miércoles, 31 de agosto de 2011

Muñeca de trapo


Permanecía en un rincón olvidada, de cualquier casa que quieras imaginar. Desde la distancia, se veía un bonito vestido de algodón blanco, sin embargo, según te ibas acercando los circulitos amarillos eran más notables; sí, esos, que el color blanco va tornando cuando el paso de las horas y los días se van pegando unos tras otros. Tenía unas pequeñas marcas de mordisquitos, símbolo de que las ratas se habían cruzado en su camino y no había nada más apetitoso que roer, que una vieja muñeca tirada en alguna esquina. Ésas eran sus marcas, el paso del tiempo y los mordiscos que da la vida. Y, es que a veces, todos nos sentimos de usar y tirar. Pero, por favor, a mí por lo menos avísenme y tírenme al reciclaje que no está el mundo para contaminarlo más.

lunes, 22 de agosto de 2011

Los lunes no están reservados para llorar.

Un leve haz de luz atraviesa la cortina para depositarse sobre la silla roja de la esquina derecha, del segundo cuarto, a la izquierda. Se trataba de un viejo bloque de pisos, de un color grisáceo, acumulo de la contaminación y del pasar de las décadas. Al sumirte en su interior, el espectáculo no hacía más que empeorar. Viejos periódicos apelmazados en la puerta del casero, que abandonó este mundo el mes pasado. Buzones a medio abrir, sucios y oxidados; sólo uno, aún se mantiene en pie. Una joven alicaída, con unos pequeños ojos tristes, y una vestimenta negra en su totalidad, se pelea con furor con la cerradura de una vieja puerta de madera, en la cuarta planta. La oscuridad le invade cada cuadrícula de su alma. Es como un complemento más de su ser que la va amoldando como una fina pieza de cristal tallada por manos artesanas.
Cada atardecer, pierde su mirada en un derruido parque, ahora desteñido. Hierros azotados por el viento que confeccionan una triste melodía de risas enlatadas y rodillas ensangrentadas. Tal vez pensemos que añora una infancia alegre que hace ya tiempo le abandonó, pero nada más lejos de la realidad. Se pierde en su propia tristeza, aquélla que ella se ha ido creando al huir del mundo. Y las lágrimas recorren sus mejillas por secretos que nunca confesó. Excepto los lunes porque los lunes no están reservados para llorar.