lunes, 1 de julio de 2013

Tantas, tantas miradas

Dulce mirada
            Él intuye una mirada dulce tras los cristales oscuros cuando tal vez sólo sean unos párpados cerrados en su propio mundo. De lunes a viernes, su corazón palpita ocho veces y quince minutos, justo cuando las puertas del autobús hacen un segundo intento por abrirse, esta vez con éxito. Aquella cara acumula los excesos de inquietudes y las intensas jornadas de preocupación por un futuro incierto y un final de mes sin cobro ni recepción. Él le observa desde la distancia de cuatro asientos por detrás, a la izquierda. Deseo de ángel protector que le despiertan sus gestos torpes y su ademán descuidado. Y así cada ocho y cuarto palpitaciones de mirada escondida en la línea 5.

Sugerente mirada
            Los exámenes finales casi estaban por desaparecer; ya sólo unos pocos rezagados se adentraban entre las estanterías de la biblioteca pública, no se sabe bien si como huída de un calor que abrasaba las aceras o por real interés de perderse entre aquellas paredes que allí se hallaban. 
            Mel encontró su rincón favorito en segundo de carrera y ahora, a punto de convertirse en maestra de poco y aprendiz de mucho, se citaba con la incertidumbre de un camino incierto, cada mañana. Aquel sábado la sala parecía más abandonada de lo habitual. Sus apuntes, sobre una espaciosa mesa, eran acompañados de manuales didácticos y fluorescentes multicolor. A menudo su mirada se perdía entre la oscilación del silencioso tráfico y las formas que a su antojo adquirían las almidonadas nubes. Dos sillas, a su izquierda, se percibía un suave olor a orquídeas negras que recorría un cuerpo menudo. Aquella mirada peregrinaba entre las letras que se mostraban nebulosas delante de sí y la suave curvatura de los pechos de Mel, escondidos tras una camisa blanca. La desconocía humedecía sus labios con lentitud, mordidos con la exactitud de la dulzura y el placer de la provocación. Mel se inquietaba por debajo de su falda. Su corbata comenzaba a rozar una piel visible detrás de unos botones desabrochados con presura.
Una mano acariciándose a sí misma en la incitación del silencio. Dos miradas calladas y estudiadas en el rincón de las letras.

Enfurecida mirada
            Aquella mirada enfurecida en la hora vespertina. Un encuentro tal vez necesario para dos, para quien cree querer, para quien dejó de creer, sin más. Decepción sin excusas. Demasiado complicado olvidar a quien nunca se recordó. Un instante de intensidad, breve aroma de una cereza rota. Mirada. Cuando te atreves a ahondar en ese mar de barro claroscuro y deseas que te atrape entre sus pestañas. Mirada enfurecida. Deseo de descubrir aquello que te niegas sobre ti.

3 comentarios:

  1. Todo lo que esconden las miradas...

    Me ha gustado muchísimo!

    Petons

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    1. Esconden demasiadas cosas, tristemente...
      Muchas gracias ;)

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  2. interesante, y bien escrito como siempre :) saludos

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Confesó