martes, 24 de septiembre de 2013

El único que no defrauda es el helado...


            Si ya me lo dijo mi madre: "no esperes príncipes, que esos no existen", pero oye, que hoy en día ni sapos hay quien encuentre. Nos hemos empeñado tanto en alcanzar la libertad sentimental y sexual, que nos olvidamos de las normas básicas de cualquier relación humana, y como principal está la comunicación. Y no voy a esa manía que parece pertenecernos, en exclusividad, a las mujeres, de tener que materializar verbalmente la mayor gilipollez, sino a una comunicación más profunda que hará que la conexión sexual sea explosiva (shhhh, es un secreto). Pero somos tan absurdos que nos conformamos con relaciones esporádicas donde el orgasmo parece un viejo timbre y, tal vez tengas suerte y suene, pero como el de enfrente no sea demasiado ducho, te habrás pasado tres meses en sequía para ni siquiera rozar las telarañas. Así que volverás a calentarte con las miradas furtivas que tú no paras de echarle al vecino de al lado, sobre el cual no dejas de preguntarte cómo coño es posible estar tan buenorro estando casado y siendo padre. Y llegarás a casa alcoholizada, tratando de olvidar un mal polvo, con los tacones en la mano porque, como no, te han vuelto a hacer ampollas y maldiciendo ese puto vestido negro que al comprar te dijiste: "éste, éste será el vestido que seduzca al hombre de mi vida". Hazme caso, hay más probabilidades de ligar con la ropa de tu madre, que con unos tacones. 

            Si eres demasiado directa, malo. Si no lo eres, seguro que viene otra y te lo quita. El problema no es que no sepamos lo que queremos, es que lo tenemos demasiado claro. Esto parece que viene con la edad. Pero, sinceramente, me queda la duda de si el género masculino lo sabe o no. O es que tal vez nuestros planetas son los más raros que circulan por esta zona. Primero seamos pareja. Después, amigos con derecho a roce. Alguien les debería explicar que le evolución normal es al contrario y que una vez despiertos los sentimientos, no se les puede echar el cierre y olvidarlos como si de un programa basura se tratase. Pero, vamos, que si alguna tiene la suerte de evolucionar de amigo con derecho a roce a pareja es porque se encuentra en la excepción. Sin embargo, hay que tener claro que NO somos la excepción sino la regla. NO pasaremos de amigos con derecho a roce a pareja. NO encontrarás a tu alma gemela frecuentando webs de contactos. NO se acercará, te mirará a los ojos y estallará la conexión como si os hubierais estando buscando toda la vida. Después del empacho y del helado (por supuesto, a falta de algo más interesante, no puede faltar en el frigorífico de cualquier mujer) nos quedamos con algún buen polvo de vez en cuando, si tenemos suerte, pero siempre con la cama fría.

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