viernes, 27 de diciembre de 2013

Anuncio pre-navideño


            Se busca chico atractivo que no sepa que lo es porque seamos realistas los que saben que lo son no están alcance de cualquiera o abren la boca y dejan de interesarte. Un poco loco y borde, sin llegar a ser gilipollas. Requisito imprescindible que le guste leer, en mayor o menor medida. Hay mujeres que dicen que esto no existe. Yo sigo creyendo en los casos raros. Deberá darlo todo, porque las medias tintas es perder el tiempo. Si no quieres estar aquí, no haces falta. Se prefiere independiente a bombardeo de mensajes, noticias o cualquier otra vía existente. Si queremos saber qué hace alguien en todo momento, estaríamos enganchadas a Telecinco. Ya sabemos que lo del trabajo ahora está un poco jodido, pero, por favor, los calienta sillones y "dedimandos" que se abstengan. Si tu ropa te la compra tu madre o no sabes qué es visitar una tienda dos veces por año, también puedes olvidarte. Reconozcámoslo, seamos más o menos feos, queremos al lado a alguien que se cuide, se preocupe de su imagen, porque eso ayudará que nosotras nos cuidemos más. Deportistas punto extra. Superdeportistas punto negativo que luego nos sentimos mal porque no nos cuidamos tanto. Somos así. Yo ya lo tengo asumido. Vosotros deberíais empezar a hacerlo. Hay más, pero reconozcámoslo, el 50 % habrá dejado de leer en el cuarto párrafo. Lo demás ya lo tratamos cara a cara.

            Éste fue el anuncio que Melba decidió publicar dos semanas antes del inicio de las Navidades cansada de ser invitada a cenas y comidas, comidas y cenas y tener que responder siempre que iría sola, como si esto fuera un virus en extinción y ella la única que no hubiera encontrado aún la cura. Siempre las mismas caras, los mismos bares y los mismos ligones que te podían consideran su segunda, cuarta o décima opción, según de mal se hubiera dado la noche. Y una vez más, el vestido negro tirado en el suelo del vestidor y los zapatos de tacón descansando en la entrada. Conversaciones sin aliciente. Sonrisas forzadas. Mentiras disculpadas y salidas huidizas apoyadas en que una del grupo desconocía el camino a casa.

Dos días llevaba el anuncio publicado y no había obtenido ningún mensaje.  Las 3.43 de la mañana del viernes antes de las fiestas. Melba intentaba conciliar un sueño que decidió perderse entre los gritos de los de arriba o de los de abajo, ya había perdido la cuenta. Su teléfono se iluminó.

La primera y única respuesta llegó.

            Respuesta: Yo busco mujer con curvas pero bien distribuidas. Por supuesto, si están todas en la parte superior, punto extra. No es necesario que haga ejercicio, ya lo haremos juntos. Abstenerse enamoradas “perdías” y recién dejadas; no soy psicólogo, si queréis uno, seguro que tenéis unos cuantos amigos de esos que están siempre ahí para escucharos, hasta que, ¡coño!, alguno de ellos tiene valentía y os dice que lleva años aguantando vuestras lágrimas derramadas por Luis, por Alberto,  porque SÍ está enamorado de vosotras. ¡SURPRISE! Reconocerlo, en el fondo lo sabíais pero os jodía admitirlo. Por supuesto, me gusta que se cuide, que se vista (aunque estando conmigo la preferiré siempre desnuda) y que tenga hobbies, pero eso ya lo iremos viendo.

            Melba se queda perpleja porque esperaba una respuesta, no un anuncio de cómo un tío busca chicas, así que algo indignada le escribe.

            Disculpa, esto es para responder a mi anuncio, si quieres poner uno, es en la página principal de la sección. Y, si las buscas con tetas, asegúrate que sean reales, no vayas a decepcionarte en el momento clave.

            Respuesta: Mi anuncio está puesto en el lugar correcto. Sólo pedías sin ofrecer nada, así que me tocaba pedir a mí para ver si tú cumplías mis demandas. Si es así hacemos trato. Y ya te diré si decepcionas cuando te vea.

            Ponía abstenerse gilipollas. Gracias.

            Respuesta: Yo prefiero llamarme satírico nivel extremo. Con tu anuncio de exigencias “para mí las quisiera yo” ninguno más se ha atrevido a contestar. Puedes considerarme tu único candidato o tu mejor candidato, lo que importa es el resultado.
 



