ella, aunque su entrepierna tenga vida propia y roce suavemente el muslo derecho de su enigmática compañera sexual. Ella se inclina sobre él y echa su cálido aliento sobre la fina piel de su cuello provocando que ésta se erice, para terminar con un lametón a la altura de la barbilla. Y sin que ambos se rocen, sus lenguas se acarician atrayéndose entre si para terminar en un apasionado beso, que aunque comienza lento, termina salvaje, ansioso, donde las manos invaden el cuerpo del otro. Él la sube a la altura de su cintura y la penetra fuerte, mientras ella le rodea con sus piernas y su espalda es ahora la que golpea la pared del cuarto, cubierta con viejos posters de grupos que ahora ya no existen, pero que reviven en la melodía que llega desde el portátil, al otro lado de la puerta. Ella agarra fuertemente el cabello de él, a la par que con cada embestida clava las uñas de su mano derecha sobre su brazo. Le resulta seductor dejarle una marca para que no la olvide, para que ansíe volver a poseerla, aunque es difícil distinguir quien posee a quien. Él mantiene su pene erecto mientras la va embistiendo cada vez más rápido hasta conseguir que ella consiga el primer orgasmo de la noche. Su jadeo es señal de la meta conseguida. Se miran a los ojos. Se besan ávidamente.  Aún con el pene dentro de ella, se trasladan a la cama, donde la deposita con delicadeza. La tiene a su disposición. Un cuerpo desnudo que en ese momento parece tan frágil, pero que al mirarla a los ojos choca con una personalidad arrasadora, provocativa, caótica, sensual, irresistible para él. Ella no deja sus manos quietas, pues desea la forma de los bíceps de él hasta tal punto que el sólo roce es capaz de conseguir que el deseo florezca entre sus piernas. Por ello, a él no le queda más remedio que atar sus manos con su propia camiseta, que hasta hace un momento cubría su torso. Ella no se resiste. Sus manos quedan por encima de su cabeza y él acaricia con las yemas de sus dedos la piel de sus brazos que va descendiendo con lentitud hasta llegar a la altura de los pechos que cubre con las palmas de sus manos. Estos quedan ocultos cada vez que las manos se posan sobre ellos y antes de retirarlas, él termina con un pequeño pellizco, que provoca un gritito en la garganta de la joven. Él no la mira. Continua su camino por el costado izquierdo y succiona donde reaparece el hueso de la cadera para volver a subir y hacer lo mismo sobre la clavícula; esto provoca que ella comience a moverse agitadamente, por lo que él continúa su profundo beso de clavícula, hasta conseguir que ella roce el éxtasis sexual de forma inusual. Le desata las manos. Ella se abalanza sobre él y éste deja que su cuerpo sea manejado por el frágil cuerpo que intenta marcar su superioridad física, sin demasiado éxito, sino fuera por la rendición por parte de él. Después ambos se colocan de lado. El torso de él sobre la espalda de ella. La pierna de ella ligeramente adelantada. El pene, ya preparado para penetrar y correr, busca y encuentra a su compañera. Al principio va alternando un ritmo lento con otro más rápido, y poco a poco, al ritmo de los gemidos de ella, va aumentando las embestidas. La respiración se entrecorta. El pene rígido y ansioso por descargar dentro de la calidez que emana el cuerpo de ella. Cuerpos sudorosos. Palabras prohibidas susurradas al oído. La mano de él gira su rostro y sus labios se besan apresuradamente mientras ambos alcanzan el orgasmo. Primero, ella. Unos segundos después, llega él. Y justo cuando él termina de correrse, ella contrae los músculos de su vagina provocando así que la intensidad aumente.
Quedan así durante un breve momento; minutos, tal vez. El tiempo no importa. Ellos quieren el aquí y el ahora, no buscan el mañana. Y, cuando siente que los dedos de él buscan una caricia, sabe que es el momento de adentrarse nuevamente en la oscuridad que reside en ella. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Ni tú pá mí, ni yo pá ti, pero ¿quieres que probemos si explotamos juntos?

Una habitación cualquiera. Cama sin hacer. Una pequeña luz anaranjada encendida en la mesilla de noche. La persiana a medio bajar. La noche ya ha caído. Montones de ropa se apelmazan sobre la silla que acompaña a la mesa de escritorio, inundada de apuntes de los últimos exámenes. 
-¿Cuándo nos volveremos a ver?,  le pregunta él al reflejo de la mirada perdida que se funde con el silencio que ya invade la ciudad, un jueves cualquiera, a las dos de la mañana. 
-No lo sé, responde ella sin dejar de mirar más allá de los cristales de la ventana, destapada de cualquier tela que los oculte del mundo. Cogió sus culotes morados y su sujetador y comenzó a vestir su cuerpo desnudo. Vaqueros y una sudadera negra fue su uniforme, pues lo interesante se ocultaba a los ojos de un simple observador. Sin embargo él, sentado en la cama, ya con el preservativo retirado, aunque aún con el pene erecto por culpa del cuerpo desnudo que se exhibía delante de él, observaba la pequeña cicatriz de su hombro derecho; la extraña flor dibujada sobre el fin de su espalda y depositada sobre su nalga derecha, que cuando ella andaba parecía que el viento la agitaba. Antes de cubrir sus pechos, se giró hacia él para regalarle la última imagen de su cuerpo y él vio el reflejo del piercing que atravesaba su pezón izquierdo. Entonces ella sonrió y sucesivamente fue tapando su desnudez con delicadeza. Cogió su móvil y sus llaves y antes de cruzar la puerta, le dio un dulce beso en la mejilla derecha. Y desapareció, otra noche más. 
Tres horas antes llamó sin avisar entrando en un comedor inundado de estudiantes jugando al Black Jack; dinero sobre la mesa, alcohol entre las manos. Música y risas demasiado altas. Ella le buscó con deseo. Él con ansiedad. Su retirada fue rápida y silenciosa y desde su posición puedo observar cómo al cruzar la puerta del pasillo ella se despojaba de la sudadera y se dirigía hacía su habitación. 
Al entrar sintió las manos de ella sobre sus hombros, su espalda contra la puerta y sus carnosos labios besando los suyos. Las manos de él acariciando su piel desde sus caderas hasta llegar a la altura del sujetador, dejando en libertad dos pequeños pechos que él recibe en su boca con lametazos y mordiscos. Por su parte, ella le quita la camiseta y las carzonas del entrenamiento y tira de su cabello hacia atrás mientras con su lengua va lamiendo desde su cuello, bajando por su torso...... Ella se arrodilla frente a él para poder continuar el recorrido por su cuerpo y va retirando sus bóxers mientras con sus labios acaricia el pene. Después, lo lame desde la base y al llegar al glande lo fricciona contra sus dientes, para introducirlo inmediatamente hasta el fondo de su boca. Vuelve a sacarlo. Esta vez lo succiona con su boca durante breves pero intensos segundos, mientras con su mano izquierda acaricia suavemente sus testículos. Y........................ (Próximo capítulo mañana que toca madrugar)