domingo, 21 de octubre de 2012

Grecia en la distancia



Nota: Pulsar el enlace del final mientras se lee el texto
 
Los acordes de la guitarra suenan de fondo. Él está sentado en el borde mirando al mar. Las olas acarician las rocas con tanta suavidad que no se percatan que éstas las van desgastando lentamente, como dos amantes que se aman en la oscuridad de la noche. La llovizna empieza a llegar al suelo, pero él sigue impasible en su lugar. Es como mirar una fotografía en blanco y negro, donde el protagonista está de espaldas al objetivo. Mientras la observas te preguntas, ¿dónde estará su mente?, ¿en quién estará pensando? Tienes el deseo de estar ahí, sentada, a su lado, compartiendo ese momento, ese paisaje. Sentir como las gotas de lluvia descienden por tu rostro cual lágrima de tristeza, porque fue ella quien tomó aquella foto, aquella tarde de febrero. Una foto para su curso de fotografía, la última foto que tendría de él. Un domingo cualquiera que se quedaría grabado a hierro y fuego, a lluvia y silencio. Es paradójico lo fácil que es cruzar la línea de la felicidad a la tristeza más absoluta, pensaba ella cuando su mente conseguía vislumbrar un poco de lucidez.
Aquella tarde de domingo, en aquel lugar frente al mar, con los pensamientos perdidos en el horizonte, él le dijo adiós, sin motivo, sin razón, porque a veces el corazón no entiende de motivos ni razones. Simplemente pasa. O como él le dijo en más de una ocasión “nuestros caminos no deben cruzarse”. Ella, lloró aquella tarde; derramó lágrimas frente aquel mar, lágrimas silenciosas. En su cabeza resonaba la melodía de una canción que él le enseñó y que le prometió que algún día le traduciría “Σου στέλνω μ' ένα γράμμα/του φεγγαριού τη λάμα./Παρ' τη και χτύπα με μάνα μου, τρέλα μου/κι αν κλαίει η ψυχή σου, γέλα μου”. Promesas ahora ya ahogadas en el pasado. Él tenía un futuro y ella sabía que no debía estar en él. Ella no era conveniente para él. Y la distancia era la única opción. Ahora, Grecia sólo estaría en la distancia de una vieja fotografía en blanco y negro, con un chico moreno de espaldas al objetivo, escondiendo sus pensamientos y volcando su mirada al mar.
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Nota: Texto escrito para mi taller de escritura e inspirado en la canción griega To Parapono/I Xenitia. He tomado prestada la fotografía que aquí describo que me fue entregada con otra finalidad; si al autor le incomoda o molesta, solo debe comunicarlo y el texto será retirado.


4 comentarios:

  1. Wow, muy bien, aunq no veo la fotografia...impaciente, jeje... Bsos

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    1. La fotografía solo está en mi mente; tendría que pedir permiso para publicarla. ;)

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  2. Una canción que contagia añoranza y tristeza como tu relato. Precioso.

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    1. Tal vez algún día averigüe que esconden sus letras. Gracias por tus palabras. :)

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Confesó