viernes, 26 de octubre de 2012

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Le había cogido sentada en el baño. Estaba relajada, haciendo algo de fuerza y pensando en mil asuntos distintos cuando llegó ese mensaje. Ese mensaje que ojalá-pensaba-nunca lo hubiera leído. Ahora sólo podía afrontarlo. No paraba de pensar, ¡a mí ahora me viene con éstas! ¡Cómo sino tuviese suficiente ya con mi puto caos para venir a complicarme de nuevas! Ahora digo adiós, ahora regreso. ¡Pero qué se cree que soy un parabrisas!, así de indignada se mostraba Diana mientras hablaba en voz alta para sí misma. Menos mal que estaba obligada a tener postradas sus posaderas, duras de dos horas de gimnasio diarias, que si no ya habría perforado hasta el vecino del tercero. Sí, ése que, a pesar de estar casado y ser padre de dos niños, no para de mirarle las tetas en el ascensor, que algún día el babero se lo quita al bebé y se lo pone a él. 
¡Veinte y seis días!, ¡veinte y seis!, repetía ella. Desde que me dijo que nuestros caminos tenían que separarse. ¿Y yo qué hice, eh? ¿Qué hice?, se pregunta cómo esperando una respuesta desde el otro lado del espejo, el lado de una Diana razonable, lógica, coherente, no como la que se encuentra sentada en el wáter con el Iphone en la mano y un cigarro en la otra, totalmente perdida. Pues, aquí estoy; veinte y seis días controlando mi puta impaciencia, mi impulsividad con tal de darle su espacio, de respetar su decisión. Y ahora a través de una mierda de mensaje me dice, ¿o todo o nada?, ¿sabe él acaso si yo estoy preparada para el TODO?, ¿qué carajos es el TODO para él? Su falta de palabras me desespera, me desconcierta, se dice ella ahogando su voz con el sonido de la cadena evacuando la desesperación, la incertidumbre.
Bueno, emperezaremos con un buen helado de chocolate y después ya veré..............
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NOTA: Las cuatro primeras líneas han sido el ejercicio del Taller de Escritura Creativa de hoy. Con ellas hemos tenido que desarrollar una historia; la mía es la que aquí os presento. Algo distinto.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Notas en mi Iphone


Cuatro caricias rodearon el alma.
Cuatro miradas penetraron sensaciones.
Cuatro intentos.
Cuatro olvidos.
Cuatro escondites.
Yo elijo dos y tú otros dos.
Me quedo con "debajo de tus brazos" y 
"entre tus labios".
Y, tal vez ahora empiezo a ser consciente
de este cuatro que nos distancia;
en el olvido de querernos,
de poseernos,
de encajarnos.
De que fue lo que nunca será,
se asentar bien las huellas
en esta tierra que se lleva el viento
cada madrugada de tu existencia,
de hechos imposibles que se tornan probables
bajo almohadas dormidas de deseos carnales.
Cara a cara que se ocultan
bajo el océano de la distancia.
Pensamientos de ida y vuelta.

A fin de cuentas, sólo cuatro letras.
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NOTA: Esto no es un intento de poesía puesto que es un género al que no trato de ni de alcanzar (me falta a mí sensibilidad para ello), sólo que como bien dice el título esto lo tenía escrito en las "Notas de mi Iphone" y, como el espacio no es demasiado, las frases quedaban más o menos con esta distribucción y me ha parecio idónea. ¿El origen del cuatro? Que cada uno lo busque. El mío me lo guardo. ;) Os dejo también una canción con este mismo número Cuatro canciones-Avalanch

domingo, 21 de octubre de 2012

Grecia en la distancia



Nota: Pulsar el enlace del final mientras se lee el texto
 
Los acordes de la guitarra suenan de fondo. Él está sentado en el borde mirando al mar. Las olas acarician las rocas con tanta suavidad que no se percatan que éstas las van desgastando lentamente, como dos amantes que se aman en la oscuridad de la noche. La llovizna empieza a llegar al suelo, pero él sigue impasible en su lugar. Es como mirar una fotografía en blanco y negro, donde el protagonista está de espaldas al objetivo. Mientras la observas te preguntas, ¿dónde estará su mente?, ¿en quién estará pensando? Tienes el deseo de estar ahí, sentada, a su lado, compartiendo ese momento, ese paisaje. Sentir como las gotas de lluvia descienden por tu rostro cual lágrima de tristeza, porque fue ella quien tomó aquella foto, aquella tarde de febrero. Una foto para su curso de fotografía, la última foto que tendría de él. Un domingo cualquiera que se quedaría grabado a hierro y fuego, a lluvia y silencio. Es paradójico lo fácil que es cruzar la línea de la felicidad a la tristeza más absoluta, pensaba ella cuando su mente conseguía vislumbrar un poco de lucidez.
Aquella tarde de domingo, en aquel lugar frente al mar, con los pensamientos perdidos en el horizonte, él le dijo adiós, sin motivo, sin razón, porque a veces el corazón no entiende de motivos ni razones. Simplemente pasa. O como él le dijo en más de una ocasión “nuestros caminos no deben cruzarse”. Ella, lloró aquella tarde; derramó lágrimas frente aquel mar, lágrimas silenciosas. En su cabeza resonaba la melodía de una canción que él le enseñó y que le prometió que algún día le traduciría “Σου στέλνω μ' ένα γράμμα/του φεγγαριού τη λάμα./Παρ' τη και χτύπα με μάνα μου, τρέλα μου/κι αν κλαίει η ψυχή σου, γέλα μου”. Promesas ahora ya ahogadas en el pasado. Él tenía un futuro y ella sabía que no debía estar en él. Ella no era conveniente para él. Y la distancia era la única opción. Ahora, Grecia sólo estaría en la distancia de una vieja fotografía en blanco y negro, con un chico moreno de espaldas al objetivo, escondiendo sus pensamientos y volcando su mirada al mar.
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Nota: Texto escrito para mi taller de escritura e inspirado en la canción griega To Parapono/I Xenitia. He tomado prestada la fotografía que aquí describo que me fue entregada con otra finalidad; si al autor le incomoda o molesta, solo debe comunicarlo y el texto será retirado.