martes, 27 de diciembre de 2011

Mi castigo, mi condena

Y todos pagamos por nuestros malos pensamientos, por nuestros errores, por el dolor repartido a nuestro alrededor. De nada sirve que el día treinta y uno quememos el sufrimiento porque éste seguirá perdurando en nuestro pensamiento y en el de aquellos que fueron diana de inconscientes flechas de dolor. Rompes fotos en mil pedazos para borrar un pasado que una vez existió, pero cierra los ojos y piensa que inspiró cada una de ellas: momentos de improvisación, de locura, bajo el hechizo de su encantamiento. Búscate entre letras perdidas y conversaciones guardadas, porque de tanto desear encontrarte acabaste olvidando el porqué de esta búsqueda. Ni eres, ni fuiste, ni serás más que la sombra de un perfil mal diseñado. Una acumulación de caos que perdió el camino de tanto esperar en la estación por un tren sin destino ni confirmación, que nunca pasaría por esta parada llena de incertidumbre y polvo de sentimientos. Y cumple el castigo de tu condena bajo la sombra de nuevos temores que te susurran cada noche detrás de unos párpados a medio cerrar.

sábado, 24 de diciembre de 2011

noche y tango

     No hay mejor fórmula que hacer fotografías nocturnas mientras de acompañamiento hay parejas bailando al ritmo de un apasionado tango. Es una sensación que se queda tatuada en la piel. Por ello, os dejo un par de fotografías (últimamente la tengo abandonada) y un tango (soy una ignorante del tema por lo que perdonad si no es demasiado bueno) "Cualquiera de estas noches"





domingo, 18 de diciembre de 2011

Sucesión de equivocaciones

El caos la invade con tanta frecuencia que vive en una puta contradicción de si misma. Que ahora sí, pero que después no. Ahora estás, pero el mañana nunca se sabe si despertará. Las palabras que te acabaron convirtiendo en protagonista de historias nunca creadas, son las mismas que ella utilizó para herir. Miedo. Locura. Sustantivos que en vez de mirarse frente a frente, esta vez se dieron la mano, adentrándose en la niebla del caos. Y, y, y, y, y, y, y, una pregunta tras otra que nunca se cansan de sucederse, que se acumulan como el polvo sobre su pensamiento, pero más difícil que una corriente de aire las haga desaparecer. Y la marcha atrás aquí no es posible, ya se engendró el error, la equivocación, el daño, trillizos que vieron pronto el amanecer rodeado de oscuridad y desesperanza. 
Paciencia. Esperar. Paciencia. Esperar. Las repite para si misma como una verdad que no termina de creer. Y lo único que desea es verle aparecer; pero hace mucho que comprendió que la vida no está hecha de deseos cumplidos, sino de deseos por cumplir. 
Palabras escondidas bajo el colchón, a veces usa una o dos para pedir perdón. 
Y nuevamente se rodea de obsesión, caos, locura, irracionalidad. Son sus juguetes de salón. 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Muñeca de armario

La curvatura de mi planta del pie siente las cosquillas de tus dedos.
Tu mirada memoriza cada lunar de mis interminables piernas.
La piel de mis muslos se estremece al sentirse presa de tus labios.
El perfil de mis caderas es diseñado por el pincel de tus manos.
Tu lengua recoge el champán de mi ombligo.
Mi pecho izquierdo es acariciado suavemente sintiendo el calor de tu cuerpo. 
La punta de tu lengua lame mi pezón derecho en pequeños círculos.
El recorrido de tu lengua por mi cuello excita mi cuerpo.
Tu boca comiendo la mía entre mordiscos, lengüetazos y tu dulce sabor.
Tu mirada calando hasta lo más hondo de mis temores.
Mis manos tirando de tus rizos con fuerza.
Tu mano acariciando mi clítoris con delicadeza.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Non parabŏla

Cuando no hay nada que decir, cuando las palabras se atragantan a la altura de la campanilla porque el cerebro no es capaz de unir una letra tras otra y, por tanto, no existe orden posible emitida a los dedos para crear un minúsculo texto para trasmitir lo que está bloqueado en el interior y aclamando a gritos por salir.  Desapareciste por el sumidero de la ducha como la espuma que caía de mi cuerpo. Te busco en palabras aisladas, en canciones rotas y en las entrañas de mi pérdida. La necesidad de conversaciones que den como resultado frases tajantes "Tú no estás aquí para cubrir mis expectativas, yo no estoy para satisfacer las tuyas, si nos entendemos bien, si no mejor que cada uno haga su camino" o simples comentarios (Soy lo que quieres que sea al igual que tu eres lo que yo imaginaré que eres) culpables de tantas letras aquí descritas. 
Pero, nuevamente, oh, inspiración, abandonas este camino de niebla a la desdicha. Te reclamo las palabras que otros quieren enterrar. Necesidad para mí, olvido para otros.