domingo, 17 de noviembre de 2013

Los susurros del andén



          Alma llegó agitada a la pequeña entrada de la estación. Ya no recordaba la hora de partida del tren, pues no prestó demasiada atención. La manga de la camiseta le caía levemente dejando intuir una piel canela con pequeñas motas de chocolate negro. A pesar de ser un pueblo turístico, en aquella altura del año no era demasiado transitado debido a las altas temperaturas. Le caían leves gotas de sudor por las mejillas, que en alguna ocasión ella hizo pasar por lágrimas aventureras pues le parecía menos vergonzoso y la dotaba de ese dulzor que muchos le acusaban de carecer. Su mirada se perdía entre los andenes y los carteles luminosos a la espera de alguna esperanzada noticia que le marcara el camino a casa, a su próximo destino.
                Cuando el nerviosismo comenzaba a apoderarse de ella, una voz potente, marcadamente varonil, masculló algunas palabras de las que Alma sólo llegó a identificar que se trataba en un idioma incomprensible para ella. Su cara debió asemejar una gran interrogación, pues el desconocido repitió las que debían ser las mismas palabras, pero esta vez en un español adecentado y una media sonrisa, dejando intuir un leve toque seductor innato y a la vez inconsciente. Alma dudó durante breves segundos si responder con una educada sonrisa o un simple gracias, pero aquella voz marcó el siguiente paso:
-Puedo acompañarla, señorita, si no le importa, expresó el desconocido, mientras hacía girar el paraguas sobre la acera.
                Alma quedó más extrañada por la visión del objeto en aquel verano asfixiante que por el ofrecimiento del nativo de acompañarla simplemente para cruzar la vía.
-¿Por qué lleva paraguas?, le preguntó ella indiscretamente y con los ojos abiertos de curiosidad.
-Porque los días de este calor inmenso, acostumbra a visitarnos una tormenta repentina. Hay que aprender a ser previsor, respondió él con normalidad, mientras daba los primeros pasos hacía la bajada al andén.
                Ella tuvo que apresurar sus pies para poder alcanzarle. A simple vista era un chico normal, nada llamativo. Alto pero sin llegar a ser desgarbado. El paso del tiempo amenazaba demasiado pronto en él, sin embargo le daba un toque de interés, apoyado por el intacto traje sastre de color negro que vestía, a pesar de los elevados grados.
                Eran dos extraños, que tenían por compañía el tic tac de un viejo reloj que colgaba en la entrada de la estación,  sentados en un pequeño banco de piedra a la espera de un tren que la llevara a cualquier parte. Si él tenía destino o motivo, se desconocía. Tras unos minutos de silencio y justo antes de que Alma lo rompiera más por la vergüenza del momento que por necesidad, él susurró sin apenas mirarla:
-Si cierras los ojos notas un leve soplo de alta calidez que te acaricia el cuello y serpentea entre tus piernas, palabras que provocaron un sutil rubor en las mejillas de Alma. No obstante, ella no se atrevió a  separar sus labios y siguió con atención las palabras que el desconocido iba esculpiendo con su lengua.
-Sientes como tu piel se va erizando según va salteando tus lunares. Tu falda se agita, pues el aire morboso pretende mostrar tus muslos, y tras pronunciar estas letras, giró lentamente su cara para perder su mirada en el muslo izquierdo que después de un cruce inocente de piernas, Alma quedó al descubierto. La mirada de ambos se encuentra provocando inesperadamente un calor interno en Alma, motivando que rozara sus muslos para calmarse.
                Súbitamente, caen las primeras gotas de una tormenta imprevista sobre el pecho de ella provocando la erección de sus pezones.
-Esa gota de lluvia traviesa descendiendo entre tus pechos, absorbiendo el olor de tu piel, sintiendo la suavidad hasta desembocar en tu ombligo. Y una compañera envidiosa traspasando las fronteras de tu cuerpo, refrescando tu calor interno. Ese contraste de humedad caliente que aguardas entre tus piernas convergiendo con el frescor del agua recién nacida en la tierra, le susurraba él al oído sin tocarla, mientras veía que el cuerpo de Alma se agitaba inconscientemente, mordía su labio inferior y clavaba sus manos en el banco.
                Y al fondo del paisaje se escucha el traqueteo del tren quedando el andén inundado de maletas, trolleys y despedidas a corto plazo. Ambos se levantan. Alma está agitada, sudorosa, ansiosa de perder el tren que ahora se le presenta delante, pero cuando decide desear aquel momento, a aquel desconocido, se gira lentamente y los susurros se han ido con él.

jueves, 17 de octubre de 2013

Insomnio



               Tal vez me equivoque y las palabras aquí transcritas sean tan erróneas como la raíz cuadrada de quinientos veinte y tres entre siete. Los ojos que tú ves cada mañana pues no son los mismos que te miran cada tarde, justo a las cinco y veinte, siempre con prisas para llegar al último toque del timbre. Tal vez si supieras que esa joven pálida apoyada contra la pared descascarillada de la cafetería es la misma que acompaña tus noches de soledad, frente a una pantalla a veces demasiado silenciosa. Tantas vocales, hiatos, diptongos intercambiados y aún tratas de convencerme que no conozco a ese solitario tímido cabezón que disfraza sus paranoias mentales de sonrisas eternas. Ése que es incapaz de retroceder ante una decisión tomada porque primero está la madurez acompañada de la lógica y, si se diera la ocasión, blandiría un poco de impulsividad. Pero he llegado a pensar que solicitaste goma de borrar para quitar de tu pensamiento tan tamaño sacrilegio del comportamiento humano. Si los médicos no sólo recetaran medicación, yo les pediría grandes dosis de locura para ti y un poco de razonamiento para mí, tal vez así intercambiemos los papeles que este loco destino nos ha adjudicado el uno contra el otro, destino que nunca nos perteneció. Tal vez ése sea el motivo que me atrapa hacia a ti y la consideración el que te mantiene a ti.