viernes, 25 de noviembre de 2011

Entierro

Las palabras destrozaron nuestro silencio. Nada. No queda nada. Somos la nada. Caminos divergentes. Fuimos el todo. Recuerdos, historias, risas, miradas. Todo. Guardado en una vieja caja, postales, fotomatón, historias, locuras. Yo quemé las raíces. Tú recoges la escarcha de este corazón helado. Las lágrimas consuman nuestra última noche de sexo. Avanzamos separados. Mi camino está inundado de niebla. Las gafas se me empañan. Pido que el tuyo se despeje. Nada espero, vida. ¿Qué me ofrecerás?

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Nota: Estas breves palabras son el resultado de la canción que aquí os dejo (Obus-Mintió), de alguna conversación interesante y de una nueva etapa en mi vida que se inicia (aunque nunca hablo de mi misma en mis textos).

viernes, 11 de noviembre de 2011

Huellas de resultado

Si me pusiera analizarlo, desde el principio, ahora vería todos aquellos indicios que me iban marcando la que acabaría siendo mi existencia. Pero, como nos pasa a todas, qué importa ceder un poco si al hombre que tienes enfrente lo amas con locura. Ahí está el primer error, la primera cesión sobre nosotras mismas a su capricho, en contra de nuestros principios, es el inicio de las continúas huellas que se irán marcando en nuestra memoria.
Tal vez no sea la persona correcta para opinar ya que él formó parte de mi adolescencia y ahora de mi vida adulta. Mis conocimientos sobre relaciones no van más allá que mi propio sentido común y mis ansias de autorealizarme, alas que él se encargó de cortar hace ya tiempo.
Al inicio de nuestra relación, todo era orgullo, sonrisas y alegrías. Sin embargo, el matrimonio se encargó de dotar de realidad nuestras vidas y de darnos a cada uno el lugar que creíamos tener, aunque a mí no me quedó más remedio que acabar aceptando el papel secundario, inerte y escasamente dotado de intervención, que nadie quería. 
Recuerdo algunas escenas a las que yo siempre restaba importancia con una sonrisa y un buen beso, hasta que él se encargó de que aprendiera la lección, como si de una niña rebelde se tratase:
- Cariño, no deberías ponerte esa falda es demasiado corta, ¿qué van a pensar mis compañeros?
- Pues, a mí me parece que tiene el tamaño correcto. Es ahora el momento de lucir piernas.
- No estoy de acuerdo contigo. Será mejor que te cambies. Vamos, te espero.
- Ya te he dicho que ésta es la falda que me he puesto y no me la voy a quitar. Nos podemos ir.
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- ¿Estabas ligando con él?
- ¿Cómo?
- Te has puesto a ligar con él.
- Creo que hay una gran diferencia entre ser amable y ligar. Si hubiera estado ligando, créeme, no me hubiera puesto la multa. 
- No has parado de sonreír.
- ¿Y eso es malo?
- Sí. 
- Estás llevando esto al extremo, así que es mejor que lo dejemos aquí.
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- El próximo fin de semana he quedado con las chicas, que hace mucho que no las veo. Saldremos de cena y a tomar algo. Puedes aprovechar y llamar a tus amigos, si te apetece.
- ¿No puedo ir con vosotras? Con los chicos ya salí la semana pasada.
- Es noche de chicas.
- Es que no quieres que salga contigo.
- Yo no he dicho eso, pero al igual que tú sales sólo con tus amigos para hablar de vuestras cosas, pues a mí me apetece tener una noche de chicas.
- Sí, sí, tantas mujeres solas, ya sé yo qué vais a acabar buscando. 
- ¿Por qué siempre tienes que pensar lo peor de todo?
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Había tantas como éstas que podría llenar hojas y hojas intentando recordarlas. La primera vez que cedí a su chantaje emocional fue mi perdición. Cada vez me demandaba más peticiones y si al principio las buscaba desde un lado correcto, al final se convirtieron en exigencias, que ya fuera a través de su boca o de sus manos me las ejemplificaba para evitarme errores. 


Éstas son mis huellas. Borra las tuyas.

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Nota: Este texto y el anterior, Heridas de maquillaje, entran dentro de mi Apoyo contra la Violencia de Género, que se celebra este mes. Sé que no es lo mejor que ha salido de mí, pero era algo que quería hacer.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Heridas de maquillaje

Mis manos empiezan a temblar. Con el corrector trato de tapar las ojeras de las escasas horas dormidas en las últimas semanas. El maquillaje ya no tapa las heridas. Ni dos capas son suficientes para disimular el tono violáceo que recorre mis pómulos. Siempre me digo que será la última vez, por mucho que él insista en que no lo volverá a hacer. Él rompe su promesa. Yo nunca cumplo la mía. Una falda demasiado corta. Una sonrisa inocente. Un gesto "inapropiado", según su parecer. Cualquier excusa le es suficiente para recriminar sus debilidades sobre mi cuerpo. Dedos marcados en mi brazo izquierdo. Empujones. Tirones. Un azote contra la puerta. Cinco puntos en la cabeza. Gotas de sangre sobre mis manos. Golpes en su conciencia.
Mis manos tiemblan. La llave se introduce en la cerradura. El terror se apodera de mis músculos. Hubo un tiempo en que la pasión marcaba mis movimientos. Algo tan lejano que aún cerrando mis ojos con suma fuerza no consigo que los recuerdos vuelvan a mí. No puedo vivir del pasado ni de un futuro que nunca llega. 
A veces pienso que sólo seré una más en la lista. Un cuerpo llorado. Un nombre tachado. Una simple estadística olvidada y recordada una vez por año. Una belleza mutilada por los golpes de sus manos.
Y, ahora, como cada mañana "huyo" de mi casa con los zapatos en la mano y de puntillas tratando de que los golpes no borren el maquillaje, que las lágrimas no se escapen de sus vertientes.

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Nota: Este mes se celebra el día Contra la Violencia de Género y sólo quería llamar la atención sobre esta lucha, que debe ser diaria y constante.